amar-Dios-projimo“…EL HIJO DEL HOMBRE NO VINO PARA SER SERVIDO, SINO PARA SERVIR, Y PARA DAR SU VIDA EN RESCATE POR MUCHOS.” (Marcos 10:45)

¿Cómo amar a Dios, y al projimo?

Si amas a Dios, amarás a los demás y darás tu vida (tus comodidades,tus derechos, tu agenda, etc.) por ellos; son dos cosas que no se pueden separar.

Lee los evangelios: está muy claro que el amor del Señor se dirigía siempre hacia las personas de todas las razas y en todas las situaciones, personas poderosas y débiles, aceptables o rechazadas, jóvenes y bellas o cubiertas de heridas, y – como no – también los niños.

¿Cuántos destinos fueron cambiados cuando se detuvo y se inclinó para bendecirlos?

La congregación en tiempos de Jesús lo entendió. Lo compartieron todo (Ver Hechos 2:44).

Incluso estaban dispuestos a vender sus posesiones para cuidar los unos de los otros. En vez de pensar en sus propias necesidades, pensaban en los demás primero. Y sorprendentemente, sus necesidades personales fueron suplidas mientras tanto. ¡Así son las cosas!

Su disponibilidad a servir humildemente los unos a los otros les trajo el favor de los de fuera,quienes fueron llevados al amor de Dios.

Cuando te entregas a Dios, te comprometes a lo que Él está comprometido: a amar a la gente.

Bruce Wilkinson señala: “Dios no vino al jardín del Edén para cuidar los racimos de uvas con el fin de ganar el primer premio. Vino a cuidar a sus hijos. Cristo no vino para erigir edificios públicos, ni para cotizar pensiones, tampoco para escribir una obra literaria maestra, y mucho menos para ganar un puesto en el consejo escolar.”

No, vino para las personas heridas, para ponerles en el camino, y para darles gozo. Eh, tú, que sabes lo que buscas, que persigas tu meta, que organizas muy bien tu tiempo, que consigues lo que quieres, ¿no te estás olvidando de algo? ¡Los demás!