llamado-de-Dios-servicio“ÉL NOS SALVÓ Y LLAMÓ…” (2 Timoteo 1:9)

Aceptando tu tarea en el cuerpo de Cristo

Tú estás en la Tierra para contribuir en algo. En el Reino de Dios tienes un lugar, un propósito y una función para cumplir; ¡eso hace tu vida valiosa! Quizás creciste creyendo que “ser llamado” era algo que solamente el clero experimentaba. ¡No es así! En la Iglesia china dan la bienvenida a los nuevos creyentes diciéndoles: “Jesús tiene ahora unos ojos nuevos para ver, oídos nuevos para escuchar, manos nuevas para trabajar, y un corazón nuevo para amar a los demás”.

Imagina que tu hígado decidiese empezar a vivir para sí mismo y que diga: “¡Estoy cansado! Voy a tomarme un año de vacaciones sólo para alimentarme. Que otra parte del organismo se encargue de hacer mi trabajo”. ¡Tu cuerpo moriría! Hoy en día miles de iglesias y ministerios están en apuros porque los cristianos son reacios a servir. Están sentados en los bancos como espectadores, dispuestos a dar dinero pero no tiempo, y el trabajo de Dios se resiente.

Escucha: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo y miembros cada uno en particular” (1 Corintios 12:27).

No hay ministerios insignificantes. Puede que algunos sean más visibles que otros, pero todos son esenciales. Algunas veces, los ministerios más desapercibidos ¡son realmente los más valiosos! En tu casa, la luz más importante no es la que está en el salón. No, es precisamente aquella lucecita que por la noche impide que te golpees el dedo del pie cuando vas al baño. No hay correlación entre tamaño e importancia. Todo ministerio cuenta porque todos dependemos los unos de los otros para poder funcionar. Así que, a lo largo de este día, ten este pensamiento en mente con toda claridad: “Mi vida importa en el Reino de Dios. ¡Lo que hago, influye y tiene importancia!”.

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