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¿Qué Significa Aborrecer Padre, Madre, Mujer Según La Biblia?

¿Por qué dijo Jesús aborrecer padre y madre, mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, Para Ser Sus Discípulos en Lucas 14:26?

Las palabras de Jesús siempre fueron radicales y desafiantes para su tiempo, sobre todo por su condición Judío. Muchas de sus historias, ejemplos y parábolas eran difíciles de comprender:

«Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.… Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?»… Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él» (Juan 6:53, 60, 66).

Algunas de sus palabras eran complicadas para obedecer:

«Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno» (Mateo 5:29-30).

Otras de sus enseñanzas eran duras de conciliar con los principios conocidos por sus propios discípulos en la época y debido a su religión:

«Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo» (Lucas 14:26).

De cierta forma, estas palabras duras servían para separar la paja del trigo, a los hombres de los niños, a los fanáticos de los seguidores, y a la multitud que venía por pan, de los verdaderamente comprometidos. Después de «colar a las personas» solo los verdaderos discípulos se quedaron con Él.

Dios nos ha llamado a amar, honrar y proveer para nuestras familias. Esto está escrito en la Biblia:

«Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra» (Efesios 6:3).

«Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella» (Efesios 5:25).

El amor, el honor y la provisión para la familia es un principio establecido en la palabra de Dios. Es más, ¡El Señor quiere que nos amemos a nosotros mismos! Pero este amor no es igual al amor del mundo que se ama a sí mismo. El «amor propio» verdadero no es igual al ser «narcisista»; y no va en el sentido de colocarnos primero, antes que a los demás; ni mucho menos nos anima a alimentar nuestros egos o construir los reinos del Yo.

La Confianza En Dios

Dios quiere que tengamos una imagen sana de nosotros mismos y una confianza pura y santa, ¿qué es una visión sana de uno mismo? Es aquella que sabe que fuiste creado por Dios y redimido por Jesucristo. Cuando entendemos que somos amados por el Dios Todopoderoso, la confianza pura y santa vendrá como la luz de la aurora.

«Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» (Efesios 2:10).

Cuando nos damos cuenta de que Dios es el Maestro Artista y nosotros somos su creación, solo hay una visión de nosotros mismos con la que podemos salir, ¡y es que somos obras maestras! Dios no produce otra cosa que no sean obras maestras; Él no produce obras de arte pintadas con números, no hace garabatos fuera de las líneas, y Sus colores no sangran. Dios es el artista supremo y ha elegido crearnos como sus obras maestras. Eso es lo que nos da «confianza en Dios».

Pero también, tenemos confianza en Dios cuando nos damos cuenta de que hemos sido redimidos por la preciosa sangre de Jesucristo, comprados por precio, y liberados para la vida eterna.

«Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación» (1 Pedro 1:18-19).

¿Cuán valioso eres? ¿Cuál es tu valor? El valor de algo está determinado por lo que alguien está dispuesto a pagar. Si tienes una casa, y tú piensas que vale un millón de dólares, no valdrá un millón, hasta que alguien quiera pagarte un millón por ella. Eso significa que Jesús vio en ti y en mí tanto valor, que el precio que pagó por nosotros fue su propia vida y toda su sangre. Realmente nuestro valor es incalculable a los ojos de Dios. Esta verdad debe animarnos y ayudarnos a entender, lo que la Escritura dice en Mateo 19:19: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

Pero, muchos cristianos se centran en «amar al prójimo», pero pasan por alto el hecho de que, para hacerlo, debemos amarnos a nosotros mismos.

Dios nos ha llamado a amar, honrar y proveer a nuestras familias. Y Dios quiere que nos amemos a nosotros mismos. Entonces, ¿qué pasa con las palabras duras que Jesús dijo?

«Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo» (Lucas 14:26).

¿Qué significa esta advertencia para nosotros? ¿Cuál Es El significado de aborrecer Según La Biblia?

Es cierto que Dios no desea que hagamos la guerra con nuestras familias, mucho menos con nosotros mismos. Él no nos está incentivando a maldecir a nuestras esposas, o que no seas obediente a tus padres, o que nos causemos algún tipo de daño. Él utiliza la palabra aborrecer de una manera intencional para captar rápidamente nuestra atención, estremecernos y llevarnos a reflexionar en lo que dice.

Es una cuestión de elegir prioridades. Cuando Jesús dice que debes «aborrecer» a tu familia y «aborrecer» tu propia vida, simplemente está diciendo que, en comparación con tu amor por Mí, tu amor por ellos debe parecer aborrecer. Este era el uso común de la palabra «aborrecer» en la cultura hebrea. Significaba que uno amaba una cosa o una persona de forma tan radical e intensa, que cualquier otro amor comparado con él era como aborrecer. Tenemos un buen ejemplo de ello en el relato de Jacob, Lea y Raquel.

Jacob amaba a Raquel y quería casarse con ella. Acordó trabajar para el padre de Raquel durante siete años para conseguir casarse con ella. Pero después de siete años, fue engañado por Labán para casarse con su hermana, Lea, en su lugar. Aun así, él seguía amando a Raquel, así que trabajó más tiempo y se ganó el derecho de casarse también con Raquel, el verdadero amor de su vida.

«Y se llegó también a Raquel, y la amó también más que a Lea; y sirvió a Labán aún otros siete años. Y vio Jehová que Lea era menospreciada, y le dio hijos; pero Raquel era estéril» (Génesis 29:30-31 RV1960).

El versículo citado no dice que Jacob maltratara a Lea, sino que comparado con el amor por Raquel, era como si la aborreciera. De la misma forma, cuando Jesús dice que para ser su discípulo debes «aborrecer» a tu familia y «aborrecer» tu propia vida, está diciendo que en comparación con tu amor por Mí, tu amor por todo lo demás debe ser como aborrecer algo.

Amado hermano, hay un alto precio a pagar para ser discípulo de Jesús. En el momento que te conviertas en un discípulo, Dios deberá ser tu prioridad por encima de todas las cosas. Quiere decir, colocar la voluntad de Dios por encima de cualquier compromiso social, familiar que puedas tener. Deberás entender que el discipulado no es algo más que debes hacer en tu agenda, sino que es el estilo de vida de la nueva criatura, es un corazón con amor, es madurez, y es la culminación del propósito de Dios hacia sus recompensas.

Amar más a Dios es igual a Amar más al prójimo

«Cuando aprenda a amar a Dios más que a mis seres queridos, amaré a mis seres queridos mejor que ahora. En la medida en que aprenda a amar a mis seres queridos a expensas de Dios y en lugar de Dios, no amaré a mis seres queridos». – C.S. Lewis

Hay un principio bíblico aquí, cuanto más amemos a Dios, más amor tendremos por nuestras familias. Cuanto más enamorados de Jesús estemos, más tiempo pasaremos con él, de esta manera su amor nos irá trasformando cada día.

Cuando decidimos caminar con Jesús, los frutos de su Espíritu serán más evidentes, seremos más amables, pacientes, atentos, menos orgullosos, menos egoístas, seremos más compasivos, comprensivos y perdonadores.

Cuando Dios ocupa el primer lugar y lo amamos con todo el corazón, más amor demostraremos a nuestras familias y al prójimo.

«Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor» (1 Juan 4:7-8).

Más amor a Dios, más amor para tu familia.

Así que, porque hoy no decides «aborrecer» las otras cosas, tal vez necesitamos avivar tu matrimonio, reconciliarte con tu esposa, abrir puertas para personar un amigo o un familiar que te daño. Entonces, es tiempo de ser un discípulo verdadero de Jesucristo, empieza a subir el volumen de tu amor por Dios y verás como comienza la transformación total de tu vida de amor.

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