“Y DESCENDIENDO PEDRO DELA BARCA , ANDABA SOBRE LAS AGUAS PARA IR A JESÚS” (Mateo 14:29b)

Pedro comprobó que mientras mantengas tus ojos fijos en Jesús y sigas el plan, no caerás. Fíjate:

(1) Antes de meterte en algo, asegúrate de que es la voluntad de Dios para ti.

Pedro dijo: “Señor, si eres Tú, manda que yo vaya a Ti sobre las aguas” (Mateo 14:28) y Jesús le dijo: “Ven” (versículo 29). Antes de empezar algo como caminar sobre las aguas, ora y asegúrate de que es la voluntad de Dios. En otras palabras, obtén el plan del Señor y síguelo.

(2) No esperes que todos los que estén en tu “barca” te sigan.

“Caminar sobre las aguas” es una vocación solitaria; te separa de aquéllos que son tímidos y que están apegados a la seguridad. También tiende a atraer las críticas de ésos que piensan que les estás haciendo quedar mal.

(3) Si esperas al “buen tiempo”, podrías perder la oportunidad.

Cuando Jesús dijo: “Ven”, estaban en medio de una tormenta. Reconócelo, a todos nos gustaría que las “estrellas se alineasen” o que algún gran donante se hiciera cargo de todo el proyecto antes de dar un paso. Pero, ¿con cuánta frecuencia sucede esto? Pedro no estaba caminando sobre las aguas, ¡lo hacía sobre la Palabra ! ¿Qué te ha dicho el Señor que hagas? Deja de esperar las condiciones idóneas y ¡empieza ya!.

(4) No esperes un desempeño libre de errores.

Nadie camina sin titubeo. La Biblia describe a sus héroes con una frase: “…sacaron fuerzas de debilidad…” (Hebreos 11:34b). Todos los grandes hombres y mujeres de Dios que admiras pasan por periodos de “hundimiento” y claman: “Señor, ¡sálvame!” (Mateo 14:30b). ¿Y sabes qué? Él lo hará, y hará lo mismo por ti.

…MANDA QUE YO VAYA A TI SOBRE LAS AGUAS (Mateo 14:28b)

Pedro no caminó sobre las aguas en sus propias fuerzas, lo hizo con Jesús. Hoy, Cristo te invita a caminar con Él y experimentar sus milagros. ¿Por qué no vemos más de ellos en nuestras vidas? Porque:

(1) No oramos ni creemos que Dios los producirá.

Jesús dijo: “Si permanecéis en Mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho” (Juan 15:7). Tus oraciones le dan al Señor una invitación, una razón de entrar en escena y un canal por donde su poder milagroso puede fluir para cambiar las circunstancias. Pero tienes que orar y confiar en que Él lo hará.

(2) Pensamos que la época de los milagros ya pasó.

Las Escrituras declaran: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8). En realidad, nunca ha habido una “época de milagros”, sólo hay un Dios de milagros, y Él nunca cambia. De modo que, no le limites.

(3) Permitimos que el pecado arruine nuestra confianza.

Juan escribió: “…si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidamos la recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de Él”(1 Juan 3:21-22).

(4) Nos concentramos en la situación en vez de en el Salvador, y nuestra fe flaquea.

Cuando Jesús le dijo a Pedro: ¿Por qué dudaste? (Mateo 14:31b), Él estaba diciendo: “No dejes que esta tormenta te apabulle. Yo estoy aquí mismo contigo. Tu problema está bajo mis pies, y por lo tanto, bajo los tuyos también. Simplemente, mantén tus ojos en Mí, continúa andando por fe y ¡cumple el plan!”.