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¿Qué Dice La Biblia Sobre El Fariseo Y La Prostituta?

El Fariseo y la Prostituta En La Biblia

Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; más aquel a quien se le perdona poco, poco ama (Lucas 7:47 RV1960).

Un día, Jesús estaba comiendo en casa de un fariseo cuando entró una prostituta. La mujer le besó los pies y les echó perfume. El fariseo que había invitado a Jesús vio esto y se dijo: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora (Lucas 7:38-39 RV1960). Pero Simón el fariseo se equivocó. No es que Jesús no lo supiera, ¡es que no le importaba! Ese día, Él perdonó su pecado y la envió por su camino redimida, restaurada y redirigida.

Esta historia confirma lo que ya sabemos: Jesús vino a salvar a los pecadores de la calle y a los hipócritas de la iglesia. Nadie está fuera del alcance de su gracia. Con eso en mente, piensa de esta manera:

(1) ¡Nunca olvides de qué te salvó Dios!

Fíjate en lo que Jesús le dijo a Simón el fariseo: «Quien ha sido perdonado de poco, mostrará poco amor» (Lucas 7:47). Recordando los pecados de su pasado, David escribió: ‘Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová» (Salmo 40:2-3 RVR).

(2) Recuerda que Jesús no mira tu pasado sino tu futuro

La multitud vio a esta mujer como una mala hierba, pero Jesús la vio como una rosa, y la regó. En otras palabras: si necesitas el perdón de Dios hoy, acude a Jesús. Y si has sido perdonado, derrama tu corazón hacia Él en alabanza y adoración.

Nuestra lectura bíblica de hoy:

Éxodo 39-40,

Lucas 16:1-18

Parábola del mayordomo infiel

1 Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes.

2 Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.

3 Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza.

4 Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas.

5 Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo?

6 El dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta.

7 Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. El le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta.

8 Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz.

9 Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.

10 El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.

11 Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?

12 Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?

13 Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

14 Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él.

15 Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.

La ley y el reino de Dios

16 La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él.

17 Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley.

Jesús enseña sobre el divorcio

18 Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera.

Salmos 135

La grandeza del Señor y la vanidad de los ídolos Aleluya.

1 Aleluya. Alabad el nombre de Jehová; Alabadle, siervos de Jehová;

2 Los que estáis en la casa de Jehová, En los atrios de la casa de nuestro Dios.

3 Alabad a JAH, porque él es bueno; Cantad salmos a su nombre, porque él es benigno.

4 Porque JAH ha escogido a Jacob para sí, A Israel por posesión suya.

5 Porque yo sé que Jehová es grande, Y el Señor nuestro, mayor que todos los dioses.

6 Todo lo que Jehová quiere, lo hace, En los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.

7 Hace subir las nubes de los extremos de la tierra; Hace los relámpagos para la lluvia; Saca de sus depósitos los vientos.

8 El es quien hizo morir a los primogénitos de Egipto, Desde el hombre hasta la bestia.

9 Envió señales y prodigios en medio de ti, oh Egipto, Contra Faraón, y contra todos sus siervos.

10 Destruyó a muchas naciones, Y mató a reyes poderosos;

11 A Sehón rey amorreo, A Og rey de Basán, Y a todos los reyes de Canaán.

12 Y dio la tierra de ellos en heredad, En heredad a Israel su pueblo.

13 Oh Jehová, eterno es tu nombre; Tu memoria, oh Jehová, de generación en generación.

14 Porque Jehová juzgará a su pueblo, Y se compadecerá de sus siervos.

15 Los ídolos de las naciones son plata y oro, Obra de manos de hombres.

16 Tienen boca, y no hablan; Tienen ojos, y no ven;

17 Tienen orejas, y no oyen; Tampoco hay aliento en sus bocas.

18 Semejantes a ellos son los que los hacen, Y todos los que en ellos confían.

19 Casa de Israel, bendecid a Jehová; Casa de Aarón, bendecid a Jehová;

20 Casa de Leví, bendecid a Jehová; Los que teméis a Jehová, bendecid a Jehová.

21 Desde Sion sea bendecido Jehová, Quien mora en Jerusalén. Aleluya.

Proverbios 7:21-23

21 Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras, Le obligó con la zalamería de sus labios.

22 Al punto se marchó tras ella, Como va el buey al degolladero, Y como el necio a las prisiones para ser castigado;

23 Como el ave que se apresura a la red, Y no sabe que es contra su vida, Hasta que la saeta traspasa su corazón.

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