Lo que significa servir. Parte 2

“HAYA… EN VOSOTROS ESTE SENTIR QUE HUBO TAMBIÉN EN CRISTO JESÚS” (Filipenses 2.5)

Escribe Pablo: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo…” (Filipenses 2:5-7). Para poder servir a Dios, debes enfocarte en los demás en lugar de en ti mismo. Mucho de lo que hacemos es servirnos a nosotros mismos. Servimos para ser admirados, o para lograr nuestras propias metas. Algunas de las cosas que hacemos son más manipulación que ministerio; pensamos en nosotros y lo nobles y maravillosos que somos. Incluso hasta usamos nuestro servicio para “negociar” con Dios: “Señor, hago esto para ti si tu haces esto por mí…” Los verdaderos siervos no usan a Dios para sus fines, sino que dejan que Dios los use para los Suyos. Dios se fija siempre mucho más en la actitud que en los logros.

El rey Amasías perdió el favor de Dios porque “hizo… lo recto ante los ojos del Señor, aunque no de perfecto corazón” (2 Crónicas 25:2).  Olvidarse de uno mismo es una lucha diaria, una lección que tenemos que aprender continuamente. Podrás comprobar si tienes corazón de siervo por tu manera de reaccionar cuando te tratan como a tal. ¿Cómo respondes cuando crees que no te valoran lo suficiente, o te mangonean, o te miran por encima del hombro? Jesús dijo: “A cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos” (Mateo 5:41). Seguro que a veces piensas: ‘No es justo. No hago más que dar a esta persona, pero nunca recibo nada a cambio.’ Persiste en el servicio, “sabiendo que el bien que cada uno haga, ése recibirá del Señor…” (Efesios 6:8).