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¿Cuándo Uno Se Divorcio Puede Volverse a Casar? ¿Qué dice la Biblia?

¿Cuándo Uno Se Divorcia Puede Volverse a Casar? ¿Qué dice la Biblia?

Respuesta: En primer lugar, no importa el punto de vista que tome en el asunto del divorcio, es importante recordar las palabras de la Biblia de Malaquías 2:16ª: “Yo aborrezco el divorcio –dice el SEÑOR Dios de Israel”. De acuerdo con la Biblia, el plan de Dios es que el matrimonio sea un compromiso para la eternidad.

“Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mateo 19:6 NVI). Sin embargo, Dios comprende que el divorcio va a ocurrir, debido a que un matrimonio involucra a dos seres humanos pecadores. En el Antiguo Testamento Dios estableció algunas leyes, a fin de proteger los derechos de los divorciados, especialmente de las mujeres (Deuteronomio 24:1-4). Jesús señaló que aquellas leyes fueron dadas a causa de la dureza de los corazones de la gente, más no porque fueran el deseo de Dios (Mateo 19:8).

La controversia de sí el divorcio y segundo casamiento son permitidos de acuerdo con la Biblia, gira principalmente alrededor de las palabras de Jesús en Mateo 5:32 y 19:9. La frase “excepto en caso de infidelidad conyugal” es lo único en la Escritura, que posiblemente da el permiso de Dios para el divorcio. Muchos intérpretes entienden esta “cláusula de excepción” como refiriéndose a “infidelidad conyugal” durante el período de “desposorio”. En la costumbre judía, un hombre y una mujer se consideraban casados, aún mientras todavía estaban comprometidos “prometidos”. La inmoralidad durante este período de “desposorio” (Promesa mutua de futuro matrimonio que se hacen dos personas). Debería entonces ser la única razón válida para un divorcio.

Sin embargo, la palabra griega traducida como “infidelidad conyugal” es una palabra que puede significar cualquier forma de inmoralidad sexual. Esto puede significar fornicación, prostitución, adulterio, etc. Posiblemente Jesús está diciendo que el divorcio es lícito, si se comete inmoralidad sexual. Las relaciones sexuales como tales, son una parte integral del vínculo marital “y serán una sola carne” (Génesis 2:24; Mateo 19:5; Efesios 5:31). Por tanto, una ruptura de ese vínculo, por medio de relaciones sexuales fuera del matrimonio, debería ser una razón lícita para el divorcio. Si es así, Jesús también tiene en mente el segundo matrimonio en este pasaje. La frase “y se casa con otra” (Mateo 19:9) indica que el divorcio y el segundo casamiento son permitidos en una instancia de la cláusula de excepción, sea como sea interpretada. Es importante notar que solamente a la parte inocente se le permite volver a casarse. Aunque esto no está indicado en el texto, la concesión del segundo casamiento después de un divorcio, es la misericordia de Dios para aquel contra el que se ha cometido pecado, no para el que ha cometido inmoralidad sexual. Puede haber instancias donde a la “parte culpable” se le permite volver a casarse – pero tal concepto no es enseñado en este texto.

Algunos entienden 1ª Corintios 7:15 como otra “excepción”, que permite el segundo casamiento si un cónyuge incrédulo se divorcia de un creyente. Sin embargo, el contexto no menciona el segundo casamiento, sino que solamente dice que un creyente no está limitado a continuar un matrimonio, si un cónyuge no creyente quiere abandonarlo. Otros demandan que el abuso a (cónyuge o hijo) son razones válidas para el divorcio, aunque no están listadas como tales en la Biblia. Aunque este, bien pudiera ser el caso, nunca es sabio suponer sobre la Palabra de Dios.

Algunas veces, perdidos en la discusión sobre la cláusula de excepción, está el hecho de que lo que quiera que signifique “infidelidad marital”, esta es un permiso para el divorcio, no un requisito para el mismo. Aun cuando se haya cometido adulterio, una pareja puede por medio de la gracia de Dios aprender a perdonar, y comenzar a reconstruir su matrimonio. Dios nos ha perdonado mucho más. Con seguridad podemos seguir Su ejemplo y aún perdonar el pecado del adulterio (Efesios 4:32). Pero, en muchas instancias, un cónyuge es impenitente y continúa en inmoralidad sexual. Posiblemente ahí es donde Mateo 19:9 puede ser aplicado. Muchos también cuentan demasiado rápido con el segundo casamiento después de un divorcio, cuando el deseo de Dios sería que permanezcan solteros. Algunas veces Dios invita a una persona a permanecer soltera, de manera que su atención no sea dividida (1ª Corintios 7:32-35). El segundo casamiento después de un divorcio puede ser una opción en algunas circunstancias, pero eso no significa que esta es la única opción.

Es doloroso que el índice de divorcio entre los cristianos profesos, sea casi tan alto como el del mundo incrédulo. La Biblia deja meridianamente claro que Dios odia el divorcio (Malaquías 2:16) y esa reconciliación y perdón deberían ser las marcas de la vida de un creyente (Lucas 11:4; Efesios 4:32). Pero, Dios reconoce que el divorcio se va a dar aún entre Sus hijos. Un creyente divorciado o vuelto a casar no debería sentirse menos amado por Dios, aun si su divorcio o segundo matrimonio no estuvieran cubiertos bajo la posible cláusula de excepción de Mateo 19:9. Dios a menudo utiliza aún la desobediencia pecaminosa de los cristianos para llevar a cabo una gran cantidad de cosas buenas.

Deseo dejarte algunos comentarios de algunos hombres de Dios con respecto al asunto del matrimonio y divorcio:

Mira lo que dice Matthew Henry:

Vv. 3-12.Los fariseos deseaban sorprender a Jesús en algo que pudieran presentar como ofensa a la ley de Moisés. Los casos matrimoniales eran numerosos y, a veces, paradójicos; hecho así, no por la ley de Dios, sino por las lujurias y necedades de los hombres y, la gente suele resolver lo que quiere hacer antes de pedir consejo.

Jesús replicó preguntando si no habían leído el relato de la creación, y el primer ejemplo de matrimonio; de ese modo, señala que toda desviación en esto era mala. La mejor condición para nosotros, que debemos elegir y mantener en forma coherente, es lo mejor para nuestras almas, y es la que tienda a prepararnos y preservarnos mejor para el reino del cielo.

Cuando se abraza en realidad al evangelio, hace buenos padres y amigos fieles de los hombres; les enseña a llevar la carga y a soportar las enfermedades de aquellos con quienes están relacionados, a considerar la paz y la felicidad de ellos más que las propias.

En cuanto a las personas impías, es propio que sean refrenadas por leyes para que no rompan la paz de la sociedad. Aprendemos que el estado del matrimonio debe asumirse con gran seriedad y con oración fervorosa.

La Biblia Plenitud Comenta Sobre El Matrimonio Y El Divorcio de esta manera:

El divorcio es consecuencia de un corazón endurecido hacia Dios

ORDEN FAMILIAR

En este texto Jesús francamente aborda un asunto fundamental: la causa del divorcio es la dureza del corazón. Detrás de cada matrimonio roto hay un corazón endurecido contra Dios, y después endurecido contra el compañero-cónyuge.

Desde el principio mismo, la intención de Dios en lo que concierne al matrimonio fue que el matrimonio sea para toda la vida. Teniendo en cuenta esto, los creyentes debieran tener cuidado al escoger el compañero o la compañera para la vida (véase 2Co 6:14). A pesar de ello, ningún matrimonio está completamente libre de las diferencias y dificultades que pudieran conducir al divorcio, si el esposo y la esposa fueran defraudados en sus inclinaciones naturales.

El diablo exagerará las fallas y las insuficiencias del cónyuge, sembrará sospecha y celos, provocará la autocompasión, insistirá en que mereces algo mejor, y te hará la engañosa promesa de que las cosas serían mejores con alguna otra persona. Pero escucha las palabras de Jesús y recuerda: Dios puede cambiar los corazones y quitar toda su dureza si tan sólo nosotros se lo permitimos.(Mal 2:13-14, Mal 2:16/Psa 68:5-6) L.C 19 .

4 – 6 El designio de Dios es que el matrimonio sea un estado permanente. 19.8 La ley de Moisés puede considerarse una concesión a la flaqueza humana, y no fue dada para hacer más fácil el divorcio; más bien, constituía una restricción a la costumbre del divorcio fácil, dándole a la mujer alguna protección. 19.9 Véase las notas a 5.32 y 1Co 7:10-11. 19. 10 De acuerdo con los discípulos, no conviene casarse si no existe ningún escape ante un mal matrimonio. 19.11,12 Jesús, mientras reconocía que el matrimonio era la norma, recomendaba el celibato en el caso de nacer impotente, o estar castrado, o de quien voluntariamente evita el matrimonio con el fin de dedicarse exclusivamente al servicio del Señor. 

El Comentario Bíblico Mundo Hispano lo interpreta El Tema Del Matrimonio Y El Divorcio Así:

Mateo presenta una serie de problemas personales en el cap. 19: el problema del matrimonio, el divorcio y el celibato; el problema del trato con los niños; y el problema y el peligro de las riquezas materiales. 8 Jesús enseña en cuanto al matrimonio, el divorcio y el celibato, 19:3-12 Esta sección presenta algunas de las dificultades mayores, en cuanto a interpretación, que se encuentran en Mateo, y quizá en los cuatro Evangelios.

El volumen de material escrito sobre el pasaje y las interpretaciones tan variadas por hombres de reconocida jerarquía, todo sirve para indicar cuán difícil sería la tarea de decir algo nuevo y definitivo sobre el tema. Por otro lado, encontramos en este pasaje la enseñanza más desarrollada por Jesús sobre el tema del divorcio, dándole al pasaje una importancia especial. A pesar de las distintas interpretaciones, existe un consenso de que este pasaje contiene las verdades y los principios que el cristianismo necesita para contrarrestar la tendencia, cada vez más pronunciada, de burlarse de la santidad y permanencia del matrimonio. Esta sección se divide naturalmente en tres preguntas y tres contestaciones: Los fariseos preguntan a Jesús sobre el divorcio y él contesta (vv. 3-6); los fariseos indagan más sobre el tema y Jesús responde (vv. 7-9); los discípulos cuestionan si conviene casarse y él contesta (vv. 10-12). Recordemos que el derecho de divorcio no estaba en consideración, pues los judíos entendían que la ley admitía el divorcio y también el derecho de casarse de nuevo.

Lo único que estaba en juego en la discusión era el motivo o causa que daba derecho al divorcio. (1) Jesús contesta la primera pregunta de los fariseos, 19:3-6. Los fariseos se presentan a Jesús con una pregunta, no buscando información, sino una ocasión para desacreditarlo. El término probarle (v. 3) traduce el verbo griego peirázo G3985 y es el mismo que Mateo emplea en el cap. 4 cuando dice que el diablo tentó a Jesús (ver 4:1). El propósito de los fariseos era maligno. ¿Qué es lo que había detrás de la pregunta? En primer lugar, estaban en el territorio de Herodes Antipas, el que había mandado matar a Juan el Bautista por condenar su relación con Herodía (14:1-12).

Quizá querían tener base para despertar la hostilidad de Herodes contra él y así eliminarlo. Más probablemente, querían enredarlo en la controversia sobre el divorcio. Existían dos escuelas de interpretación sobre la enseñanza de Moisés en relación con el tema del divorcio (Deu 24:1-2). Las palabras clave en el pasaje, en relación al divorcio, son: por haber él hallado en ella alguna cosa vergonzosa. Es la misma expresión en hebreo que se traduce alguna cosa indecente en el capítulo anterior (Deu 23:14). El término hebreo ( G6172) traducido cosa vergonzosa, o cosa indecente significa literalmente desnudez. La escuela de Shamai se aferraba al término “desnudez” y afirmaba que se refería al adulterio.

Se conocía como la escuela más estricta, la menos popular y la que admitía el divorcio solamente por motivo de adulterio de uno de los cónyuges. La escuela de Hillel, en cambio, adoptó una interpretación más liberal, permitiendo el divorcio por cualquier razón (v. 3). Según toda causa sería una traducción más literal del texto en griego. Nótese que los fariseos no citaron fielmente las palabras de Moisés, sino que formularon la pregunta según la posición liberal. “Divorciarse” traduce el verbo griego apolúo G630 que tiene varias acepciones: desatar de, librar, despedir, perdonar, o repudiar. En su contestación, Jesús no se dejó enredar en la controversia de las dos escuelas, ni se detuvo en la ley de Moisés, sino que regresó al diseño original del mismo Creador (Gen 1:27; Gen 2:24). Insinuó que los fariseos no habían leído los primeros capítulos de Génesis; de otro modo no habrían hecho la pregunta en esta manera. Jesús contestó la pregunta de ellos, haciéndoles otra pregunta. El diseño divino establece que un hombre se une con una mujer de por vida.

Es una relación monógama y permanente. Hobbs encuentra tres aspectos de este diseño: el físico, el social y el espiritual. Primero, es una relación física:… en el principio, los hizo varón y mujer{b “{b “{b “ y serán los dos una sola carne{b “ Así que ya no son más dos, sino una sola carne (vv. 4-6). Segundo, es una relación social: Por esta causa el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer (v. 5). El verbo “unirse”, en este versículo, proviene del verbo griego kolláo G2853 que significa “cementarse”, o “adherirse con pegamento”. Tercero, es una relación espiritual: Por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre (v. 6). El verbo griego G4801) traducido ha unido en v. 6 se usa solamente dos veces en el NT (comp. Mar 10:9) y significa literalmente “unir juntamente en el yugo”. Es una hermosa figura de los cónyuges, en el mismo nivel —igualdad de derechos y responsabilidades— unidos en una tarea común, tirando en la misma dirección. La figura es la misma que Jesús emplea, indicando la relación especial entre el creyente y su Señor, ambos en el mismo yugo (Mar 11:29), con la excepción de que en ese caso no existe igualdad. Jesús hace una advertencia a toda persona que atenta contra la permanencia del matrimonio: … no lo separe el hombre (v. 6).

El hombre puede referirse al cónyuge, hombre o mujer, que inicia el divorcio contra su propio esposo, o podría referirse a una tercera persona que procura deshacer el lazo matrimonial de otros. En ambos casos, tal persona se encuentra desarmando la obra de Dios. El hogar honra al Creador y asegura felicidad para los cónyuges solamente cuando estos tres aspectos —espiritual, social y físico— estén funcionando debidamente. En esta respuesta de Jesús a la primera pregunta de los fariseos —¿Le es lícito al hombre divorciarse de su mujer… ? (v. 3)— no contestó en forma directa, sino que se limitó a afirmar el diseño divino original. El matrimonio 1. El término «matrimonio» deriva de las raíces latinas matris y munium, y significa carga o misión de la madre. Sugiere la difícil tarea de la mujer que se casa para ser madre. De otro modo si se hubiera pensado más en la responsabilidad del hombre que ha de ser padre, se hubiera denominado «patrimonio». Pero bien dijo el papa Gregorio IX: «Para la madre, el niño antes del parto es oneroso, en el parto es doloroso, y después del parto se hace gravoso.» 2. «Nupcias», utilizado en el derecho romano, es sinónimo de matrimonio. Se refiere al velo que cubría a la novia durante la ceremonia. Deriva de nubere. 3. «Consorcio», es otro término utilizado para referirse al matrimonio. Hoy casi está en desuso. Proviene de las raíces latinas cum y sors, y se refiere a la «suerte común» de los que contraen enlace. 4. «Cónyuges», también deriva de cum y yugum. Tiene en cuenta que durante el matrimonio los esposos habrán de soportar en común las cargas. Es el conocido yugo aplicado a la yunta que realizará la tarea. 5. En la concepción bíblica el matrimonio abarca una doble finalidad: Lograr que el ser humano (hombremujer) no permanezca aislado y que se propague la especie (comp. Gen 1:28). Los hebreos consideraban el matrimonio como si fuera algo consagrado, santificado, o dedicado a alguien. Es la idea de que uno se entrega o se dedica a otro en forma exclusiva. El divorcio : ¿Un remedio o un agravante? Históricamente se ha aceptado el divorcio ante hechos que demostraban la culpabilidad de uno de los cónyuges. Era una especie de castigo para quien había quebrantado algunas de las normas enumeradas por la ley, como por ejemplo, el adulterio, el abandono malicioso, las injurias, castigos corporales, etc. Era una separación personal pero sin que se disolviera el vínculo matrimonial. Esta idea de separación como castigo tiene su auge en las leyes del derecho canónico del medioevo e influyó en los países de habla hispana. Pero más tarde, la concepción liberal del matrimonio dio lugar a la separación con efectos en la disolución del vínculo matrimonial. Las legislaciones modernas ya no entienden el divorcio como castigo sino como un remedio ante la insostenible situación que atraviesan determinados matrimonios, y el efecto es la disolución del vínculo tan defendido por la Iglesia Católica Romana. El remedio al cual se alude tiene por objeto mirar más hacia el futuro que hacia el pasado, y también teniendo en cuenta la presencia de hijos ya que estos son receptáculos del clima de desunión familiar y de todo el conflicto en sí. El ideal, desde el punto de vista cristiano, es que esto no suceda. Pero dada la complejidad de circunstancias que pueden rodear a la pareja, se pretende dar una salida como prevención para evitar un desenlace más dramático. Es un remedio para una enfermedad que, lamentablemente, está contagiando cada vez más al cuerpo social. (2) Jesús responde a la segunda pregunta de los fariseos,Gen 19:7-9“ Puesto que Jesús no mencionó la posibilidad de un divorcio en la primera contestación (vv. 4-6), los fariseos insisten con otra pregunta, insinuando que él estaba en conflicto con la enseñanza de Moisés. El aparente conflicto se resuelve cuando entendemos que Jesús pronunció el ideal de Dios en cuanto al matrimonio, mientras que Moisés encaró la realidad y práctica del hombre. Por la dureza de corazón (v. 8), los hombres dejaban de alcanzar el ideal de Dios. ¿Qué hacer en tales casos? Moisés, bajo inspiración divina, buscó el camino más justo para ambos cónyuges cuando se producía el divorcio. Nótese el énfasis en la pregunta: mandó Moisés (v. 7) en contraste con la respuesta de Jesús: Moisés os permitió… (comp. Mar 10:3 s.). Moisés permitió el divorcio, pero no lo mandó, ni siquiera en casos de adulterio. El perdón y la restitución siempre son una opción. En cambio, si el hombre decidía divorciarse, Moisés mandó (es decir, exigió) que se le diera a la esposa una carta (biblíon G975, libro o rollo) de divorcio (apostásion G647, apostasía o repudio). El certificado de divorcio cumplía dos propósitos: (1) Ponía ciertos límites a los derechos casi soberanos del hombre sobre la mujer y (2) servía como certificado legal, dando derecho a la mujer a contraer nuevas nupcias con otra persona, sin temor de que el primer esposo pudiera acusarle de adulterio, o pretender recuperarla. Algunos piensan que la expresión pero desde el principio no fue así (v. 8) no significa que Jesús consideraba que la situación moral era mejor antes de la ley mosaica, sino que era peor. Sin embargo, parece que Jesús quiso decir que la condición moral en el tiempo de Moisés —la práctica del divorcio— representaba en efecto un abandono del ideal original en cuanto al matrimonio. La cláusula de excepción (v. 9), sin lugar de dudas, constituye uno de los pasajes más discutidos de toda la Biblia. El término “fornicación” (porneía G4202) significaba básicamente “la venta del cuerpo para actos sexuales”, o sea la prostitución. Antiguamente se refería a relaciones sexuales ilícitas de solteros, mientras que el término “adulterio” (moicheía G3430) se refería a la infidelidad conyugal. Sin embargo, “fornicación” llegó a tener una aplicación general, refiriéndose a cualquiera relación sexual ilícita. Probablemente Jesús utilizó el término con este sentido. Si es así, “fornicación” podría referirse a un acto sexual antes de entrar en el matrimonio, o a la infidelidad conyugal después de casarse (comp. 1:19). Nuestra versión traduce el mismo término (porneía G4202) como “adulterio” en 5:32, “inmoralidades sexuales” en 15:19 y “fornicación” aquí. Los léxicos parecen respaldar esta amplitud de sentido. Jesús no llega a aprobar en forma explícita el divorcio, ni siquiera por motivo de fornicación. Afirma, sí, explícitamente, que si uno se divorcia, no por motivo de fornicación, y se casa, se constituye en adúltero. Por otro lado, enseña implícitamente que si el otro cónyuge comete adulterio (o fornicación), se permite el divorcio y si se casa el cónyuge “inocente” no comete adulterio. Recordemos que se practicaba el divorcio en Israel, con derecho a segundas nupcias. Tengamos en mente también que en este pasaje la pregunta es: ¿Qué cosa constituye motivo que justifica el divorcio? El hecho de que Jesús no haya prohibido explícitamente segundas nupcias, siendo éstas la práctica después del divorcio, lleva a la conclusión implícita y lógica de que sí, las aprobaba para el cónyuge “inocente”. Pablo enseña que la relación sexual ilícita de un cónyuge constituye una relación espiritual que, en efecto, anula la relación conyugal (1Co 6:13-17). Este pasaje también parece apoyar el derecho del divorcio y segundas nupcias para el cónyuge inocente. Sin embargo, Pablo solamente aprobaba, en forma explícita, la separación como la acción más severa que un creyente podría tomar cuando surgen problemas en el matrimonio (1Co 7:11, 1Co 7:15). Algunos comentaristas rechazan la autenticidad del v. 9 porque no aparece en los otros sinópticos. Tal conclusión, sin embargo, es arbitraria y sumamente precaria, pues el texto aparece dos veces en los manuscritos más antiguos de Mateo (1Co 5:32; 1Co 19:9). El hecho de que una enseñanza aparezca en un solo Evangelio no le resta valor ni autenticidad. En conclusión: Jesús reafirma el ideal de Dios: un hombre para una mujer de por vida. Aparentemente el pasaje revela que Jesús se identifica con la escuela de Shamai, admitiendo el divorcio solamente por causa de fornicación y/o adulterio. El derecho de contraer segundas nupcias por el cónyuge inocente se establece solamente por enseñanza implícita y en base a la misericordia y gracia de Dios. Otras preguntas candentes no se resuelven en este pasaje. Por ejemplo, ¿qué actitud debe adoptar el pastor en cuanto a la ceremonia para segundas nupcias, y la actitud de la iglesia hacia tales miembros? Cada pastor y cada creyente debe llegar a su propia convicción al respecto, basándose en otras enseñanzas bíblicas. Yo confieso que éste ha sido el problema más escabroso en la aplicación de los principios del evangelio a los problemas prácticos de mi pastorado. Verdades prácticas 1. Existe un momento en que, casi sin tenerlo en cuenta, se juntan todos los momentos de la vida. Es el momento del «Sí, quiero», el de la unión matrimonial. 2. La pareja que no está compuesta de dos, sino de tres, ha podido consolidar el triángulo perfecto del amor: él, ella y el Señor. 3. El hombre que no tiene esposa generalmente busca una. Es que la mujer es aquella parte de uno mismo que siempre se está buscando. Y cuando la encontramos se completa la idea de lo que habremos de ser. 4. Cuando nacen las crisis en el matrimonio no es bueno comenzar a buscar culpables. Será conveniente preguntarse cómo comenzó todo. No hay que permitir que el silencio borre el diálogo. Es bueno disponerse a comprender la situación objetivamente a la luz de las circunstancias. El perdón es el camino más corto a la reconciliación. Finalmente, disponerse a vivir una nueva experiencia juntos. (3) Jesús responde a la inquietud de los discípulos,1Co 19:10-12. Los discípulos fueron sacudidos por la posición tan estricta que Jesús adoptó en cuanto al matrimonio. Sugirieron que no conviene entrar en una relación de compromiso permanente de la cual uno no podría salir. Su inquietud considera únicamente el compromiso que el matrimonio significa para el hombre. No toma en cuenta las tremendas injusticias que algunas esposas tienen que soportar. El celibato es la alternativa al matrimonio para algunos. Esta palabra (v. 11) se refiere al dicho de los discípulos de que no conviene casarse (v. 10). Jesús explica que no todos son capaces de aceptar el celibato. Luego menciona tres clases de eunucos (v. 12). El término “eunuco” ( G2135 ) es la transliteración del sustantivo griego que se forma de dos palabras y que significa literalmente “tener la cama”. Se refiere al esclavo que atendía a la cámara del rey donde dormía con la reina. Para asegurar el honor de la reina, castraban al esclavo, haciéndolo sexualmente impotente. Primero, hay hombres que nacieron con un defecto físico que los deja impotentes o incapaces de relaciones sexuales. Segundo, había hombres que habían sido castrados literalmente para que pudiesen servir como esclavos en la cámara del rey, sin presentar peligro para la reina y sus acompañantes. La etimología del término “eunuco” ( G2135) se refiere a esta práctica. Tercero, existen personas que voluntariamente han decidido privarse del matrimonio y de las relaciones sexuales para poder servir al Señor más eficazmente en ministerios especiales. Algunos han dado una interpretación literal del texto a sí mismos se hicieron eunucos (v. 12), siendo Orígenes (c. 185—c. 254) el ejemplo clásico. Pero seguramente Jesús no se refería a la mutilación del cuerpo humano, sino a la abstención voluntaria de la relación conyugal. Por ejemplo, hay personas que tienen ministerios que requieren que estén viajando constantemente, o que los exponen a grandes peligros. Sería aconsejable en algunos casos semejantes, por causa del reino (v. 12), no formar un matrimonio. Algunas conclusiones muy equivocadas han surgido de este pasaje. Al contrario de la posición de algunas instituciones cristianas, Jesús no exaltó el celibato como una virtud especial, ni mucho menos como más agradable a Dios que el matrimonio. Tampoco, estableció el celibato como condición para ocupar una posición de liderazgo espiritual, como la Iglesia Católica lo hace con los sacerdotes. Recordemos que el apóstol Pedro —el primer papa según la Iglesia Católica— era casado (1Co 8:14).

Comentario Bíblico Diario Vivir Sobre el Matrimonio Y El Divorcio

Juan fue a la cárcel y murió por expresar en público sus opiniones sobre el matrimonio y el divorcio, y los fariseos esperaban atrapar también a Jesús. Trataron de hacerle caer en la trampa de adoptar una postura en una controversia teológica. Dos grupos principales tenían puntos de vista opuestos sobre el divorcio. Un grupo defendía el divorcio casi por cualquier razón. El otro creía que el divorcio podía permitirse sólo en caso de infidelidad conyugal. El conflicto giraba alrededor de la interpretación de Deu 24:1-4. Pero en su respuesta, Jesús se refirió más al matrimonio que al divorcio. Subrayó que la intención de Dios siempre había sido que el matrimonio fuera permanente y para manifestar su importancia dio cuatro razones (Deu 19:4-6). 19.7, 8 Esta ley se halla en Deu 24:1-4. En los tiempos de Moisés, así como en el de Jesús, la práctica del matrimonio se alejó mucho de la intención de Dios. Lo mismo sucede hoy. Jesús dijo que Moisés dio esta ley sólo porque el corazón de la gente estaba endurecido (naturaleza pecaminosa). El matrimonio permanente era la intención de Dios, pero como la naturaleza humana hizo inevitable el divorcio, Moisés instituyó algunas leyes para ayudar a las víctimas. Eran leyes civiles designadas especialmente para proteger a las mujeres que, en esa cultura, se convertían en vulnerables al vivir solas. Con la ley de Moisés, un hombre ya no podría echar fuera a una mujer con facilidad, sino que debía escribir una carta formal de separación. Fue un paso radical hacia los derechos civiles, pues hacía que los hombres pensaran dos veces antes de divorciarse. Dios diseñó el matrimonio para que fuera indisoluble. En lugar de estar buscando excusas para dejar al otro, las parejas debieran concentrarse en hallar una forma de permanecer juntos (Deu 19:3-9). 19.10-12 A pesar de que el divorcio fue relativamente fácil en los tiempos del Antiguo Testamento (19.7), no es lo que originalmente Dios quiso. Las parejas deben oponerse al divorcio desde el principio y construir su matrimonio sobre la base de un pacto mutuo. Existen también muchas buenas razones para no casarse, una de ellas es disponer de más tiempo para trabajar en favor del Reino de Dios. No dé por sentado que Dios quiere que todos se casen. Para muchos puede ser mejor que no. Busque en oración la voluntad de Dios antes de lanzarse a un compromiso matrimonial de por vida. 19.12 Un «eunuco» es un hombre castrado, un hombre sin testículos. 19.12 Algunos tienen ciertas limitaciones físicas que les impiden casarse, mientras que otros no se casan porque en su caso particular pueden servir mejor a Dios como solteros. Jesús no nos estaba enseñando a evitar el matrimonio porque no fuera bueno ni porque limita nuestra libertad. Eso sería egoísmo. Un buen motivo de permanecer solo es desear usar el tiempo y la libertad para servir a Dios. Pablo habla de esto en 1 Corintios 7. 19.13-15.

Comentario Bíblico Jamieson-Fausset-Brown Sobre El Matrimonio Y El Divorcio

dice además: “de nuevo les enseñaba como solía”. Lo que en seguida tenemos en cuanto al divorcio es algo sacado de aquella enseñanza. El Divorcio (vv. 3-12). 3. ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquiera causa?-Dos escuelas rivales (como vimos en el comentario sobre el cap. 5:31) estaban divididas sobre esta cuestión, la cual, como pertinentemente dice De Wette, era una cuestión muy delicada en los dominios de Herodes Antipas. 4. Y él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo?-o tal vez se entienda mejor así: “El que los hizo, desde el principio los hizo un macho y una hembra”. 5. Y dijo: Por tanto-para cumplir el plan divino. El hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y serán dos en una carne? etc.-Jesús aquí los hace pensar en la constitución original del hombre como un par: un varón y una mujer; en su matrimonio, efectuado por mandato divino; y en el propósito de Dios, expresado por el historiador sagrado, de que en toda época un varón y una mujer deberían llegar a ser una sola carne por medio del matrimonio y así continuar entre tanto que los dos vivieran en la carne. Siendo ésta la constitución divina, no debe destruirla el hombre por medio de divorcios sin causa. 7. Dícenle: ¿Por qué, pues, Moisés mandó dar carta de divorcio, y repudiarla? 8. Díceles: Por la dureza de vuestro corazón Moisés-como legislador civil, considerando vuestro estado moral bajo, y vuestra incapacidad de soportar lo estricto de la ley original-os permitió repudiar a vuestras mujeres-toleró un aflojamiento del rigor del vínculo matrimonial, no como aprobando la medida, sino para prevenir males peores. mas al principio no fué así-Esto se repite, a fin de impresionar a sus oyentes con el carácter temporal y puramente civil de este relajamiento mosaico. El texto griego dice: “Desde el principio no ha sido así”. 9. Y yo os digo que cualquiera que repudiaré a su mujer, si no fuere …, etc.-Véase el comentario sobre el cap. 5:32. 10. Dícenle sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse-es decir, “si miramos el matrimonio en esta luz, seguramente vendrá a ser una trampa más bien que una bendición, y debería ser evitado del todo”. 11. Entonces él les dijo: No todos reciben esta palabra sino aquellos a quienes es dado-esto es, “Que el estado célibe sea mejor, es una afirmación que no se aplica a cualquiera, y en efecto, es solo para los que son divinamente destinados para él.” Pero ¿quiénes son éstos?, desde luego se preguntarían; y nuestro Señor sigue hablándoles del mismo asunto señalando tres casos particulares. 12. Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre-personas incapaces o indispuestas a casarse-y hay eunucos, que son hechos eunucos por los hombres-personas hechas incapaces por otras-y hay eunucos que se hicieron a sí mismos eunucos por causa del reino de los cielos-personas que para hacer mejor la obra de Dios deliberadamente eligen este estado. Tal como lo hizo Pablo (1Co 7:7). El que pueda ser capaz de eso, séalo-“El que siente que ésta es su vocación propia, que la acepte él solo”. Así, pues, todos quedan libres en este asunto. 13-15. 

Comentario Bíblico Siglo Veintiuno Sobre El Matrimonio Y El Divorcio

Enseñanza sobre el matrimonio y el divorcio (ver Mar. 10:1-12; cf. Luc. 16:18). En la ley judía el varón tenía el derecho de divorciarse de su mujer (pero no la esposa de su marido) con una declaración sencilla; no había juicio ni apelación. Esto era lo que se asumía como la intención de Deut. 24:1-4 (sobre lo cual cf. 5:31, 32), pero “algo indecente” que el pasaje daba como base para el divorcio daba lugar para debate. Algunos maestros lo limitaba al adulterio o a alguna otra conducta sexual indecente, pero en la práctica común, apoyada por algunos rabinos, resultaba virtualmente asunto del capricho del esposo, por cualquier razón. En vez de entrar en este debate, Jesús otra vez (como en 5:32) declaró que el divorcio, por la razón que fuere, era incompatible con el propósito de Dios para el matrimonio. Al hacerlo, restableció el intento original del Creador, expresado en Gén. 1:27; 2:24, como superior a la provisión de Deut. 24, que se dio sólo ante vuestra dureza de corazón. Las normas del divorcio eran una concesión para tratar con el resultado del pecado, no una expresión de la intención original de Dios. El divorcio podría parecer necesario, pero nunca puede ser bueno. El principio de que serán los dos una sola carne se puede cumplir solamente en un matrimonio sin disolución. Esta posición firme, sin embargo, es la que Mateo modificó aquí y en 5:32, por la cláusula a no ser por causa de fornicación. Ni Mar. ni Luc. incluyen esta cláusula muy debatida, y a veces se piensa que es un esfuerzo por parte de Mateo de ablandar una prohibición total sobre el divorcio que pronto se comprobó ser no práctica en la vida real. Sin embargo, es más probable que Mateo esté sencillamente declarando lo que cualquier lector judío hubiera dado por sabido, que la infidelidad matrimonial (que incluiría no sólo el adulterio, sino también la promiscuidad antes del matrimonio) automáticamente anularía un matrimonio creando otra unión de “una sola carne”. En los tiempos del AT la pena de muerte correspondía al adulterio, pero en los tiempos del NT una anulación formal era la respuesta aceptable (cf. el dilema de Josefo en 1:18, 19). Este no era un “divorcio” voluntario, sino el reconocimiento necesario de que el matrimonio ya estaba finalizado. El que Jesús exigiera fidelidad conyugal sin una “vía de escape” pasmaba a los discípulos. ¿Quién podría cumplir una demanda tal? No todos, Jesús estaba de acuerdo. Algunos no tienen el don del matrimonio y son llamados al celibato, ya sea por su condición física (fuese congénita o hecha por el hombre), o por su propia decisión a la luz del papel al cual son llamados en el reino de los cielos. En la sociedad judía era algo excepcional ser soltero (como lo fue Jesús), así que esta afirmación de ser célibe voluntariamente es importante. Sin embargo, el matrimonio con todas sus exigencias sigue siendo la intención divina para aquellos a quienes les está concedido. Notas. 11 Esta palabra aquí se refiere a lo que Jesús pronunció en los vv. 6 y 8, no al comentario mal interpretado del v. 10. 12 “Renuncian al matrimonio” es una paráfrasis de la expresión se hicieron eunucos; presupone correctamente que Jesús no quiso decir que la expresión debe tomarse lit.

Comentario Bíblico De La Reina Valera 1995 Sobre El Matrimonio Y El Divorcio En La Biblia

La pregunta gira en torno a la división que había entre los rabinos judíos respecto a la interpretación de la Ley de Dt 24.1: los seguidores del rabino Shammai eran muy estrictos y permitían el divorcio únicamente en caso de adulterio; los seguidores de Hillel lo permitían por varios motivos, incluso por algunos bastante leves. [4] 19.4 Gn 1.27; 5.2. [5] 19.5 Gn 2.24. [6] 19.7 Dt 24.1-4; Mt 5.31. [7] 19.9 Fornicación: Sobre esta expresión, véase Mt 5.32 n. [8] 19.9 Mt 5.32; 1 Co 7.10-11. En algunos ms. no aparece: |iy el que se casa con la repudiada, adultera. [9] 19.12 Cf. 1 Co 7.1-9. [10] 19.14 Sobre la referencia a los niños, véase Mt 18.3 n. [11] 19.13-14 Mt 18.2-4. Cf. Sal 131.2. [12] 19.16 Lc 10.25. [13] 19.16-17 Lv 18.5. 

Comentario Bíblico Notas de la Versión Kadosh Israelita Mesiánica

Yahshúa no permite el divorcio, sólo en el evento que haya adulterio, si hay adulterio, tienes que divorciarte, porque entonces tu casa, tu cama, tu pareja están profanados (Deu 24:1-4) y tú también, si sigues con esa relación. No podemos permitir nada profanado permanecer bajo nuestro techo.

Comentario Bíblico Notas de la Biblia de las Américas de Estudio Sobre El Matrimonio Y El Divorcio

¿Es lícito…? Los fariseos quisieron forzar a Jesús a que tomara partido entre la estricta escuela rabínica de Shammai, que decía que era ilícito divorciarse de su mujer excepto por infidelidad, y la escuela de Hillel, que permitía el divorcio por distintas razones, aun por la más mínima excusa.

¿No habéis leído…? Jesús responde a los fariseos citando las Escrituras (Gn 1:27 y 2:24), demostrando así que la opinión de ellos no estaba basada en el respeto y la lectura cuidadosa de la Palabra de Dios (v. coment. en el vers. 8).

una sola carne. Es decir, la unión inseparable entre esposo y esposa (Gn 1:27).

Moisés os permitió divorciaros. Las palabras de Jesús, “Moisés os permitió”, contrastan con las de los fariseos, “mandó Moisés.” El hombre que se divorcia de su mujer está violando el deseo original de Dios en cuanto al matrimonio, pero Jesús dice que por la dureza de vuestro corazón se ha permitido y se ha hecho provisión para el divorcio. Desde el principio. El divorcio jamás ha sido la intención de Dios para el matrimonio. El divorcio es una expresión del pecado de la humanidad en las relaciones conyugales.

Salvo por infidelidad. Es decir, inmoralidad sexual. Esta expresión solo aparece en Mateo, puesto que los otros libros no fueron escritos para audiencias judías (Mr 10:11-12; Lc 16:18; Ro 7:1-3; 1 Co 7:39).

este precepto. Es decir, el comentario de los discípulos sobre el celibato (vers. 10). Mientras Jesús espera que todos obedezcan su declaración sobre el divorcio (vers. 9), no sugiere que todos sean eunucos (vers. 12).

Eunucos. Aquí se refiere a uno que ha nacido impotente, o que ha sido castrado, o que ha decidido permanecer célibe. El que pueda. Jesús no le resta importancia al matrimonio, pero enseña que algunos deciden permanecer célibes para servir al Señor (cp. 1 Co 7:25-35).

Comentario Bíblico Ayuda Gramatical para el Nuevo Testamento Griego Sobre El Matrimonio Y El Divorcio

Mateo 19 3 R1176 ?? se usa para introducir una pregunta directa (comp. 12:10 y T33): ¿Es lícito? M59 ???? tiene aquí un sentido transferido: por cualquier causa (la preposición tiene un sentido causal -T268; ????? sin artículo significa: cualquier -TGr61). 4 B52 El verbo aoristo ???????? se refiere a un evento del cual el tiempo está completamente indefinido: ¿No han leído? 5 T253 La preposición ??? con el acusativo se usa con ??????? como un predicado nominal: los dos llegarán a ser uno (este se debe a la influencia semítica). 6 R845 El verbo en tiempo aoristo ?????????? se traduce: ha juntado (es preferible: a aquellos a quienes Dios unió -MT140). [Editor. Es difícil transmitir aquí la idea del aoristo al español, sin usar el auxiliar haber.] M144 ???? se usa simplemente como una partícula de inferencia: así que, por tanto. 8 R626 La preposición que aparece en ???? ??? ????????????? tiene un sentido causal: (en vista de su terquedad -M53; en vista se equivale a por causa de -BD239[8]). H469 Parece que ??? tiene una fuerza afirmativa en este versículo, y significa: ciertamente, o verdaderamente (comp. 14:26). 10 B243 y 264 Aquí la oración condicional depende de la verdad de un principio general. Así que los discípulos dicen que, si el principio declarado por Jesús es verdadero, se deduce como un principio general que no es conveniente casarse (?? con el indicativo denota una conclusión predeterminada -T115). BD5(3b) ????? parece que se usa como un latinismo (comp. M192), que significa: relación o situación. Toda la cláusula debe traducirse: Si así es la relación del hombre con su mujer. 

Comentario de William Barclay (Nuevo Testamento) Sobre El Matrimonio Y El Divorcio

MATRIMONIO Y DIVORCIO EN ISRAEL

Mateo 19:1-9 Cuando Jesús acabó; de darles estas enseñanzas, Se marchó de Galilea y Se dirigió a los distritos de Judasa que están al lado de allá del Jordán. Le siguieron grandes Multitudes, y Él los sanó allí. – Los fariseos se dirigieron a Él presentándole un caso difícil, para probarle, y Le dijeron: . . . ¿Es legal el que un hombre se divorcie de su mujer por cualquier, causa? -¿Es que no habéis leído -les contestó Jesús que desde el principio el Creador los hizo varón y hembra, y dijo: «Por esta razón un hombre dejará a su padre y a su madre, y -se unirá a su mujer, y los dos formarán una sola persona»? Por tanto, ya no son dos personas, sino urca sola. Pues entonces, lo que Dios ha unido, que no lo separe nadie: Ellos Le dijeron: . -¿Por qué entonces estableció Moisés que se le podía dar a la mujer un certificado de divorcio y divorciarse de ella? -Fue por vuestra dureza de corazón por lo que Moisés os permitió divorciaros de vuestras mujeres -les contestó Jesús-; pero en un principio no fue ese el estado de cosas que se pretendía. Os digo que el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de fornicación, y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con una divorciada, comete adulterio. Aquí estaba tratando Jesús de una cuestión que era un problema de ardiente actualidad en Su tiempo, como lo es en el nuestro. El divorcio era algo sobre lo que no había unanimidad entre los judíos; y los fariseos Le hicieron aquella pregunta con la intención de involucrarle en la controversia. Ninguna nación ha tenido nunca un concepto más alto del matrimonio que los judíos. El matrimonio era un deber sagrado. El quedarse soltero un hombre pasados los veinte años, salvo si era para concentrarse en el estudio de la Ley, era quebrantar el mandamiento positivo de » llevar fruto y multiplicarse.» El que no tenía hijos «mataba su propia posteridad,» y » limitaba la imagen de Dios en la Tierra.» «Cuando marido y mujer son como es debido, la gloria del Señor está con ellos.» En el matrimonio no se entraba a la ligera ni descuidadamente. Josefo delinea el concepto judío del matrimonio basado en la enseñanza mosaica (Antigüedades de los judíos 4.8.23). Un hombre había de casarse con una virgen de buena ascendencia. No debía nunca corromper a la mujer de otro hombre; y no debía casarse con una mujer que hubiera sido esclava o prostituta. Si un hombre acusaba a su mujer de no haber sido virgen cuando se casó con ella, tenía que presentar pruebas de su acusación. El padre o el hermano de la mujer tenía que defenderla. Si se vindicaba el honor de la mujer, el marido debía seguir teniéndola como esposa, y no podía nunca divorciarse de ella, excepto por el más flagrante pecado. Si se demostraba que la acusación había sido infundada y maliciosa, el marido tenía que recibir los cuarenta azotes menos uno, y pagarle 50 siclos al padre de la mujer. Pero si podía probar su acusación y se encontraba culpable a la mujer, si era una persona corriente, la ley imponía que debía ser lapidada; y si era la hija de un sacerdote, había de ser quemada viva. Si un hombre seducía a una joven que estaba prometida a otro, y la seducción tenía lugar con el consentimiento de ella, ambos recibían la muerte. Si el hombre forzaba a la joven en un lugar solitario o donde nadie pudiera defenderla, solo el hombre había de morir. Si un hombre seducía a una joven no comprometida, debía casarse con ella o, si el padre de la muchacha no estaba conforme con aquel matrimonio, el seductor debía pagarle 50 siclos. Las leyes judías del matrimonio y de la pureza colocaban el listón muy alto. En principio se aborrecía el divorcio. Dios había dicho: «Yo aborrezco el divorcio» (Mal 2:16 ). Se decía que el mismo altar derramaba lágrimas cuando un hombre se divorciaba de la esposa de su juventud. Pero el ideal y la realidad no iban de la mano. Había dos elementos que eran peligrosos y dañinos. El primer lugar, a los ojos de la ley judía una mujer era una cosa. Era propiedad de su padre, o de su marido; y por tanto no tenía realmente ningunos derechos legales. La mayor parte de los matrimonios los concertaban, o los padres, o algún casamentero profesional. Una mujer podía estar comprometida desde la niñez, o a menudo se la comprometía para que se casara con un hombre al que ni siquiera había visto. Había una salvaguardia: cuando llegaba a la edad de 12 podía repudiar al marido que le hubiera asignado su padre. Pero, en relación con el divorcio, la ley general era que solo el marido tenía la iniciativa. La ley estipulaba: «Se puede divorciar a una mujer, con o sin su consentimiento; pero a un hombre no se le puede divorciar nada más que con su consentimiento.» La mujer no podía nunca iniciar el proceso del matrimonio; no se podía divorciar ella, sino solo ser divorciada por el marido. Había ciertas salvaguardias. Si un hombre se divorciaba de su mujer por razones que no fueran de flagrante inmoralidad, debía devolver la dote de ella; y esto debe de haber sido una barrera para los divorcios irresponsables. Los tribunales podían hacer presión para que un hombre se divorciara de su mujer en el caso, por ejemplo, de que se negara a consumar el matrimonio, o por impotencia, o por incapacidad demostrada de mantenerla como era debido. Una mujer podía obligar a su marido a divorciarse de ella si contraía una enfermedad repugnante como la lepra, o si era curtidor, lo que obligaba a reunir estiércol de perro, o si él le proponía marcharse de la Tierra Santa. Pero, con mucho, la ley dejaba bien claro que la mujer no tenía derechos legales, y que el derecho de divorcio correspondía exclusivamente al marido. En segundo lugar, el proceso del divorcio era fatalmente fácil. Ese proceso se fundaba en el pasaje de la ley de Moisés al que se refirieron los interlocutores de Jesús: «Cuando alguien toma una mujer y se casa con ella, si no le agrada por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, se la entregará en mano y la despedirá de su casa» (Deu 24:1 ). El certificado de divorcio era una declaración bien simple, de una sola frase, diciendo que el marido despedía a su mujer. Josefo escribe: «El que desee divorciarse de su mujer por la razón que sea (y muchas de tales razones se presentan entre los hombres), que establezca por escrito que no la tendrá nunca más como su esposa; porque de esta manera ella puede ser libre para casarse con otro hombre.» La única salvaguardia contra la peligrosa facilidad del proceso de divorcio era el hecho de que, a menos de que la mujer fuera una pecadora notoria, tenía que devolver la dote. BASE JUDÍA PARA EL DIVORCIO Mateo 19:1-9 (continuación) Uno de los grandes problemas que presentaba el divorcio judío dependía de la formulación mosaica. Esa formulación establecía que un hombre podía divorciarse de su mujer «si ella no hallaba gracia en sus ojos, porque él había encontrado algo indecente en ella.» La cuestión era: ¿Cómo se había de interpretar la frase algo indecente? En este punto los rabinos judíos estaban divididos diametralmente, y era aquí donde los interlocutores de Jesús querían involucrarle. Los de la escuela de Sammay estaban seguros de que una cuestión de indecencia quería decir fornicación, y solo eso; y que no se podía despedir a una mujer por ninguna otra causa. Aunque una mujer fuera tan malvada como Jezabel, en tanto en cuanto no cometiera adulterio no se la podía despedir. Por otra parte, los de la escuela de Hillel interpretaban eso del asunto de indecencia de una manera más amplia. Decían que quería decir que un hombre podía divorciarse de su mujer si ella le estropeaba la comida, si llevaba el pelo suelto, si hablaba con hombres en la calle, si hablaba con poco respeto de los padres de su marido, si era alborotadora y se la podía oír en la casa de al lado. Rabí Aqiba llegó hasta el punto de decir que la frase si ella no encuentra gracia en los ojos de él quería decir que un hombre podía divorciarse de su mujer si encontraba otra que le gustara más o que considerara más bonita. La tragedia era que, como era de temer, fue la enseñanza de la escuela de Hillel la que prevaleció; el vínculo matrimonial se tomaba a menudo a la ligera, y el divorcio se hizo corriente por las causas más triviales. Para completar el cuadro, hay que añadir algunos otros Hechos. Es pertinente notar que bajo la ley rabínica el divorcio era obligatorio por dos razones. Era obligatorio por adulterio. «Una mujer que ha cometido adulterio debe ser divorciada.» Segundo, el divorcio era obligatorio por esterilidad. La finalidad del matrimonio era la procreación de hijos; y el divorcio era obligatorio si después de tres años una pareja seguía sin tener hijos. En este caso, la mujer se podía casar de nuevo, pero la misma disposición se aplicaba al segundo matrimonio. Hay que mencionar otras dos disposiciones judías interesantes en relación con el divorcio. La primera, el abandono no era nunca causa para el divorcio. Si había deserción había que demostrar la muerte. El único atenuante por relajación era que, aunque todos los otros Hechos tenían que ser corroborados por dos testigos según la ley judía, bastaba un testigo para demostrar la muerte del cónyuge que había desaparecido y no había vuelto. En segundo lugar, aunque resulte raro, la locura no era razón para el divorcio. Si la mujer se volvía demente, el marido no podía divorciarla; porque, si la divorciaba, ella no tendría protector en su desgracia. Hay una misericordia conmovedora en tal disposición. Si el marido se volvía demente, el divorcio era imposible, porque en tal caso quedaba incapacitado para escribir el certificado de divorcio, y sin tal documento, que él debía escribir y entregar, no podía haber divorcio. Cuando Le hicieron a Jesús aquella pregunta, por detrás de ella había una situación que molestaba y preocupaba. Jesús la iba a contestar de una manera que resultó alucinante para los dos bandos empeñados en la disputa, y que sugirió un cambio radical en toda la situación. LA RESPUESTA DE JESÚS Mateo 19:1-9 (continuación) Lo más probable es que los fariseos Le estuvieran preguntando a Jesús si estaba de acuerdo con la opinión estricta de Sammay o con la más suave de Hillel; y que buscaran de esta manera implicarle en la controversia. La respuesta de Jesús retrotraía la cuestión a su mismo origen, al ideal de la Creación. En el principio, dijo Jesús, Dios creó a Adán y Eva como un hombre y una mujer. No cabe duda que en las circunstancias del relato de la Creación Adán y Eva fueron creados el uno para el otro, y para nadie más; su unión fue necesariamente completa e indisoluble. Ahora bien, dice Jesús, aquellos dos eran el modelo y el símbolo de todos los que vendrían después. Como dice A. H. McNeile: » Toda pareja matrimonial es la reproducción de Adán y Eva, y su unión es por tanto no menos indisoluble.» El razonamiento es totalmente claro. En el caso de Adán y Eva, el divorcio era, no solo desaconsejable; era, no solamente equivocado: era totalmente imposible, por la sencilla razón de que no había ninguna otra persona con la que cualquiera de ellos se pudiera casar. De esta manera Jesús estaba estableciendo el principio de que el divorcio no es nunca la solución correcta de nada. Desde ahora mismo ya debemos notar que esto no es una ley; es un principio, que es una cosa muy diferente. Aquí vieron en seguida los fariseos un punto en el que podían atacar. Moisés (Deu 24:1 ) había dicho que, si un hombre quería divorciarse de su mujer porque ella no había encontrado gracia a ojos de él, y a causa de algún detalle indecente en ella, él podía darle un certificado de divorcio, y el matrimonio quedaba disuelto. Aquí tenían los fariseos la oportunidad que deseaban. Ahora podían decirle a Jesús: «¿Estás acaso diciendo que Moisés estaba equivocado? ¿No estarás Tú Tratando de abrogar la Ley divina que se le dio a Moisés? ¿Te estás colocando por encima de Moisés como legislador?» Jesús les contestó que lo que dijo Moisés no había sido una ley, sino nada más que una concesión. Moisés no mandó el divorcio; en el mejor de los casos, él solamente lo permitió para regular una situación que habría llegado a ser caóticamente promiscua. La disposición de Moisés no era más que una concesión a la naturaleza humana caída. En Gen 2:23 s tenemos el ideal que Dios Se había propuesto, el ideal de dos personas que se casan debería ser tan indisoluble que las dos personas formaran una sola personalidad. La respuesta de Jesús fue: » Es verdad que Moisés permitió el divorcio; pero eso era una concesión en vista de que el ideal se había perdido. El ideal del matrimonio se ha de encontrar en la indisoluble y perfecta unión de Adán y Eva. Eso es lo que Dios quería que fuera el matrimonio.» Es ahora cuando nos encontramos cara a cara con una de las dificultades más reales y agudas del Nuevo Testamento. ¿Qué quería decir Jesús? Hay una pregunta previa a esa: ¿Qué fue lo que dijo Jesús? La dificultad, que es insoslayable, es que Marcos y Mateo reproducen las palabras de Jesús de manera diferente. Mateo dice: Y Yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera (Mat 19:9 ). Marcos pone: Y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio (Mar 10:11 s). Lucas nos da todavía otra versión de este dicho: Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera (Luc 16:18 ). Aquí tenemos la dificultad relativamente pequeña de. que Marcos supone que una mujer se puede divorciar de su marido; un proceso que, como ya hemos visto, no era posible bajo la ley judía. Pero la explicación puede ser que Jesús debe de haber conocido muy bien que, bajo la ley gentil, una mujer podía divorciarse de su marido; y en esa cláusula particular, Él estaba mirando más allá del mundo judío, al que se dirigió el evangelio de Mateo especialmente. La dificultad real estriba en que tanto Marcos como Lucas hacen la prohibición del divorcio absoluta. Para ellos no caben excepciones. Pero Mateo tiene una cláusula dirimente: El divorcio está permitido en caso de adulterio. En este caso hay que decantarse por una de las dos formulaciones. La única salida posible sería decir que de hecho el divorcio por adulterio era para la ley judía obligatorio, como ya hemos visto, y que por tanto Marcos y Lucas no consideraron que hacía falta mencionarlo; pero en tal caso estaba también el divorcio por esterilidad. En último análisis tenemos que escoger entre la versión de Mateo del dicho de Jesús y la de Marcos y Lucas. Creemos que no se puede dudar de que la versión de Marcos y Lucas es correcta. Hay dos razones. Solo la absoluta prohibición de separarse satisface el ideal de la completa unión simbólica de Adán y Eva. Y las alucinadas palabras de los discípulos implican esta prohibición absoluta, porque, en efecto, dicen (versículo 10) que si el matrimonio es tan vinculante como todo eso, lo más seguro es no casarse. No cabe duda de que aquí tenemos a Jesús estableciendo el principio -no la ley- de que el ideal del matrimonio es una unión indisoluble. Aquí se podría decir mucho más; pero el ideal, como Dios lo concibió, está establecido, y la cláusula dirimente de Mateo es posiblemente una interpretación posterior que se insertó a la luz de la práctica de la Iglesia cuando esto se escribió. EL ELEVADO IDEAL Mateo 19:1-9 (conclusión) Pasemos ahora a considerar el alto ideal del estado del matrimonio que Jesús propone a los que están dispuestos a aceptar Sus mandamientos. Veremos que el ideal judío sienta las bases del ideal cristiano. La palabra hebrea para matrimonio era kiddusin. Kiddusin quería decir santificación o consagración. Se usaba al describir algo que se dedicaba a Dios como Su exclusiva y particular posesión. Cualquier cosa totalmente consagrada a Dios era kiddúsin. Esto quería decir que en el matrimonio el marido estaba consagrado a la mujer, y la mujer al marido: Cada uno llegaba a ser posesión exclusiva del otro, de la misma manera que una ofrenda se convertía en la posesión exclusiva de Dios. Eso era lo que Jesús quería decir cuando dijo que por causa del matrimonio un hombre dejaría a su padre y a su madre y se uniría a su mujer, y eso es lo que Él quiso decir cuando dijo que marido y mujer llegaban a ser tan totalmente una sola cosa que se podían llamar una sola persona. Ese era el ideal que Dios tenía del matrimonio, como lo presenta la historia del Génesis (Gen 2:24 ), y ese es el ideal que Jesús ratificó. Esta idea tiene ciertas consecuencias. (i) Esta unidad total quiere decir que el matrimonio no se da para un solo acto de la vida, por muy importante que ese acto sea, sino para todos. Es decir: que, aunque el sexo es una parte sumamente importante del matrimonio, no lo es todo. Cualquier matrimonio en el que se entra simplemente por un deseo físico imperioso que no puede satisfacerse de ninguna otra manera está condenado al fracaso de antemano. El matrimonio está diseñado, no para que dos personas hagan una cosa juntas, sino para que hagan todas las cosas juntas. (ii) Otra manera de expresar esto sería diciendo que el matrimonio es la unión total de dos personalidades. Dos personas pueden existir juntas de muchas maneras. Una de ellas puede ser la parte dominante hasta tal punto que nada importa sino sus deseos y conveniencias y necesidades, mientras que la otra está totalmente subordinada y no existe nada más que para satisfacer los deseos y las necesidades de la primera. O también, dos personas pueden existir en una especie de neutralidad armada, en la que se dan una tensión continua y una continua colisión entre sus dos voluntades. La vida puede ser una larga discusión, y la relación estar basada, en el mejor de los casos, en una difícil componenda. O también, dos personas pueden basar su relación en una más -o menos resignada aceptación mutua. Para todos los efectos y propósitos, mientras vivan juntas, cada una va por su propio camino, y cada una vive su vida. Comparten la misma casa, pero sería una exageración decir que comparten el mismo hogar. Está claro que ninguna de estas relaciones es ideal. El ideal es que en el estado del matrimonio dos personas encuentren el complemento de cada una de sus personalidades. Platón tenía una idea extraña. Tenía una especie de leyenda de que en su origen los seres humanos eran el doble de lo que somos ahora. Como su tamaño y fuerza los hizo arrogantes, los dioses los cortaron por la mitad; y la verdadera felicidad se produce cuando las dos mitades se encuentran otra ve y se unen en el matrimonio, completándose así mutuamente. El matrimonio no debe empequeñecer la vida, sino completarla. A ambos cónyuges debe traerles una nueva plenitud, una nueva satisfacción, un nuevo contentamiento. Es la unión de dos personalidades en la que las dos se completan mutuamente. Esto no quiere decir que no haya que hacer ajustes, y aun sacrificios; pero sí quiere decir que la relación final es más plena, más gozosa, más satisfactoria de lo que puede ser un tipo de vida aislado. (iii) Podríamos decir todo esto aún más prácticamente: el matrimonió debe ser el compartir todas las circunstancias de la vida. Hay un cierto peligro en la etapa encantadora del noviazgo. En ese período es casi inevitable el que las dos personas se vean mutuamente en el mejor estado de ambas. Hay días románticos. Se ven en su mejor ropa. Es corriente que tengan algún gran interés en común; es corriente que el dinero no haya llegado a ser todavía un problema. Pero en el matrimonio, los dos deben verse cuando no están en su mejor momento; cuando están cansados o débiles; cuando los hijos trastornan la casa y el hogar como es natural que suceda; cuando escasea el dinero, y las cuentas de la comida y de la ropa se convierten en un problema; cuando la luz de la luna y las rosas dejan el puesto a la pila de la cocina y a la cesta de la ropa y a pasear por el pasillo al niño llorón por las noches. A menos que dos personas estén dispuestas a enfrentarse juntas con la rutina de la vida tanto como con sus encantos, el matrimonio no puede ser más que un fracaso. (iv) A todo esto sigue una cosa que no es universalmente cierta, pero que es mucho más probable que lo contrario. El matrimonio es mucho más probable que sea un éxito después de un conocimiento bastante largo, cuando las dos personas que lo forman conocen realmente el trasfondo mutuo. El matrimonio quiere decir vivir constantemente juntos. Es perfectamente posible que choquen los hábitos y los gustos y las costumbres de ambos. Cuanto más completo sea el conocimiento mutuo antes de decidirse a vincular sus vidas indisolublemente, mejor. Esto no es negar que puede haber tal cosa como el amor a primera vista, y que el amor puede conquistarlo todo; pero el hecho es que, cuanto mayor conocimiento tengan el uno del otro más probable será que tengan éxito en hacer su matrimonio lo que debe ser. (v) Todo esto nos conduce a la conclusión práctica final: la base del matrimonio es mantenerse unidos, y la base de mantenerse unidos no es otra que ser considerados el uno con el otro. Para que el matrimonio sea un éxito, los cónyuges deben pensar siempre más en términos el uno del otro que cada uno en sí mismo. El egoísmo es el asesino de cualquier relación personal; y esto es especialmente cierto cuando dos personas están vinculadas en el matrimonio. Somerset Maughan, hablando de su madre, dice que era una persona amable y encantadora, y que todo el mundo la quería. Su padre no era un hombre bien parecido, y tenía pocos dones y gracias sociales. Alguien le dijo una vez a ella: «Cuando todo el mundo está enamorado de ti, y cuando tú podrías tener al que quisieras, ¿cómo puedes seguir siendo fiel a ese monigote feucho de marido que tienes?» Ella contestó sencillamente: «Él nunca hiere mis sentimientos.» No se podría haber hecho mejor elogio. La verdadera base del matrimonio no es complicada o recóndita; es sencillamente el amor que tiene más en cuenta la felicidad del otro que la propia, el amor que se honra en servir, que puede comprender y, por tanto, que siempre está dispuesto a perdonar. Es decir: es el amor que vemos en Cristo, que sabe que olvidándose de sí mismo se encuentra a sí mismo, y que perdiéndose a sí mismo se completa a sí mismo.

EL IDEAL QUE SE HACE REALIDAD Mateo 19:10-12 A eso los discípulos Le dijeron a Jesús: -Si la única razón para el divorcio entre un hombre y una mujer es esa, más vale no casarse. Jesús les contestó: -No todos son capaces de aceptar eso, sino solo aquellos a los que se les concede. Hay eunucos que lo son de nacimiento; otros, a los que hacen eunucos los otros, y hay eunucos que se hacen eunucos por causa del Reino del Cielo: El que sea capaz de aplicarse esta enseñanza, que, se la aplique. Aquí llegamos a una ampliación necesaria de lo que iba antes. Cuando los discípulos oyeron el ideal de matrimonio que Jesús les proponía, se quedaron. desalentados. Les volverían a la mente muchos dichos rabínicos. Los rabinos tenían muchas sentencias sobre los matrimonios desgraciados. «Entre los que no contemplarán el rostro de la gehena estará el que haya tenido una mala mujer.» ¡Tal persona se salvaba del infierno porque ya había expiado sus pecados en la Tierra! «Entre los que tienen una vida que no es vida está el hombre al que domina su mujer.» «Una mala mujer es como la lepra para su marido. ¿Cuál es el remedio? Que se divorcie de ella, y así se curará de su lepra.» Hasta se llegó a establecer: «Si uno tiene una mala esposa, su deber religioso es divorciarse de ella.» Para hombres acostumbrados a escuchar tales dichos, las demandas de Jesús eran algo terrible. Su reacción fue que, si el matrimonio es una relación vinculante para siempre, y si el divorcio está prohibido, es mejor no casarse, ya que no hay salida, así lo veían ellos, para una mala situación. Jesús da dos respuestas. (i) Jesús dice claramente que no todo el mundo puede aceptar de hecho esta situación, sino solamente aquellos a los cuales se les ha concedido. En otras palabras, solo un cristiano puede asumir la ética cristiana. Solo la persona que tiene la ayuda continua de Jesucristo y la continua dirección del Espíritu Santo puede edificar la relación personal que demanda el ideal del matrimonio. Solamente con la ayuda de Jesucristo puede uno desarrollar la simpatía, la comprensión, el espíritu de perdón, el amor considerado, que requiere el verdadero matrimonio. Sin esa ayuda estas cosas son imposibles. El ideal cristiano del matrimonio implica el requisito previo de que los cónyuges sean cristianos. Aquí tenemos una verdad que llega mucho más lejos que su aplicación particular. Siempre estamos oyendo decir: «Aceptamos la ética del Sermón del Monte; pero, ¿Por qué preocuparse de la divinidad de Jesús, de Su Resurrección, de Su presencia resucitada, de Su Espíritu Santo, y toda esa clase de cosas? Estamos de acuerdo en que era un Hombre bueno, y que Su enseñanza es la más elevada que se haya dado jamás. ¿Por qué no dejar ahí la cosa, y vivir de acuerdo con esa enseñanza sin preocuparnos de la teología?» La respuesta es muy sencilla. Nadie puede vivir de acuerdo con la enseñanza de Jesucristo sin Jesucristo. Y si Jesús no era más que un gran hombre bueno, aunque fuera el más grande y el mejor de todos los seres humanos, en el mejor de los casos no es más que un gran ejemplo. Su enseñanza se hace posible solamente con la condición de que Él no está muerto, sino presente aquí y ahora para ayudarnos a llevarla a cabo. La enseñanza de Cristo requiere la presencia de Cristo; si no es así, solo se trata de un ideal imposible -y angustioso. Así que tenemos que arrostrar el hecho de que el matrimonio cristiano es solo posible para cristianos. (ii) El pasaje termina con un versículo acerca de los eunucos que nos deja perplejos. Es posible que Jesucristo dijera eso en alguna otra ocasión, y que Mateo lo pusiera aquí porque estaba agrupando la enseñanza de Jesús sobre el matrimonio, porque Mateo tenía la costumbre de agrupar la enseñanza sobre cualquier tema particular. Un eunuco es un hombre que no puede realizar el acto sexual. Jesús distingue tres clases de eunucos. Hay algunos que, por algún defecto o deformidad física, no pueden tener relaciones sexuales. Hay algunos a los que los hombres hacen eunucos. Esto representa prácticas que nos son extrañas a los occidentales. Muy frecuentemente en los palacios reales los siervos, especialmente los que estaban a cargo del harén real, eran castrados. También muy frecuentemente los sacerdotes que servían en los templos eran castrados; eso sucedía, por ejemplo, en el templo de Diana de Éfeso. A continuación, Jesús menciona a los que se hacen a sí mismos eunucos por causa del Reino de Dios. Hemos de estar seguros de que esto no se ha de tomar literalmente. Una de las tragedias de la Iglesia Primitiva fue el caso de Orígenes. Cuando era joven, tomó este texto literalmente, y se castró, aunque posteriormente se dio cuenta de que había cometido un error. Clemente de Alejandría estuvo muy cerca de hacer lo mismo. Dice: «El verdadero eunuco no es el que no puede, sino el que elige no practicar los deseos de la carne.» En esta frase, Jesús se refería a los que; por causa del Reino de Dios, renuncian voluntariamente al matrimonio y a la paternidad y al amor físico humano. _¿Cómo puede ser eso? Puede ser que una persona tenga que escoger entre alguna llamada específica y el amor humano. Se ha dicho: «El que viaja más rápido es el que viaja solo.» Una persona puede llegar a la conclusión de que no puede trabajar en algún terrible suburbio viviendo en circunstancias en las que el matrimonio y la familia serían un impedimento. Puede que uno llegue a la conclusión de que debe aceptar la vocación misionera para ir a un lugar al que no puede en conciencia llevar a su esposa e hijos. Otro caso sería el de uno que estuviera enamorado, y entonces se le ofrezca una oportunidad de servicio a pleno tiempo y rendimiento que la persona que ama no podría compartir. Entonces debe escoger entre el amor humano y la tarea a la que Cristo le llama. Gracias a Dios esa elección no se le presenta a menudo a una persona; pero hay algunos que han asumido voluntariamente votos de castidad, celibato, pureza, pobreza, abstinencia, continencia. Esa no es la conducta corriente de una persona normal, pero el mundo se habría empobrecido si no hubiera habido quienes aceptaran el desafío de vivir en solitario por causa de la obra de Cristo. EL MATRIMONIO Y EL DIVORCIO Mateo 19:10-12 (conclusión) Sería un error dar por terminado este tema sin hacer un esfuerzo para ver lo que quiere decir actualmente para la cuestión del divorcio en nuestros días. Podemos al principio notar esto. Lo que Jesús estableció fue un principio y no una ley. Convertir este dicho de Jesús en una ley sería malentenderlo seriamente. La Biblia no nos da leyes; nos da principios que debemos aplicar con oración e inteligencia en cualquier situación dada. Acerca del sábado dice la Biblia: » No hagas en él obra alguna» (Exo 20:10 ). Sabemos muy bien que un cese absoluto del trabajo no fue nunca posible en ninguna. civilización. En una civilización agrícola, hay que atender al ganado, y hay que ordenar las vacas, sea el día que sea. En una civilización desarrollada ciertos servicios públicos tienen que proseguir, o el transporte se interrumpiría, o el agua..y la luz y el calor no estarían disponibles. En cualquier hogar, especialmente donde, hay niños, tiene que haber una cierta medida de trabajo. Un principio nunca se puede convertir en una ley inflexible; un principio siempre se tiene que aplicar en, una situación individual: Por tanto, no podemos zanjar la cuestión del divorcio simplemente citando las palabras de Jesús. Eso sería legalismo; tenemos que tomar las palabras de Jesús como un principio a aplicar en los casos individuales que se nos presenten. En ese caso, surgen ciertas verdades. (i) No cabe duda de que el ideal es que el matrimonio sea una unión indisoluble entre dos personas, y que se debe entrar en él como una unión total de dos personalidades, no diseñada para hacer posible un acto solamente, sino para hacer posible toda la vida un compartir satisfactorio y mutuamente realizador. Ese es el principio esencial del que debemos partir. (ii) Pero la vida no es, ni nunca podrá ser, un asunto completamente nítido y ordenado. En la vida no se puede evitar que se presente a veces el elemento de lo impredictible. Supongamos, pues, que dos personas entran en la relación matrimonial; supongamos que lo hacen con las esperanzas y los ideales más elevados; y también supongamos que algo imprevisto va mal, y que la relación que debería ser la alegría más grande de la vida se convierte en un infierno. Supongamos que se solicita toda la ayuda disponible para remediar esta situación rota y terrible. Supongamos que se llama al médico para que ayude en cuestiones físicas; al psiquiatra, para tratar de problemas psicológicos; al. sacerdote o al pastor para: cosas espirituales. Supongamos que el problema sigue ahí;, su pongamos que uno de los cónyuges del matrimonio está constituido física, mental o espiritualmente de .tal manera que el matrimonio es imposible, y supongamos que el descubrimiento no se podría haber hecho hasta que se hiciera la prueba. ¿Es que. en tal caso estas dos personas han de estar para siempre encadenadas la una a la otra en una situación que no puede sino sumir en la infelicidad a los dos para toda la vida? Es, sumamente difícil reconocer que tal razonamiento se pueda llamar cristiano; es extremadamente difícil ver a Jesús condenando legalísticamente a dos personas a una situación tal. Esto no es decir que se deba facilitar el divorcio, pero sí que, cuando todos los recursos físicos y mentales y espirituales se han aplicado a la situación, y esta permanece incurable y hasta peligrosa, hay que ponerle un límite; y la iglesia, lejos de considerar a las personas implicadas en tal situación como algo fuera de su responsabilidad, debe hacer algo, debe hacer todo lo posible con energía y ternura para ayudarlas. No parece que haya otra solución más que aplicar el verdadero espíritu de Cristo. (iii) Pero en este asunto nos encontramos cara a cara con una situación de lo más trágica. Sucede a menudo que las cosas que hacen naufragar el matrimonio son de hecho cosas que la ley no puede tocar. Una persona, en un momento de pasión y falta de control, comete adulterio, y pasa el resto de la vida en vergüenza y en dolor por lo que ha hecho. El que pudiera repetirse su caída es por lo menos posible en el mundo. Otra persona es un modelo de rectitud en público; el cometer adulterio es lo más remoto que podría ocurrirle; y sin embargo, con una crueldad sádica constante, con un egoísmo diario, con una crítica y sarcasmo y crueldad mental constantes, le hace la vida un infierno a los que viven con ella; y lo hace con una determinación encallecida. Bien podemos recordar que los pecados que aparecen en los periódicos, y los pecados cuyas consecuencias son más obvias, no tienen que ser necesariamente los pecados más graves a los ojos de Dios: Muchos hombres y mujeres arruinan la relación matrimonial; y, sin embargo, presentan ante el mundo exterior una fachada de rectitud impecable. Todo este asunto es tal que requiere más simpatía y menos condenación, porque el fracaso de un matrimonio es el que menos se ha de plantear en términos legalistas, y más en términos de amor. En este caso; no es tanto la ley lo que hay que mantener, sino el corazón y el alma de las personas: Lo que se requiere es que haya oración y pensamiento antes del matrimonio; que si un matrimonio está en peligro de fracasar, todos los recursos posibles -médicos, psicológicos y espirituales- deben movilizarse para salvarlo; pero que si la situación es irremediable, debe plantearse, no con legalismo rígido, sino con amor comprensivo.

Comentario Bíblico Serafín Ausejo (Nuevo Testamento) Sobre El Matrimonio Y El Divorcio

MATRIMONIO Y CELIBATO (Mt/19/01-12).

La parte principal corresponde a Mar 10:1-12. La estructura del pasaje didáctico sobre el divorcio está más conforme con la realidad en san Mateo, aunque el texto de este evangelista también depende do san Marcos. San Mateo aprovecha la ocasión para añadir un párrafo más sobre el celibato (Mar 19:10-12). Así pues, esta parte de Mateo se centra en dos puntos, el uno expone la ordenación nueva del matrimonio, el otro, el camino especial del celibato, para los discípulos «que puedan entender» (Mar 19:12). 1 Cuando Jesús acabó estos discursos, partió de Galilea y se fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán. 2 Le siguieron grandes multitudes y realizó curaciones allí. Por cuarta vez el evangelista concluye uno de los grandes discursos de Jesús con las mismas palabras. Al mismo tiempo Mateo designa aquí una nueva sección en la obra del Mesías. Galilea y Judea se excluyen entre sí. La precedente actividad de Jesús se efectuó según el modo de ver que el evangelista adoptó en su relato, en el ámbito de Galilea con muy pocos cruces de frontera. Aquí un nuevo ámbito entra en el campo visual del lector. Inicialmente parecen las palabras a la región de Judea algo indeterminadas. Paulatinamente aparece con mayor claridad la dirección en que se mueve la comitiva del maestro. Pero con el nombre de Judea resuena lo crítico y decisivo. Ya hace tiempo sabemos lo que sucederá en Judea, sobre todo en Jerusalén, y lo que de allí hay que esperar (cf. 2,3; 15,1). Estamos preparados especialmente por medio de vaticinios de la pasión (16,21s; 17,22s). Pronto seguirá un nuevo vaticinio (20,17-19). Desde la confesión mesiánica de Pedro se sabe adónde se va. La inestable vida errante es relevada por el camino resuelto hacia Jerusalén. Jesús llega a Judea, que ya no abandonará hasta su muerte. Judea es el recinto de la crisis, Galilea fue el recinto del comienzo primaveral, y será el recinto de la revelación de Jesús resucitado (28,16). «Al otro lado del Jordán» es una expresión que aquí solamente indica que Jesús no tomó el camino directo a través de Samaría, sino que dio un rodeo por oriente del Jordán, pasando por la ciudad de Jericó situada en el camino hacia Jerusalén (20,29). De nuevo le sigue mucha gente, como ya se dijo con frecuencia de una forma sumaria. Y de nuevo se invoca la piedad del Mesías para que cure a los enfermos. Ahora Jesús tampoco cesa de obrar curaciones. Aunque el camino se dirige hacia Jerusalén, las curaciones forman parte de su apostolado y de la prueba de su misión mesiánica. La instrucción del pueblo desde hace mucho tiempo se pospuso a la enseñanza de los discípulos, pero Jesús continúa haciendo el bien y prodigando favores. Así ocurrirá incluso en medio de la ciudad santa, en el templo (21,14). Sigue siendo inalterablemente fiel a su misión a las «ovejas perdidas de la casa de Israel» (15,24). 3 Se le acercaron unos fariseos para tentarlo y le preguntaron: ¿Puede uno despedir a su mujer por un motivo cualquiera? 4 él respondió: ¿No habéis leído que el que los creó, desde el principio, varón y hembra los hizo? (Gen 1:27). 5 Y añadió: Por eso mismo, dejará el hombre al padre y a la madre para unirse a su mujer, y serán los dos una sola carne (Gen 2:24). 6 De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por consiguiente lo que Dios unió, no lo separe el hombre. La pregunta de los fariseos aquí no se refiere a si en general está permitido disolver un matrimonio. Según el derecho vigente este permiso era evidente por razón de la ley del Antiguo Testamento. La pregunta más bien inquiere si está permitido el divorcio por un motivo cualquiera. Detrás de la pregunta está la diferencia de dos tesis que eran sostenidas en tiempo de Jesús. Una tesis procedía del famoso rabino Hilel, según la cual prácticamente un divorcio podía ocurrir por cualquier motivo, por insignificante que fuera. La opinión más severa la sostenía el rabino Samay, quien sólo consideraba como motivo suficiente los delitos morales, sobre todo los pecados de lascivia. (La diferencia entre estas opiniones dogmáticas se funda en la vaga formulación de Dt 24.1, según la cual el divorcio puede tener lugar, si el hombre ha visto en ella una tara imputable). Jesús debe adoptar una actitud en esta cuestión discutida. Se le quiere «tentar» con esta cuestión. Según la respuesta que Jesús diese, se le podría tachar de laxismo o de rigor en la interpretación de la ley. Jesús en primer lugar no aborda la pregunta especial, sino el fondo de la cuestión. En la ley no solamente se contiene la disposición sobre el divorcio tomada de la ley mosaica (Deu 24:1), sino también la ordenación del matrimonio según el relato de la creación. Lo primitivo tiene una primacía jurídica sobre lo tardío. Lo que era al principio, no se invalida por lo que le siga. El Creador es anterior a Moisés (Deu 19:7). Al principio, Dios establece una ordenación que excluye la posibilidad del divorcio. Este es un pensamiento al que nos hemos acostumbrado demasiado y cuya grandeza ya no experimentamos plenamente. El ser humano no es creado por Dios como ser único, sino con dos formas, a saber hombre y mujer. Pero las dos formas están tan mutuamente relacionadas y tan ordenadas la una a la otra, que tienden a constituir de los dos una sola entidad. La fuerza del sexo y el ansia del complemento personal es tan intenso que sobrepujan el vínculo de la sangre. Se deja al padre y a la madre para buscar la nueva unidad de vida con el otro consorte. Los que se han encontrado, se convierten en una sola carne. Esta es la expresión más fuerte que puede concebirse. Con esta expresión el hebreo no solamente piensa en la unión sexual de los cuerpos, sino en la fusión de todo el ser humano terreno con el otro. Ya conocemos la expresión «la carne y la sangre» como designación del modo terreno de vivir del hombre, a diferencia del modo de vivir dado por Dios, lo cual se descubrirá en último término como «vida eterna». Según el relato del Gen 02:24, el Creador no ha pronunciado por sí mismo las palabras: «Por eso mismo, dejará el hombre al padre y a la madre.» Pero el evangelista quiere decir que la ordenación de la naturaleza que aquí manifiesta el autor sagrado, es institución divina. Así brota en las palabras de Jesús el concepto de principio en su pura originalidad. Lo que Dios hizo y dijo al principio, vale para siempre, nunca puede ser derogado ni puede mudarse por un precepto adicional o por una disposición suplementaria. Dios ha establecido la unidad mediante su voluntad creadora, que puso en los hombres este anhelo natural y su satisfacción. Pero la unidad no estriba solamente en la satisfacción del impulso corporal, sino en toda la vida. Por eso Jesús puede decir que Dios es quien unió. Lo que así fue unido, no puede ser separado por el hombre, porque el hombre es criatura y se le llama para que obedezca. El matrimonio es más que una unificación corporal; comprende toda la altura y profundidad, la anchura y longitud de la vida. En toda la vida ha de hacerse de dos uno. ésta es la voluntad de Dios y la ordenación primitiva de Dios. El hombre interviene arbitrariamente y se evade de esta voluntad y ordenación del Creador. Jesús no solamente cita el Antiguo Testamento, sino que consolida de nuevo y con autoridad propia la ordenación primitiva del matrimonio. La frase «lo que Dios unió, no lo separe el hombre» es la interpretación del texto del Antiguo Testamento y el nuevo mandato propio de Jesús. Este precepto tiene aplicación al pueblo de Dios en el Nuevo Testamento, o sea la Iglesia, y a cada miembro de la misma. Pero los que no son discípulos de Jesús, también tendrán que dejarse guiar por este alto concepto, si realmente tienen interés en la persona humana. A la larga sólo la más alta reivindicación puede bastar al ser humano. Todos los compromisos entre la debilidad humana y la flexibilidad jurídica en último término redundan en perjuicio del hombre. 7 Ellos le replican: ¿Por qué, entonces, Moisés mando darle el acta de divorcio para despedirla? 8 El les contesta: Moisés, mirando a la dureza de vuestro corazón, os permitió despedir a vuestras mujeres. Pero no fue así desde el principio. 9 Por eso yo os digo: El que despide a su mujer -no en caso de fornicación- y se casa con otra, comete adulterio. Jesús ha dicho lo fundamental, ahora lo formula una vez más en una «ley» (19,9). Queda por contestar la pregunta de los fariseos si está permitido disolver el matrimonio por un motivo cualquiera. Vuelve a conducir a esta pregunta la objeción, según la cual en la ley también se da la posibilidad del divorcio. Jesús contesta: No lo ha mandado Dios, sino Moisés. Para nosotros eso es tan difícil de entender como para los judíos de aquel tiempo. Puesto que Dios nos habla por medio de Moisés, el mandamiento de Moisés ¿no es mandamiento de Dios? Ciertamente lo es, pero tiene menor autoridad. Primero porque lo anterior mantiene la primacía con respecto a lo posterior; segundo, porque el mandamiento de Moisés fue dado por él de modo indirecto (Cf. Gal 3:19 s.), mientras que el orden de la creación fue establecido directamente por Dios. Todo eso, desde luego, no se expresa en la respuesta de Jesús; son argumentos teológicos que van implícitos en el diálogo. Lo que Jesús dice para explicar este mandamiento de divorcio, es algo muy distinto, que impresionará a sus oyentes. Existe ya una diferencia en el mismo hecho de que Moisés no ha mandado, sino permitido. No se trata de un mandamiento, que debe estimular y conducir a la vida, sino de una concesión que se hace a la debilidad del hombre. Moisés lo ha permitido mirando a la dureza de vuestro corazón. Esta imagen designa la sordera y apatía de corazón de Israel ante la orden de Dios. La hallaremos asociada a la «incredulidad» (Mar 16:14). Un tono profético penetra en el diálogo jurídico. Moisés os dio esta libertad, porque conocía vuestra condición y preveía que seríais negligentes e indóciles ante la voluntad de Dios. El hecho de que todavía se practique el divorcio, no es señal de que se cumpla fielmente el mandamiento, sino, todo lo contrario: atestigua la obstinación de Israel. La explicación que Jesús da a lo que dispone la ley mosaica, no es una explicación histórica o jurídica. Antes bien es una llamada profética, que también ahora tiene un alcance profundo. El hombre sólo es capaz de cumplir en particular el mandamiento divino, si se confía totalmente a la voluntad de Dios. Quien se obstina frente a ella y es indolente, o persevera arbitrariamente en su propia voluntad, llegado el caso fallará y, por consiguiente, se verá obligado a invocar la libertad de divorciarse. Esto se afirma, de forma inequívoca, en las últimas palabras. El hombre que despide a su mujer, no ha anulado el matrimonio que existía entre ambos. Continúa existiendo, y si el hombre vuelve a casarse, comete adulterio. Para la mujer tiene aplicación lo inverso, que sólo san Marcos dice explícitamente (Mar 10:12). Incluso la añadidura discutida «no en caso de fornicación» no puede cambiar nada en el principio dado por Jesús. Si se entiende esta adición en el sentido que de algún modo se pueda disolver el vínculo del matrimonio como tal, entonces se desplomaría toda la doctrina de Jesús expuesta en 19,3-9. La Iglesia, por encargo de su Señor, se mantiene aferrada hasta el día de hoy en esta firme resolución. Porque la Iglesia también observa la misma obediencia que ha de exigir a cada uno de sus miembros. Por eso es tan importante este diálogo, porque muestra la posición de Jesús ante la ley. Aquí Jesús deroga formalmente una disposición de la ley del Antiguo Testamento, así como antes ha anulado la legislación del Antiguo Testamento sobre la pureza (15,0). Sigue estando en vigor que Jesús no ha venido para abolir «la ley o los profetas», sino para «darle cumplimiento» (5.17). Pero también puede formar parte del cumplimiento de la ley que una disposición particular sea derogada o sustituida por una nueva orden. Esto aquí no ocurre por la propia plenitud de poderes, sino por el recurso a la primitiva voluntad del Creador. Se hacen valer de nuevo la pureza y la genuina intención de la voluntad de Dios, tal como han sido expresadas al principio. Pero el hecho de que el orden de la creación y el mandamiento de Moisés se puedan contraponer mutuamente y el hecho de que el orden inicial se ponga de nuevo en vigor sólo pueden explicarse por la pretensión de Jesús de ser el definitivo revelador de la voluntad de Dios. Sólo puede hacerlo el Mesías. En cualquier otro sería una presunci6n blasfema. Aquí aparece de nuevo el estilo que ya conocemos: «Pero yo os digo» (5,22)… 10 Los discípulos le dicen: Si tal es la situación del hombre con respecto a la mujer, no conviene casarse. 11 él les respondió: No todos entienden esta doctrina, sino aquellos a quienes se ha concedido. 12 Porque hay incapacitados para el matrimonio que nacieron así del seno materno, y hay incapacitados a quienes así los hicieron los hombres, y hay incapacitados que ellos mismos se hicieron así por el reino de los cielos. Quien pueda entender, entienda. Si hay que ligarse mutua e indisolublemente para toda la vida, entonces resulta gravoso casarse. Así puede entenderse la réplica aterrada de los discípulos. La libertad del hombre ¿no está entonces coartada de un modo insoportable? ¿Sólo tiene el hombre ante sí el camino del matrimonio, y además con este vínculo, que aquí se tiene la sensación de que es una carga y una tortura? Esta réplica dada con la primitiva manera de pensar del hombre vulgar, hace que Jesús añada otras palabras, que abren un segundo camino. Estas palabras se introducen de un modo significativo con la observación de que no todos son capaces de entender lo que se dice a continuación. Sólo son capaces de entender aquellos a quienes se ha concedido. Esto también es un misterio del reino de los cielos, cuya comprensión se concede desde arriba. El hombre no la tiene por sus propias fuerzas, sino por don de Dios (cf. 13,11). Nos podemos disponer para esta comprensión, pero no nos la podemos dar. Se puede estar agradecido por ella, si alguien la obtuvo, pero no se puede reprochar a nadie que no la tenga. De lo que se trata se nos aclara en la última parte de la respuesta (que consta de tres grados): hay incapacitados para el matrimonio que ellos mismos se hicieron así por el reino de los cielos. El reino de Dios reclama todo el interés del hombre. También puede reclamar la renuncia al matrimonio y a la familia, más aún, como se dice en estos versículos, la renuncia voluntaria y permanente a la satisfacción del apetito sexual. Entonces todo el vigor íntegro del hombre puede emplearse para el servicio del reino de Dios. Toca a todos los discípulos emprender la aventura de buscar primero el reino de Dios y su justicia (6,33); pero sólo a algunos de ellos realizarla y aplicar su persona a ello con tal amplitud, que incluso abandonen la tendencia innata en el hombre de dar satisfacción a su vida sexual. Los capaces de entender son aquellos a quienes se les ha concedido. Aquí probablemente no sólo se piensa en la comprensión, sino también en el seguimiento de esta otra vocación. Para dicho seguimiento en primer lugar se requiere la inteligencia, pero además la renuncia magnánima. Puesto que la palabra de Jesús queda así vibrando y postula consciente apertura en el oyente, preferimos también dejarla con esta apertura. En la vida de la Iglesia a través de los siglos se testifica que esta aventura magnánima se emprende en forma duradera, y también se testifican los frutos para el reino de Dios, que se originan de esta renuncia.

1 COMENTARIO

  1. Muy bueno. Encuentro correcto todo lo que exponen.
    Muchas Gracias, en ocasiones nos hace falta leer y releer estas cosas.
    Dios les Bendiga Mucho.

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