Reflexión – ¿De Qué Se Recordarán?

“siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón” (2 Coríntios 3:3).

Dos predicadores, que no tenían buena relación, se encontraron en medio de la calle. Uno de ellos habló: “Oí su sermón hace pocos días y lo reconocí — usted le predicó hace 14 años atrás”. El otro, no se dejando abatir, replico: “Yo oí un sermón suyo desde hace tres semanas y no me recuerdo de una palabra siquiera de lo que usted dijo”.

Una lección puede ser sacada de esta historia. Nuestras vidas debían ser como buenos sermones, cargando un mensaje que deja una duradera impresión — motivando la vida de otras personas. Cuando vivimos de acuerdo con las enseñanzas del Señor, somos victoriosos en la busca de nuestros propósitos, tenemos la fuerza de Dios para sobrepasar los obstáculos del camino y contaminamos a todos que nos rodean con nuestra dicha. Somos un ejemplo a imitar y no un motivo para que todos si alejen de nosotros.

Cuando actuamos con cortesía y ternura, dejamos marcas de amor por donde pasamos. Cuando actuamos con honestidad y sinceridad, dejamos marcas de pureza en todos los ambientes. Cuando nuestras actitudes muestran obediencia y sometimiento a la Palabra de Dios, dejamos marcas de salvación y vida eterna en los corazones de todos los que nos conocen.

Cuando nuestras vidas son insignificantes y vacías, no inspiramos confianza, no sembramos esperanza, no fortalecemos y ni motivamos a los abatidos. El nombre del Señor no es engrandecido y, después de nuestra muerte, ningun señal  quedará en nuestro pase por esta vida.

¿Al dejar ese mundo, qué recordarán de usted?