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“…LOS CURARÉ Y LES REVELARÉ ABUNDANCIA DE PAZ Y DE VERDAD” (Jeremías 33:6b)

La etapa “quirúrgica” de confesión y disculpa puede pasar rápidamente. La de “recuperación” de perdón, de curación y de restauración es más compleja y necesita más tiempo. ¿Te acuerdas de la última vez que llevaste el coche al mecánico? Lo trajiste por un problema y encontraron otros muchos de los que no eras consciente, pero que necesitaban atención. Asimismo, el proceso de curación enfoca asuntos que están relacionados con el problema principal, por ejemplo: la comunicación, la economía, el tiempo, la educación de los hijos o cuestiones íntimas. Si quieres tener una relación saludable, no hay atajos; tienes que tratarlos. Cuando intentes “hacer trampas” durante este proceso, el asunto pendiente seguirá socavando tus esperanzas de conseguir una relación íntegra y feliz. Así que, si todavía no lo has intuido, la labor de restauración no es para el cobarde o el perezoso. Pero las gratificaciones valen más que la pena, y por lo tanto, ¡prepárate!

Apoyaros mutuamente. Dios dijo: “Pagad… al que honra, honra” (Romanos 13:7b), porque es un principio que funciona. Rutinariamente, damos gracias al camarero, al taxista y a la dependienta en la caja. Es una cortesía arraigada e invaluable y viene bien practicarla. Las personas que están intentando de arreglar su relación necesitan el poder sanador que proviene de frecuentes dosis de cortesía. Quedarías asombrado del avance restaurativo que obtendrías simplemente con expresar tu aprecio. El “principio del respaldo” dice que lograrás más por lo que reconoces, y por lo tanto, recuerda de dar gracias incluso por el esfuerzo más pequeño que se haga para mejorar la situación. No sólo le/la honrarás, sino que le/la invitarás a que siga haciéndolo y “ingresarás” más “depósitos” de los que producen grandes “intereses” en tu “cuenta” relacional.

“ME HA ENVIADO A… VENDAR A LOS QUEBRANTADOS DE CORAZÓN…” (Isaías 61:1b)

Cuando infringes la confianza de tu cónyuge, estás causando un “déficit” en tu “cuenta” relacional, y la intimidad es reemplazada por una distancia emocional y física muy dolorosa. Siendo el ofensor, piensas que a pesar de tu disculpa y tu arrepentimiento, tu pareja herida todavía está exigiéndote y haciéndote pagar por ello. Pero no es así; tan sólo está baja de recursos emocionales, y su “depósito” está vacío. El mero hecho de mantenerse en pie le cuesta muchísimo. Esperar que sea la de siempre es como pedirle a un hombre sin piernas de apresurarse a caminar. No va a suceder…

¿Qué puedes hacer para ayudarla? Lo mismo que haces cuando tienes un déficit en tu cuenta corriente:

(1) Deja de “sacar fondos”.

No esperes que haga todo aquello que suele hacer por ti, ni a que te sirva. Recoge los platos sucios. Plancha la ropa. Rinde tu sentimiento de “tengo derecho a…” y practica el arte de Cristo de negarte a ti mismo. Por ahora, apóyate en Dios, en tu familia y en tus amigos creyentes para ayudarte a satisfacer lo que necesites temporalmente.

(2) Comienza a “hacer ingresos”.

Hazlo en pequeñas “cantidades” y con mucha frecuencia. “Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando…” (Lucas 6:38). A la larga, los constantes “depósitos” pueden cancelar el “déficit”, haciendo que, finalmente, vuestra relación sobreabunde. Calladamente, encuentra formas para que la vida de tu pareja sea más cómoda: pequeñas cortesías, gestos sensatos y pequeñas consideraciones que sirvan para sacaros a flote. Éstas son las cosas que invitarán a tu cónyuge a considerar que es seguro “apretar el botón” de “descongelar”, a empezar a tomar pequeños riesgos, a reconectar y a “tantear el camino” de nuevo.

  • Muy buen consejo, solo falta que la palabra le redargulla….

    Gracias por compartir.

  • No se por que me da la impresión, que este tipo de consejería, se apega más a métodos psicológicos que al de Dios. Me parece que la intención es buena, pero quienes en su momento lo usamos, solo vimos fracasos tras fracasos. El método de Dios, expresado en filipenses 2.5-11 es más eficaz porque invita a ambos, mujer u hombre, a ocupar el lugar que debemos ocupar, lo cual asegura o por lo menos aminora el que ninguno de los dos hiera y que ninguno de los dos, pueda llegar a sentirse herido. Este método, utilizado como ejemplo, por el mismos Jesucristo, a mi me ha dado mejor resultado, y a otras cientos de parejas, a les que les hemos podido dar consejería.