Reflexión Cristiana – Un Rastro De Amor

“aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda” (Isaías 1:17).

El misionero Chester Scott construyó una pista de poso y despegue en Zaire, a pesar de no tener ningún avión. Algunos se escarnecían de él, pero, prosiguió hasta el fin de la obra.

El primer avión a utilizar la pista fue de misioneros fugándose del peligro. Todos que lo buscaron, alcanzaron la libertad a través de aquella pista.

Que maravilloso ejemplo de servicio para Dios. Un hombre determinado a ayudar, a auxiliar, a extender la mano, a ofrecer su tiempo y su vida en pro de su prójimo. Un verdadero misionero del Señor.

Hay personas que trabajan solo para sí mismas. No se importan con los que están a su lado y ni se alegran con la victoria de los otros. Creo que tanto nuestras conquistas como las de los que queremos bien son regocijo para nuestras almas y motivo de que glorifiquemos el nombre del Señor Jesús.

Este final de semana yo recibí un email de alguien que estimo mucho. Es un grande ayudador de esta obra misionera. Él pasó por momentos muy difíciles durante más de tres años. Luchó con perseverancia y fe y… ¡venció! ¡Aleluya! Lloré de alegría al oír su relato. ¡Como me hizo bien al corazón oírlo contar sobre la gran victoria alcanzada! Y es siempre así con aquéllos que se preocupan por los amigos.

El misionero de nuestra historia estaba en África y, pudiendo se empeñar en construir una bella casa, o adquirir confort para sus días en aquel lugar difícil, prefirió pensar en los misioneros que, con peligro de vida, luchaban por la causa de los que aún no conocían al Salvador. Estaban arriesgando sus vidas y, en determinado momento, necesitarían de socorro. Y allá estaba el misionero con su
pista lista. Era escarnecido por muchos, pero, aplaudido por los ángeles del Señor. Glorias a Dios por su trabajo de amor.

La pista de Scott fue un rastro de amor. ¿Ha dejado usted, también, rastros de amor por dónde pasa?

“aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda” (Isaías 1:17).

Por Paulo Barbosa