Reflexión Cristiana – ¿Debemos Ser Ermitañosí ¡No!

“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:15, 16).

El Señor no nos dejó cualquier ejemplo de una vida religiosa alejada del mundo, esto es, de que debemos retirarnos como ermitaños para librarnos de todas las tentaciones. Nuestro Salvador, en Su sabiduría, nos demostró una calidad bien diferente de vida — no lo de fugarse de la relación con los hombres para un lugar separado o un desierto, pero el de vivir entre los hombres, con libertad e inocencia. A veces él se retiraba para momentos privados de oración, como nosotros veníamos a cumplir, pero, pasó la mayor parte de Su vida conviviendo con los hombres, para que pudiesen beneficiarse de Su enseñanzas y ejemplo. Está escrito: “Fue llevado al desierto para ser tentado” y no que haya vivido allá para evitar la tentación. Él nos mostró como negar el mundo sin alejarse de él. (Adaptado de texto de John Tillotson (1630-1694)

Somos cristianos y el Señor espera que seamos Sus testigos, tanto en nuestra casa, como en nuestro barrio, en nuestra ciudad y por todos los lugares por donde pasemos. No somos del mundo, pero, no debemos alejarnos de él. No somos de las tiniebla pero no podemos fugarnos de ellas. Somos luz y, por tanto, debemos alumbrar el camino por donde muchos pasarán, y se hallarán, y se salvarán.

¿Estaremos siempre libres de tentaciones y de luchasí No. El Señor nos avisó: “En el mundo tendréis aflicciones”. Sin embargo, es exactamente en este mundo de aflicciones que Él espera que estemos. Él nos mandó a tener buen ánimo y nos aseguró que la victoria jamás dejaría de ser nuestra.

El pecado no es mayor que la santidad; la angustia no es mayor que el regocijo; las tinieblas nunca suplantarán la luz. Somos los hijos de Dios y Él siempre estará con nosotros.

Mientras estamos en el mundo — y no debemos querer salir de él — somos la luz del mundo. Las aflicciones son pasajeras, pero, la alegría nos acompañará por todo el eternidad.

¿Prefiere separarse en su santidad o ser una bendición en el mundo?