Una fe que es única

Una fe que es única

“LO HE TRAÍDO A TUS DISCÍPULOS, PERO NO LO HAN PODIDO SANAR” (Mateo 17:16)

¿Has notado alguna vez que cuando ciertas personas tienen problemas, siempre es por culpa del pastor, de la iglesia, del cónyuge, del jefe, de la familia y sus raíces, del aspecto físico, de la posición social, o por cualquier otra razón? Muchas veces resulta difícil admitir que pusiste la mano en el fuego, ¡o que casi te ahogaste al tirarte de cabeza sin saber nadar!

Cuando este hombre se acercó a Jesús, le dijo: “…mi hijo… muchas veces cae en el fuego y… en el agua. Lo he traído a tus discípulos, pero no lo han podido sanar” (Mateo 17:16). Ni una sola vez dijo: “Tal vez heredó este problema a través de mí” o “Quizás, si lo hubiera criado de otra manera…”. No, sólo transfirió la responsabilidad a los discípulos, los cuales estaban en proceso de entrenamiento. Comprende esto: ¡no puedes resolver el problema hasta que no dejes de echarle la culpa a las personas o situaciones!

Cuando los discípulos preguntaron a Jesús: “¿Por qué no podemos hacer las mismas cosas que Tú?” (Ver Mateo 17:19), es como si preguntáramos: “¿Por qué mi matrimonio no funciona?”, “¿Por qué tengo deudas todavía?”, “¿Por qué mi vida no funciona como lo había planeado?”. Jesús respondió: “Por vuestra poca fe” (versículo 20). A menudo necesitas esa clase de fe que te hace sentir algo extraño, que no necesita la aprobación de los demás y que no le da importancia si encajas bien o no. Es la clase de fe que provocó a Noé decir: “Aun cuando nadie más de mi generación tenga fe, yo voy a construir este barco porque así Dios me lo mandó” (Ver Génesis 6:22). El apóstol Pablo dijo: “…habiendo acabado todo, esta(r)[d] firmes” (Efesios 6:13), porque a fin de cuentas, confiar en la Palabra de Dios es lo único que funciona.

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