Compromiso y valentía en la Biblia

“LEVÁNTATE… ¡ANÍMATE Y PON MANOS A LA OBRA!” (Esdras 10:4)

Terry Fox corrió a través de todo el país de Canadá y levantó veinticuatro millones de dólares para combatir el cáncer. Pero lo más increíble es que lo hizo con una sola pierna; el cáncer le había quitado la otra. Se había propuesto recorrer una media de veintiséis millas por día, pero debido a unos dolores de cabeza intensos, a la nieve y a los caminos helados, después de un mes no había conseguido cubrir más que ocho millas diarias. ¿Qué le hizo seguir? Que el propósito de su corazón era más fuerte que el dolor de su cuerpo. Podían amputarle la pierna, pero no el espíritu. El compromiso es la disposición a hacer lo que sea necesario; es una promesa a ti mismo de la que no te vas a retractar. Hay una gran diferencia entre el interés y el compromiso. Cuando tienes interés, actúas sólo cuando te conviene, pero cuando te comprometes, las excusas no cuentan, sólo los resultados. Tú eres el único que decide si las recompensas merecen los esfuerzos requeridos, puesto que se necesita gran compromiso.

No puedes tener un cuerpo sano y alimentarte de comida basura. No esperes un salario fijo si acabas de lanzar tu propio negocio. Si pasas montones de horas delante del televisor, seguro que no sacarás “sobresalientes” en tus exámenes. El compromiso demanda un precio. Por otra parte, tampoco hagas caso a los críticos; Jesús no los tuvo en cuenta: “Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo… No temas, cree solamente” (Marcos 5:36). En palabras de Ralph Waldo Emerson: “Emprendas el camino que emprendas, siempre habrá alguien que te diga que te has equivocado. Surgirán dificultades que te harán creer que tus detractores tenían razón. Trazarse unas metas y proseguir el camino marcado requiere mucha valentía.”