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“.EL SEÑOR SE ACUERDA DE QUE SOMOS POLVO”(Salmo 103:13-14)

Debido a que en nuestros días la esperanza de vida es mucho más elevada, muchos de nosotros nos encontramos cuidando a familiares mayores y enfermos. Pero ¿quién cuida de los cuidadoresí ¿Quién se ocupa de sus necesidadesí Si eres uno de ellos, aquí te damos unas pautas que debes aplicar, por tu propio beneficio:

Primero, pide ayuda. En palabras de John Donne: “No somos islas”. Al principio te dará un poco de vergüenza pedir ayuda, pero a medida que lo haces te sentirás más cómodo. Confecciona una lista de las áreas en las que tu ser querido necesita asistencia, y sé específico: tareas del hogar, transporte, finanzas, bañar y vestir a la persona etc. Si recibes alguna negativa, no lo tomes de forma personal, sino busca en otro lugar. A tu alrededor hay personas esperando a que alguien les pida algo, hombres y mujeres que se sienten felices y realizados cuando sirven.

Segundo: Relaciónate con otros en situaciones similares y no trates de “reinventar la rueda”. Aprovecha los recursos que haya en tu iglesia, los programas de tu comunidad, los grupos de apoyo, los centros de tercera edad e Internet. Involucra a tus familiares, amigos y vecinos. La Biblia dice: “A uno que prevalece contra otro, dos lo resisten, pues cordón de tres dobleces no se rompe pronto” (Eclesiastés 4:12).

Tercero: Recuerda que eres humano, y Dios lo sabe. No te sientas culpable por tus sentimientos negativos; Dios “.se compadece. de los que lo temen, porque Él. se acuerda de que somos polvo” (Salmo 103:13-14). Ocuparse de las necesidades de alguien y olvidarnos de las nuestras parece algo muy noble, pero puede acabar en sentimientos de culpa, en ira, depresión y agotamiento. Tus emociones afectan tu salud, por ello, al permitirte “sentir lo que sientes”, no sólo te mantendrás sano sino que podrás seguir desempeñando el papel de cuidador eficaz y compasivo.