Las comparaciones son odiosas. Parte tres

“YO PLANTÉ, APOLOS REGÓ; PERO EL CRECIMIENTO LO HA DADO DIOS” (1 Corintios 3:6)

Hacer comparaciones es señal de inmadurez espiritual. Pablo escribió a los Corintios: “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, no alimento sólido, porque aún no erais capaces; ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales. En efecto, habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales y andáis como hombresí Pues cuando uno dice: «Yo ciertamente soy de Pablo», y el otro: «Yo soy de Apolos», ¿no sois carnalesí ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolosí Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo ni el que riega, sino Dios que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa, aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor” (1 Corintios 3:1-8).

Si conoces bien los dones que Dios te ha dado y el propósito de tu vida, no tendrás la necesidad de medirte por la velocidad del corredor que va en el carril de al lado ni por la eficiencia del jugador de tu equipo en distinta posición de la tuya. Cuando hagas tuya esa verdad, serás sanado de cualquier sentimiento de ineptitud y podrás ser capaz de disfrutar de los dones de los demás y felicitarlos. Eso mismo también te ayudará a que liberes a tus hijos de los celos entre hermanos y les demuestres que el éxito no consiste en ser alguien que no eres, sino en dar lo mejor de ti mismo y dejar que Dios te haga el mejor a sus ojos.