el-llamado-de-Dios-2“…TODAS LAS COSAS ME PARECEN PURA PÉRDIDA CUANDO LAS COMPARO…” (Filipenses 3:8 CST)

El precio de cumplir el llamado de Dios. Parte 1

No llegarás a ver realizados tus sueños a menos que estés dispuesto a pagar el precio. No se paga el precio solo una vez, sino a lo largo de toda una vida.

Primero, tenemos el precio inicial. Tendrás que tomar decisiones personales que a veces resultarán dolorosas. Tal vez tengas que abandonar avenidas atractivas y relaciones que valoras, porque no encajan en el plan de Dios para tu vida. Para poder dejar cosas que te han dado seguridad, e incluso identidad, se necesita mucho coraje, y la gracia que sólo puede provenir de Dios. En el currículum vitae de Pablo se encontraba el pedigrí de descender “…del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo” (Filipenses 3:5).

Antes de ser apóstol, Pablo había sido alguien importante y adinerado. Afirman los eruditos que cuando entregó su vida a Cristo, es muy probable que su familia y amigos hubieran celebrado una especie de entierro, considerándolo “muerto” para ellos a partir de ese momento. El llamado de Pablo era extender el Evangelio a toda Asia y escribir la mitad el Nuevo Testamento. Pero las grandes empresas demandan grandes sacrificios. Aunque Pablo no fue el único. “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija del faraón, prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Dios, antes que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de los egipcios, porque tenía puesta la mirada en la recompensa” (Hebreos 11:24-26). La pregunta es, entonces: ¿Te ha dado Dios algún sueño? ¿Tienes la fe y la fortaleza para llevarlo a cabo? ¿Has considerado el costo y estás dispuesto a pagarlo?

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