duda-y-fe-puertasPasar de la duda a la fe

“…SEÑOR… AUMÉNTANOS LA FE…” (Lucas 17:5)

¿Por qué tenemos tantas dudasí

1) Porque dudar satisface nuestra necesidad innata de autoprotección. No nos gusta equivocarnos, ni que nos hieran, ni fallar; nuestro subconsciente nos susurra: ‘Es más fácil no confiar, tener expectativas muy bajas, así no te decepcionarán.’ Pero lo cierto es que ya te sientes decepcionado, por culpa de la propia duda.

2) Dudar es el camino más fácil. No es que nos despertemos por la mañana y digamos: ‘Hoy voy a dudar de Dios.’ No, la duda entra porque existe un vacío, el cual ocupa cuando no hacemos lo que es debido. “…La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Si no llenas tu mente de la Palabra de Dios, las dudas te asaltarán continuamente.

3) Porque en el mundo abundan los escépticos. Muchas personas a nuestro alrededor se complacen en ver siempre los obstáculos y las dificultades, los cuales abren la puerta a la incertidumbre. Y cuando esa corriente empieza a fluir, nos dejamos arrastrar por ella.

4) Porque dudar es contagioso. Es más fácil coger el virus de la duda que el del catarro; ese virus son las palabras. Dice la Biblia: “…Has quedado atrapado en los dichos de tus labios” (Proverbios 6:2). Las palabras que pronuncias tienen el poder de levantarte o de hundirte, de incrementar tu fe o de socavarla. Algunas ejemplos de lo que nos decimos son: ‘¿Qué voy a hacer?’ en lugar de ‘Lo podré manejar con la ayuda de Dios.’ O ‘Es horrible’ en lugar de ‘Aprenderé de esto.’ O ‘No hay ninguna salida’ en vez de ‘Nada es demasiado difícil para Dios.’ Las palabras son poderosas, puesto que determinan tu forma de ver la vida y de enfrentarla. Por lo tanto, para poder pasar de la duda a la fe, tendrás que empezar a eliminar de tu vida todas las afirmaciones que no concuerden con la Palabra.

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