¡Has sido adoptado por Dios! Parte 1

“…HABÉIS RECIBIDO EL ESPÍRITU DE ADOPCIÓN…” (Romanos 8:15)

Leemos en la Biblia: “…Habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo…” (Romanos 8:15-17). Los padres adoptivos saben lo que es tener un vacío en el corazón, buscar, embarcarse en una misión y responsabilizarse de un niño con un pasado turbulento y un futuro incierto. Eso mismo hizo Dios contigo. Aunque sabía de sobra que le darías problemas y le costarías caro, Él te buscó, te encontró, pagó el precio, te llevó a Su casa, te dio Su nombre y el derecho de llamarle “Abba”, es decir, “Papá”, un término muy cariñoso.

La adopción no es algo que ganas, sino un regalo que recibes. Nunca oirás decir a unos padres adoptivos: ‘Queremos adoptar a Juanito, pero primero queremos saber si tiene una casa, dinero para pagarse los estudios, transporte escolar y ropa que ponerse.’ La agencia de adopción les diría: ‘Un momento, ustedes no lo adoptan por lo que tiene sino por lo que necesita. Y lo que necesita es amor, esperanza, un hogar y un futuro.’ No se puede ganar el Espíritu de adopción, sino que se recibe por fe. Éste es un concepto fundamental, porque significa que si no lo puedes ganar con tus esfuerzos sobrehumanos, tampoco lo perderás por mal comportamiento. ¡Y eso debería tranquilizarnos! Pero hay algo más: eres heredero de todo lo que posee tu Padre. Es decir, que nunca tendrás ninguna necesidad que Él no pueda suplir. ¿No es algo fantástico?