La tentación en los Cristianos. Primera parte

“JESÚS FUE… TENTADO…” (Mateo 4:1)

Las tentaciones de Cristo en el desierto son la respuesta a dos preguntas:

1) ¿Quién es tentado? ¡Todos! Si Jesús fue tentado, tú también lo serás. Podrás vencer la tentación, pero no podrás evitarla. Satanás intentó distintos métodos con Jesús, y lo mismo hará contigo. Ser tentado no quiere decir que no estés en la voluntad de Dios, sino que satanás no va a dejar de gobernar tu vida sin antes luchar para evitarlo. La batalla comienza en el momento en que decides servir al Señor, y los ataques serán diarios. Por lo tanto, “vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11).

2) ¿Cuándo eres tentado? Cuando tienes que desempeñar un papel importante en el plan de Dios; entonces te conviertes en blanco primordial del enemigo. Mateo 4:1 relata: “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.” Pero veamos lo que precede a este episodio: “Y Jesús, después que fue bautizado, subió enseguida del agua, y en ese momento los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y se posaba sobre Él. Y se oyó una voz de los cielos que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:16-17). La tentación es un cumplido; demuestra que has sido llamado por Dios. Y también una confirmación; es prueba de que estás caminando en su voluntad. Después de las tentaciones de Jesús leemos: “Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.” (Lucas 4:14). Y tú también serás lleno del Espíritu Santo después de vencer la tentación.