Los Cristianos, el esperar y el prepárarse

“DECÍA: EL TIEMPO SE HA CUMPLIDO…” (Marcos 1:15)

La Biblia nos relata: “Después que Juan fue encarcelado, Jesús fue a Galilea predicando… Decía: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado…” (Marcos 1:14-15). Para llegar a ser predicador, lo normal es que la persona se forme durante unos tres años para un ministerio al que dedicará alrededor de treinta años. Jesús hizo justo lo contrario: se preparó durante treinta años para un ministerio que duró tres. ¿Qué queremos decir con esto? La calidad de tu preparación determinará la calidad de la ejecución de tu tarea. Los mejores pianistas invierten cientos de horas ensayando antes de un concierto. Saben que son esas horas agotadoras de preparación las que harán que su actuación sea excelente. Los mejores boxeadores no son campeones de la noche a la mañana en el cuadrilátero. En él se les da el reconocimiento, pero su éxito llega como consecuencia de su dura rutina diaria.

En cada una de las etapas de tu desarrollo, sucede algo importante. Por ejemplo, Dios puede hacer que conozcas a alguien hoy que va a jugar un papel importante en tu vida dentro de veinte o treinta años. Si vas acelerado, a lo mejor no te detendrás lo suficiente para conectar con esta persona, lo cual sería una gran pérdida. La espera también revela las deficiencias de tus planes. Seguro que alguna vez has mirado atrás y dicho: ‘¡Gracias, Señor, por librarme de eso!’ Cada fase de la vida tiene su beneficio y da su fruto; pero tendrás que aprender a reconocerlo. Antes de que Jesús lanzara su ministerio público, leemos: “Y Jesús siguió creciendo en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y con los hombres” (Lucas 2:52). Jesús entendió el valor de esperar y de ser formado, y estaba dispuesto a esperar y prepararse. Tú debes hacer lo mismo.