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3 Claves Bíblicas Para Una Predicación Eficaz: ¿Qué Pasos Debería Seguir Para Ser Un Buen Predicador Según La Biblia?

¿Qué Pasos Debo Seguir Para Ser Un Buen Predicador Según La Biblia?

Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:19-21).

Deseo compartirte hoy 3 claves simples para que seas un predicador eficaz

Es impresionante como el Dios creador haya decidido hablar a su pueblo por medio de la escritura, la Biblia. Dios quiso revelarse por medio del escrito de diferentes hombres guiados directamente por su Espíritu (2 Pedro 1:19-21). Esto es su superabundante gracia, así que, si esto no te llama la atención, es mejor que no seas un predicador.

Una convicción fascinante de que la Biblia es la comunicación directa y personal de Dios a su pueblo es la fuente de una predicación eficaz. En efecto, el hombre que responde al llamado para predicar asume una enorme responsabilidad que debe estar impregnada de un santo temor. No es algo que debamos hacer a la ligera y casualmente.

Predicar No Es Un Juego

Antes de hacer 20 años practiqué un poco de box, nada profesional claro y después hice un poco de fisicoculturismo. El gimnasio se llamaba Nautilos, era el gimnasio oficial del IPD, entrabamos por la puerta 4 del estadio nacional, esta puerta daba acceso a lo que es la tribuna de occidente. Al contrario de la federación de box la cual se encontraba atrás de la puerta 4, allí donde estaba ubicada la famosa tribuna sur.

Recuerdo que llegaban muchos jóvenes como yo interesados en el box, con certeza habían visto pelear a Mike Tyson y tal vez por videos a Muhammad Ali con famoso Ali Shuffle, ellos pensaban que podían intentar suerte en el box con poco esfuerzo.

En esa época en el gimnasio Nautilos se practicaba el fisicoculturismo (creo que continúa así) Cuando los fisiculturistas entraban a la federación de box, ellos pensaban que el deporte de los puños podía ser fácil, pero nos divertía cuando parecían suponer que sus brazos de Zimbad el marino, sus pechos hercúleos y sus abdominales de fierro los harían rápidamente invencibles en el ring.

No era así, y no era invencibles. Algunos de ellos eran simplemente impacientes, no estaban dispuestos a dedicar el tiempo necesario para aprender lo básico. Eran los tipos que solo querían ponerse unos guantes, saltar por las cuerdas y empezar a golpear, muchos de ellos llevaban su merecido por pensar que el box era fácil.

Por lo general, a los dos minutos empezaban a darse cuenta de que, sin el entrenamiento y la habilidad adecuados, los músculos grandes no significan mucho en el boxeo. No es algo a lo que se juegue, sea cual sea el físico, el boxeo es algo serio. Si no sabes lo que estás haciendo, puedes salir malherido.

De la misma manera, predicar también es un asunto serio. No es un juego. Por un lado, realmente puedes ayudar a la gente. Pero la predicación que no está basada en la sabiduría bíblica, la exégesis fiel y la habilidad homelética puede causar un daño a grandes escalas. Si nos lanzamos al ring sin comprender los fundamentos, los riesgos son altos. Antes de subir al púlpito y dar rienda suelta a tus grandes ideas o retóricas radicales, tenemos que aprender a hacer lo que estamos llamados a hacer.

Ver, Probar, Saborear y Predicar

Siendo todo esto cierto, la predicación no es básicamente complicada. Sí, hay numerosos factores que hay que considerar cuando se piensa en qué decir y cómo decirlo, pero me gustaría sugerir que toda la predicación bíblica fiel comparte una única característica. Nace del corazón de un hombre que ha visto las grandes verdades en la Biblia, ha saboreado y probado lo que ha visto y se presenta ante el pueblo de Dios para decir lo que ha visto. La predicación fiel puede ser mucho más que esto, pero no debería ser menos.

Si toda gran predicación fluye de ver grandes cosas en la Biblia, entonces prepararse para predicar puede ser a menudo un proceso relativamente simple – intelectualmente difícil, pero prácticamente simple. Si quieres predicar bien y con seguridad -de manera que ayude a sus oyentes en lugar de perjudicarlos- debes leer, orar, estudiar y reflexionar sobre las Escrituras hasta que te permitan ver. Tienes que ver, por el poder del Espíritu, lo que Dios ha dicho. Y como esta visión viene a través del Espíritu, por la gracia de Dios también saborearás lo que ves: cuando realmente veas, tu corazón cantará en forma de predicación.

Así que aquí está en una sola frase: Después de que hayas acudido a la Biblia y esta te haya proporcionado dulces y gloriosas verdades, debes dedicar tiempo a pensar en cómo contar a otros lo que Dios te ha mostrado, y cómo se aplica a sus vidas. Eso, en pocas palabras, es el proceso de preparación para predicar, y todo comienza con ver.

No Olvides El Objetivo

Ahora bien, hay estrategias buenas y sabias que debemos emplear para ver. Hay maneras de ayudarnos a saborear las eternamente gloriosas verdades de la Biblia. Y hay buenas claves homiléticas que informan cómo podemos predicar efectivamente desde el púlpito lo que debe ser dicho.

Pero todas nuestras estrategias y métodos deben servir al mismo objetivo: debemos ver, saborear y decir lo que Dios ha dicho para que el pueblo de Dios pueda ver, saborear y ser transformado en la imagen de su Hijo amado, Jesucristo. Todas las herramientas exegéticas y homiléticas que utilizamos son simplemente medios para facilitar que veamos, saboreemos y prediquemos lo que Dios ha revelado en su palabra, para el bien del pueblo de Dios y la gloria de su nombre.

Predicar es algo serio y pesa

Tendrás que esforzarte mucho para predicar bien. Pero antes de enfrascarte en los detalles, antes de empezar a traducir, trazar argumentos y leer comentarios, asegúrate de tener clara la idea básica de tu tarea. La predicación fluye del corazón de un hombre que ha visto grandes verdades en la Biblia, ha saboreado lo que ha visto y no puede esperar para compartirlo con otros lo que vio.

Así que, mi querido predicador, acude a la palabra de Dios. Pídele a Dios que te abra los ojos para ver grandes cosas en su palabra. Ora para que lo que veas encienda tu corazón con pasión. Y luego, para la alegría de su pueblo y la fama del nombre que está por encima de todo nombre, te pongas de pie y digas lo que viste.

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