Caminar sobre las aguas. Parte 2

“…LA BARCA ESTABA… AZOTADA POR LAS OLAS, PORQUE EL VIENTO ERA CONTRARIO” (Mateo 14:24)

Destaquemos lo siguiente:

1) Las dificultades no son señales de que Dios te ha abandonado. Los discípulos aprendieron que aunque Jesús no estaba siempre a la vista, siempre estaba al alcance. “Caminar por fe, no por vista” (2 Corintios 5:7) conlleva que a veces vas a tener que moverte a oscuras, sin estar muy seguro de dónde vas. Alguien dijo: “Cuando no puedes tocar Su mano, puedes confiar en Su corazón. Mientras los discípulos eran zarandeados cual corcho en medio de las olas, Jesús estaba orando por ellos en el monte. Él sabía en qué problema se encontraban y estaba preparando la solución; Él era su mediador y quien suplía sus necesidades. De igual manera, Él tiene una mano en tu necesidad y la otra en la respuesta, “…ya que vive siempre para interceder por [ti]” (Hebreos 7:25 NVI). ¿Puedes visualizar a Jesús pidiéndole al Padre por sus atemorizados discípulosí ¿Y puedes imaginar al Padre negándose a contestar sus oracionesí ¡Jamás! “…El Espíritu mismo intercede por nosotros…” (Romanos 8:26). Si tanto Jesús como el Espíritu Santo están intercediendo por ti ante el Padre, tu victoria está garantizada.

2) Entre la orden de ir y tu llegada con seguridad al otro lado, a veces se desencadena una crisis. Jesús pidió a sus discípulos que fueran a la otra orilla, pero antes de llegar, fueron sujetos a gran peligro y a necesidad. ¿Qué está azotando tu vida hoy: la pérdida de un ser querido, culpabilidad, soledad, problemas financieros, una enfermedad, una adicción, rechazo? Cuando nuestra fe está por los suelos y nuestro temor por los cielos, solemos lamentarnos: ‘Si no hubiera hecho o aquello; si pudiera…’, etc. Aprende a confiar en Dios. Él tiene la última palabra en la situación. ¡Y todavía no la ha dicho!