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La Simiente Multiplicada En la Vida de Abraham

SIMIENTE MULTIPLICADA SEGÚN LA BIBLIA

Dios declaró que la simiente de Abraham sería multiplicada, que sería altamente fructífera, y que sería el padre de muchas naciones. (Génesis 17:1-22)

Dios le prometió a Abraham que Sara – quien había pasado los años de poder tener hijos – daría a luz. ¡Abraham tenía 90 años cuando recibió esta promesa! Esta promesa fue innatural y al parecer, imposible. La Palabra de Dios para ti incluye promesas asombrosas. ¡Cree en Dios para las cosas grandes, inclusive para lo imposible!

Dios le dijo a Abraham que de sus entrañas vendría un hijo con quien se establecería un pacto. Aunque Dios bendijo a su hijo Ismael e hizo de él una gran nación, eran Isaac y su descendencia quienes recibieron las promesas del pacto. ¿Qué valor tiene esta parte del pacto contigo espiritualmente? Vamos a reconstruir la historia…

Inicialmente después de recibir la promesa de un hijo, Abraham intentó realizar la bendición del pacto por sus propios esfuerzos. Ismael nació de una sirvienta llamada Agar con quien Abraham tuvo relaciones. Abraham sabía que Dios quería que él fuera el padre de una gran nación y le parecía imposible que de su esposa Sara, vieja y estéril, le diera un heredero. Así que Abraham mismo se encargó del asunto y nació Ismael.

¿Pero de quién era el poder detrás de Ismael, de Abraham o de Dios? ¿Fue el intento de cumplimiento de la bendición prometida algo provocado por el hombre o por Dios?

¿Nació de la carne o del Espíritu? Ismael representa tus intentos para alcanzar las bendiciones de Dios. Puedes hacer presente un “Ismael” en el escenario de tu vida en cualquier momento por medio de tus propios esfuerzos, pero un “Isaac” ha de nacer por Dios y en Su momento.

¿Quién es la fuente de tus bendiciones? ¿Quién es la fuente de tu visión espiritual?

¿Quién es la fuente de tu ministerio? ¿Es tu visión un esfuerzo inútil de la carne para conseguir poder y fama, o nace del Espíritu de Dios? ¿Es hora que nazca “Isaac” en tu espíritu?

Para que suceda esto, “Ismael” – la carne – tiene que ser expulsado. Dios le dijo a Abraham que Isaac, el hijo del Espíritu, no podía habitar en la misma casa con Ismael, el hijo de la carne.

Dios te está diciendo lo mismo que a Abraham: “No llores por Ismael [propio esfuerzo], porque de Isaac nacerá tu descendencia.” El cumplimiento del destino divino viene por el Espíritu de Dios, no por las obras de tu carne. Haz a un lado todo esfuerzo propio, tus planes, tus ambiciones, y tus ideas preconcebidas.

“Ismael”, nacido por tu carne, debe ser expulsado para que tu “Isaac” espiritual pueda crecer en vigor.

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