La Parálisis Espiritual en la Vida Cristiana

“EDIFICÁNDOOS…” (Judas 20)

Un día, cuatro hombres se acercaron a Jesús, “trayendo a un paralítico…” (Marcos 2:3b), una condición en que la víctima quiere moverse pero no puede, debido a una parálisis. La espiritual se parece mucho a eso. Mientras todo el mundo a tu alrededor sigue adelante con su vida, tú te sientes paralizado. Sabes en tu interior que tienes lo que hace falta para tener éxito, pero tu espíritu no responde. ¿Qué está pasando? Simplemente esto: la tensión constante crea una presión que tarde o temprano da lugar al enfado.

Y el enojo constante produce cansancio. Te sientes débil. Nada te entusiasma. Un día parece al siguiente, hasta que gradualmente comienzas a creer que nada cambiará jamás. No importa si vives en una choza o en una mansión; a no ser que seas liberado en tu espíritu, es como vivir en una prisión.
Ahora bien, mientras una clase de parálisis espiritual te inmoviliza, otra te deja con emociones fuera de control. No puede seguir con lo que necesitas, como un empleo o una relación. Sabes que algo no funciona bien, pero no lo puedes cambiar. Con todo, otro tipo de parálisis espiritual deriva del agotamiento mental, emocional y físico. Cuando la gente está constantemente sacando de ti, tarde o temprano te quedas “seco”. Es imposible ser un aliciente continuo a otros sin llegar a estar desalentado, exhausto y agotado. Es por eso que tienes que seguir llenando tu propio “pozo” en la Fuente.

Sea como sea tu condición de “parálisis” hoy, encontrarás tu respuesta en Jesús como este hombre la encontró. Él da alegría, libertad y propósito a la vida. Así que, niégate a vivir paralizado, fuera de control y agotado un solo día más. Y una cosa más: aprende a “edific(ándoos)[arte]…en el amor de Dios…” (Judas 20).