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La Vida de Abraham: No Seas Excluido

NO SEAS EXCLUIDO SEGÚN LA BIBLIA

¡Imposibles! ¡Geniales! ¡Increíbles! Estas son las palabras que describen las promesas del pacto con Abraham que hemos visto en estos últimos posts. ¡Y estas promesas son tuyas por medio de Jesucristo! Pero recuérdate, al igual que un heredero en el mundo natural tiene que reclamar su herencia – estas maravillosas promesas sólo son tuyas si tomas posesión de ellas.

En los próximos meses aprenderás que una de las principales razones por la cual Israel fue excluido de la Tierra Prometida fue por su incredulidad. En Cades, Dios mandó a Israel que avanzara y que tomara posesión de la tierra que le fue prometida por el pacto Abrahámico.

Caleb y Josué animaban al pueblo de Israel a tomar posesión, pero cuando los israelitas escucharon el informe negativa de diez de los doce espías, se llenaron sus corazones de incredulidad. (Números 13:30-33)

Israel se negó a creer a Caleb y a Josué. Escucharon los informes negativos de los otros espías los cuales echaron por tierra su fe. No creían que podían conquistar la tierra. Se negaron a creer en las promesas de Dios.

Hebreos 3:19 narra que “…no pudieron entrar por causa de su incredulidad.” (Hebreos 3:19 RV1960)

¿Por qué no se están manifestando las promesas del pacto Abrahámico en las vidas de muchos creyentes?

A causa de su incredulidad. No creen que las promesas sean para ellos. Hemos estudiado las extraordinarias promesas dadas a Abraham y aprendimos como se extienden hasta nosotros, pero si no creemos y actuamos en torno a esta revelación, no lograremos recibirlas.

De la misma forma en que la incredulidad excluyó a una generación entera de la tierra prometida, te impedirá a tomar posesión de estas promesas. La incredulidad apaga el flujo sobrenatural de energía vital de Dios.

En el Evangelio de Marcos encontramos uno de los ejemplos más tristes de unas personas excluidas de experimentar la gran manifestación de las promesas de Dios. Jesús hizo grandes prodigios por doquier que fuera. Sanó a los enfermos y resucitó a los muertos.

Abrió los ojos ciegos y expulsó demonios. Pero cuando Jesús fue a Nazaret, no podía realizar grandes prodigios: “En efecto, no pudo hacer allí ningún milagro, excepto sanar a unos pocos enfermos al imponerles las manos. Y él se quedó asombrado por la incredulidad de ellos…” (Marcos 6:5-6 RV1960)

No se le imponía ningún límite a Jesús en Nazaret porque Su poder o misión se hubiera agotado. La única cosa que impedía a esta gente de recibir las bendiciones de Dios fue su propia incredulidad.

Amado que me lees: Lo que diga Dios, ¡créelo! No permitas que la incredulidad imponga un límite en las obras de Dios en tu vida o impedirte de recibir estas promesas.

No permitas que la incredulidad te excluya. Si tienes dificultades en creer las promesas de Dios, grita como lo hizo un padre desconsolado¡Creo! —exclamó de inmediato el padre del muchacho—. ¡Ayúdame a mi incredulidad! (Marcos 9:24 RV1960).

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