carcel-manos-barrotes“EL SEÑOR ES MI PASTOR, NADA ME FALTARÁ” (Salmo 23:1)

La cárcel de necesidad

¿Cuál es la única cosa que te separa de la felicidad? Completa el espacio en blanco:

“Seré feliz cuando ————“.

Ahora, con ese pensamiento claro en tu mente, responde a la pregunta siguiente: Si nunca lo consiguieras, ¿podrías ser feliz?

Si tu respuesta es negativa, estás viviendo en una cárcel de necesidad. Piensa: Si tienes un Pastor, tienes gracia para todo tipo de pruebas, dirección para cada curva de experiencias, y un ancla para todo tipo de tormentas.

Tienes todo lo que necesitas, ¿de acuerdo? ¿Y quién te lo puede quitar? Reconsidera tu postura. ¿Acaso no eres privilegiado al formar parte del mayor de los reinos – el de Dios?

Pablo escribió: “…he aprendido a… vivir humildemente y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado…” (Filipenses 4:11b,12).

Lo mismo había aprendido la leprosa de Tobago. Un misionero la conoció en un viaje de misión. El último día cuando estaba dirigiendo la alabanza en la leprosería, preguntó si alguien tenía una canción favorita.

Una mujer sin orejas, sin nariz, sin labios y la cara más desfigurada que jamás había visto, levantó la mano sin dedos y preguntó: “¿Podríamos cantar: ‘¿Ves Las Bendiciones…?’?”.

El misionero empezó la canción pero no pudo terminarla. Más tarde alguien le comentó: “Supongo que nunca más podrá volver a cantar esa canción”. “No es así”, respondió, “la cantaré de nuevo – pero nunca de la misma manera”.

La verdad es que cuando puedes decir: “El Señor es mi Pastor, nada me faltará” (Salmo 23:1), estás cubierto – ¡tienes todo lo que necesitas!”.

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