La “enfermedad” de querer quedar bien

“¿ACASO BUSCO… LA APROBACIÓN DE LOS HOMBRES…? …NO SERÍA SIERVO DE CRISTO” (Gálatas 1:10)

Un joven músico dotado con mucho talento estudió bajo la tutela de un famoso profesor de violín. Llegaba el momento para su primer recital. Actuó magníficamente y recibió numerosos ‘¡Bravos!’. Curiosamente, pareció no oírlos, pero con inquietud siguió echando un vistazo a la primera fila. Hasta que no se levantó y asintió gentilmente un hombre de pelo canoso, el joven violinista no empezó a sonreír. ¡Su maestro había elogiado su trabajo! Había recibido la única aprobación que le importaba. ¿De quién buscas aprobación? ¡Sé honesto! Es importante saber lo lejos que estés dispuesto a ir para ganar la alabanza de otros, o para dejar que su opinión influya en ti. Pablo dijo: “…si hablamos es porque Dios nos aprobó… [no] procuramos agradar a los hombres, sino a Dios…” (1 Tesalonicenses 2:4). También dijo: “¿Acaso busco… la aprobación de los hombres…? …no sería siervo de Cristo” (Gálatas 1:10). Tavis Smiley dijo: “Quita tu enfoque de cómo te ven los demás. Deja de estar obsesionado con la necesidad de impresionar. No permitas que la aprobación de otros obstruya lo que opines de ti mismo”. En cuanto a Jesús, leemos que “…muchos… de los gobernantes… creyeron en Él, pero no lo confesaban por temor a los fariseos, para no ser expulsados…, porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios” (Juan 12:42-43).

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El Querer Quedar Bien

Recuerda, en cualquier momento que te pongas metas, establezcas límites o cambies viejas normas, vas a ser criticado por los que están acostumbrados que te comportes de cierto modo. Que tu valor sea tan fuerte como tus convicciones. No pares de hacer lo que sabes que es menester.

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