confianza-seguridad-en-DiosTu importancia y seguridad en Dios

“…SOMOS HIJOS DE DIOS Y AÚN NO SE HA MANIFESTADO LO QUE HEMOS DE SER…” (1 Juan 3:2)

Todos nosotros anhelamos ser valorados por lo que somos, y no solamente por lo que hacemos. De manera que buscamos la aprobación de los demás. Cuando eso no ocurre, buscamos aceptación adquiriendo más objetos, negocios, actividades interminables, obsesión por las apariencias, comida, o dinero. ¿Te suena eso familiar?

Mientras buscas tu importancia y seguridad en cualquier otra fuente que no sea Dios, te estás preparando para llevarte una gran decepción, porque ciertas personas, lugares y cosas siempre tendrán la habilidad de desviarte. Así que, ¡sé inteligente! Identifica tus áreas de peligro y protégete. La verdad es que, a no ser que cambies tu definición de importancia y seguridad y la transfieras al Único que te puede proporcionar ambas cosas, nunca las experimentarás.

Hacer esa “transferencia” implica dos pasos: (1) Identificar las cosas y las personas de las cuales sacas tu importancia y seguridad; (2) Reemplazarlas con la verdad de que tu importancia y seguridad están basadas en tu relación con Dios, y nada más.

Pregunta: ¿Tiendes a “meter la pata” cuando estás rodeado de ciertas personas, en determinadas situaciones, cuando estás en cierto estado de ánimo? Si es así: (a) Ora más, haciendo que Jesús sea Señor sobre tus relaciones, deseos y estados de ánimo; (b) Aprovecha mejor el tiempo; (c) Deja de construir el futuro sobre tu pasado. Si has fracasado y has caído (¿y quién no?), levántate de nuevo.

Escucha: “…somos hijos de Dios” (1 Juan 3:2). ¿De quién eres hijo? ¡De Dios! ¡Menudo parentesco! Escucha otra vez: “…y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser” (1 Juan 3:2b). ¡Caramba! ¡Tus mejores días están aún por llegar! Eres importante y estás seguro
¡porque eres del Señor!