Complacer a la gente

“NO SIRVIENDO AL OJO, COMO LOS QUE QUIEREN AGRADAR A LOS HOMBRES…”  (Efesios 6:6)

Se necesita valentía para ser dirigido por el Espíritu de  Dios. No es fácil romper el “molde” en tu familia o salir de los  límites que otros te marcaron. Cuando lo hagas, afrontarás crítica.

Eso le pasó a Jesús. Cuando dijeron: “¿No es éste el hijo del  carpintero?” (Mateo 13:55), añadieron: “Debería quedarse donde  estaba…” (lee versículo 55b). Lo mismo pensarán de ti.

Hay dos clases de personas que siempre fracasan:[highlight] los que no escuchan a nadie y los que escuchan a todo el mundo[/highlight]. Pablo  escribió: “… cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí”  (Romanos 14:12). En la “revisión de cuentas” final, únicamente darás  cuentas al Señor. En aquel día descubrirás que no sólo es erróneo  juzgar a otros, sino que es igualmente incorrecto dejar que las opiniones de otros te controlen y que te hagan perder tu destino.

Demasiadas veces, nuestras acciones son motivadas no por un  sentido de propósito sino por una necesidad de agradar. Nos  preocupamos tanto por lo que ciertas personas piensan que con cada paso giramos la cabeza para ver si se ríen o fruncen las cejas. Dios dice: “No tendrás dioses ajenos delante de Mí” (Éxodo 20:3). “Pero yo no adoro a ídolos”. Sí que lo haces cuando dedicas tu vida a  impresionar a la gente en vez de obedecer al Señor. “¿Pero quién soy yo para valerme por mí mismo/a?”. ¿Quién eres para no hacerlo? [highlight]Eres un/a hijo/a de Dios [/highlight]y como tal, tu primera responsabilidad es  agradarle a Él. La segunda es vivir tu vida plenamente. Vivir con finalidad es la manera de vivir de veras; cualquier otra forma no es más que existir.

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