biblia-abierta-con-fuegoCuando Dios enciende un fuego debajo de ti

“HUBO UNA GRAN PERSECUCIÓN… Y TODOS… FUERON ESPARCIDOS…” (Hechos 8:1)

No era el propósito de Jesús que sus discípulos se asentaran cómodamente en Jerusalén y se quedarán allí. Él les había pedido “…que se predicara en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:47). Es decir, que sólo tenían que quedarse en Jerusalén el tiempo suficiente para ser llenos de poder y luego debían llevar el Evangelio al mundo entero. Sin embargo, ellos “…volvieron a Jerusalén… y estaban siempre en el Templo, alabando y bendiciendo a Dios” (Lucas 24:52-53). Es bueno esperar en Dios para recibir la dirección y el poder para llevar a cabo sus instrucciones, pero no conviene querer repetir experiencias anteriores. “…Recibiréis poder… y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). ¿Qué hizo Dios para sacarlos de su comodidad? ¡Encendió un fuego debajo de ellos! “...Hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén... Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hechos 8:1-4).

Todos estamos convencidos de que el evangelio ha de ser predicado a toda nación, pero muy pocos estamos dispuestos a dejar nuestro lugar e ir a otro. No nos importa orar, ni siquiera pagar, pero no queremos salir de donde estamos. Sin embargo, cuando Dios tiene una misión para ti, hará lo que sea necesario para que te muevas. No va a consentir que te pierdas tu destino, así que permitirá ciertas pruebas que te harán mover del lugar en que te encuentras. No puedes volver a vivir el pasado, ni enmarcarlo. Y no puedes guardarte para ti solo las bendiciones de Dios. Si Él ha encendido un fuego debajo de ti, te está diciendo: “¡Es hora de moverse!”