“…HAY QUIENES RETIENEN MÁS DE LO JUSTO Y ACABAN EN LA MISERIA” (Proverbios 11:24)

En su día, J. Paul Getty fue el hombre más rico del mundo. Pero su tacañería llegó a ser tan conocida como su fortuna. Vestía trajes arrugados. Hasta instaló un teléfono público de paga en su casa de Sutton Place, una mansión inglesa del siglo XVI. Pero la peor muestra de su mezquindad tuvo que ver con su nieto.

J. Paul Getty III, un joven de 16 años, fue secuestrado en 1973 por una banda de criminales italiana que demandó 17 millones de dólares como rescate. Pero Getty se negó a pagarlos. Sólo cuando un trozo de la oreja derecha del chico fue enviado a un periódico de Roma, Getty cedió. Pero ni siquiera en esas circunstancias les quiso dar la cantidad total; acordó darles solamente una parte: 2.7 millones de dólares, alegando que era todo lo que podía conseguir. Afortunadamente, el muchacho fue encontrado vivo, cerca de Nápoles, pero había soportado abuso y cautividad durante cinco largos meses. Cuando Getty murió tres años más tarde, sus hijos, a quienes había desheredado hacia tiempo, y sus ex-esposas (se había casado y divorciado cinco veces) lucharon en los tribunales por su fortuna valorada en cuatro billones de dólares. Al final, la mayor parte del dinero fue a parar, ¡imagínate!, ¡al Museo Getty de Los Ángeles!

“¿Pero no tengo derecho a quedarme con lo que he ganado?”. Claro que sí, pero no estamos hablando de tus derechos, sino de tus responsabilidades delante de Dios. Él le dijo a Abraham: “...te bendeciré… y serás bendición” (Génesis 12:2b). ¡Eres bendecido para ser bendición! Cuando tienes más de lo que necesitas, eso son semillas. ¡Empieza a sembrarlas!