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Acostúmbrate a orar. Parte 3

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“DIOS SÍ ME HA ESCUCHADO, HA ATENDIDO A LA VOZ DE MI PLEGARIA.”(Salmo 66:19)

Escribió el salmista: “Si en mi corazón hubiera yo abrigado maldad, el Señor no me habría escuchado; pero Dios sí me ha escuchado, ha atendido a la voz de mi plegaria” (Salmo 66:18-19 NVI). Ni esas debilidades de tu carácter que estás procurando corregir, ni tu tendencia a tropezar de vez en cuando te dejan fuera de la bendición de Dios. Pero sí el pecado que “abrigas”. Cuando oramos, lo primero que Dios quiere tratar es sin duda lo último que tú quieres mencionar; es decir, ese pecado que te niegas a soltar y que te mantendrá alejado del lugar de oración. Cuando Adán pecó, se escondió de Dios diciendo: “Oí tu voz en el huerto y tuve miedo, porque estaba desnudo…” (Génesis 3:10).

Billy Graham afirmó: “Los cristianos deberían tener el apetito de orar, deberían anhelar orar. No se tiene que forzar a un niño sano a que coma. Cosas como el ejercicio, la buena circulación sanguínea, la salud y el trabajo requieren alimento para sostenerse. Lo mismo ocurre con los que son sanos espiritualmente. Éstos tienen apetito de la Palabra de Dios y de la oración. Una niña cometió cierta fechoría y cuando su madre lo descubrió comenzó a interrogar a la hija. Inmediatamente la niña perdió su sonrisa y una nube oscureció su rostro, mientras decía: ‘Mamá, no tengo ganas de hablar.’ Así nos sucede cuando la comunicación con Dios se ha roto en nuestra vida y no nos sentimos “con ganas” de hablar con Él.”

Si no sientes ganas de orar hoy, ésa es una buena señal de que es eso justamente lo que necesitas.

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