Si no hay riesgo, ¡no hay recompensa!

“…CADA UNO SOMETA A PRUEBA SU PROPIA OBRA…” Gálatas 6:4)

Mira bien en qué queda tu existencia y decide lo que cuenta. Las palabras más tristes de la vida se encuentran en una lápida que dice: “Cuando llegó la hora para morir, no había vivido”.

Nos asusta tomar riesgos e intentar cosas nuevas. Pensamos: ‘¿Y si fallo?’. ¿Qué pasaría? No será tu primer error. Probablemente no será el más grave que hayas cometido. A no ser que falles en algo realmente espectacular como intentar de subir el monte Everest o cruzar nadando el Canal de la Mancha, probablemente no será tu última equivocación. Puedes contar con una cosa: salga lo que salga, crecerás en sabiduría, experiencia y carácter. En otras palabras, te harás más sabio sólo por haberlo intentado.

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Rick Warren escribió: “Cuando era joven, hubiera podido hacer cien pruebas de facultad y capacidad y nunca habría descubierto que estaba dotado para la enseñanza, porque ¡jamás lo había hecho! Era sólo después de comenzar a aceptar las oportunidades de hablar que vi los resultados, recibí la confirmación de parte de la gente y comprendí que Dios me había dotado para esto”.

A no ser que estés dispuesto a arriesgarte a involucrarte, no vas a saber en qué eres bueno. El camino hacia el éxito nunca es sin error. Pero después de todo, el camino al fracaso tampoco lo es. Así que, la elección es tuya. Y por eso Pablo escribió: “…cada uno someta a prueba su propia obra y entonces tendrá, solo en sí mismo y no en otro, motivo de gloriarse” (Gálatas 6:4). Si no hay riesgo, ¡no hay recompensa!