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La paz de Dios En El Libro de Colosenses

La paz de Dios En El Libro de Colosenses

Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Colosenses 1:2b

En el escrito anterior aprendimos que por medio de la palabra de Dios tenemos la presencia y la gracia permanente. Más no debemos dejar de lado «La paz» como un don, el cual viene y recibimos de nuestro buen Dios y Padre.

La paz de la cual habla el apóstol Pablo aquí, no es un desmayo psicológico superfluo que se vive de poseer las comodidades materiales del mundo. Aunque justifiquemos y estemos agradecidos por ellas a Dios. Este tipo de paz no depende de las comodidades materiales o físicas, sino que, ella te libera de las cadenas de las comodidades físicas, de los métodos y de cualquier cosa que el dinero pueda obtener.

Esta paz de Colosenses 1:2 es totalmente diferente esa paz neutral y que ganamos automáticamente al estar en Cristo según Romanos 5:11. Pero no debemos olvidar que está ligada a ella. Pablo dice, Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Estar en paz con Dios es una consecuencia verdadera de nuestra relación con él. La justicia de Dios fue satisfecha por medio del sacrificio de Cristo en la cruz.

Pero aquí, en Colosenses 1, Pablo está enseñando sobre una experiencia de paz verdadera y real en la mente y el corazón. La paz, lo mismo que la gracia viene de Dios y es un reposo en la confianza de que lo que Dios prometió lo cumplirá. Esa es nuestra seguridad en la cual podemos tener reposo y tranquilidad de que nada nos separara del amor de Dios que es en Cristo Jesús.

Creo que la mejor forma de explicar sobre esta paz es apuntar lo que hace en nosotros cuando pasamos por crisis, dolor y desilusiones de la vida diaria. El apóstol Pablo pensaba en ese glorioso fruto del Espíritu Santo en nuestros corazones que nos dice:

«Un huracán puede arrasar mi casa y quitarme a mi familia, pero mi vida está escondida con Cristo en Dios» (Colosenses 3:3).

«Un terrorista loco puede cortar mi cabeza, pero nada puede separarme del amor de Dios en Cristo Jesús, mi Señor» (Romanos 8:35).

«Un cáncer terminal puede matar mi cuerpo, pero Dios hace que todas las cosas funcionen para el bien de los que aman a Dios y son llamados conforme a sus propósitos» (Romanos 8:28).

«Una mujer u hombre infiel puede irse y no regresar, pero Dios ha prometido que no me dejará ni me abandonará» (Hebreos 13:5).

«Los perseguidores de la fe pueden estar atrás de mí y tomar mis bienes, pero puedo estar feliz que tengo un tesoro, permanente, una herencia incontaminada e inmarcesible, guardada para mí en el cielo» (Hebreos 10:34; 1 Pedro 1:4).

La vida cristiana victoriosa y abundante es de paz, gozo y satisfacción tan profundos en Dios que nada ni nadie pueden avalarlas.

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