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Las Malas Compañías En La Biblia Corrompen las buenas costumbres

Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres

14 Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes. 15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.

16 Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. 17 Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, 18 que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos.

19 Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. 20 Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles.

21 Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra. 22 Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor. 23 Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas.

24 Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; 25 que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, 26 y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él (2 Timoteo 2: 14 al 26).

Como padres siempre estamos preocupados por la influencia que la presión de los amigos tendrán sobre la vida de nuestros hijos. Una y otra vez nuestros hijos nos han explicado su conducta culpando a los demás: Ellos nos dicen: «¡Es que me dijeron que lo hiciera!» Y nosotros como padres siempre respondemos: «Si alguien te dijera que saltes de un edificio, ¿Te lanzarías?» Si lo analizamos en profundidad y con mucha honestidad, la respuesta sería «si».

En 1 Corintios 15:33, el apóstol Pablo nos advierte: “Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. (Aquí Pablo estaba citando al escrito y poeta, dramaturgo griego, Menandro).

El apóstol Pablo aplica el mismo principio en el pasaje de hoy. En el versículo 14, Pablo manda a Timoteo a advertir al pueblo de Dios “contender sobre palabras”.

En el versículo 16 describe además este tipo de discurso como “profanas y vanas palabrerías”.

No es solo el comportamiento de las personas que puede influenciar en nosotros, sino también sus palabras. Así como las malas compañías, la mala enseñanza también corrompe.

Para entender el tipo de enseñanza que desea transmitir, el apóstol ofrece un ejemplo específico en los versículos 17–18. Aunque sus nombres no nos son conocidos, Pablo nos da una idea de la enseñanza de estos hombres. Himeneo y Fileto enseñaban que la resurrección era solo espiritual y que la resurrección de los creyentes ya había ocurrido. Tal vez fueron, estos hombres fueron influenciados por una filosofía que llegó a conocerse como gnosticismo, una visión que no veía ningún valor espiritual en el cuerpo físico. Algunos maestros de la secta de los gnósticos concluían que no importaba lo que alguien hiciera con en el cuerpo.

Uno de los peligros de las falsas enseñanzas es que se disfrazan de verdad. Quienes lo promueven afirman representar a Cristo, casi siempre con promesas de revelar verdades nuevas u ocultas. Regularmente, los exponentes de estas medias verdades son muy argumentativos (v. 23).

El consejo del APÓSTOL Pablo a Timoteo es simple y MUY ACTUAL PARA NOSOTROS. HUYE DE LAS PASIONES JUVENILES, Y SIGUE LA JUSTICIA, LA FE, EL AMOR Y LA PAZ. PERO DESHECHA LAS CUESTIONES NECIAS E INSENSATAS, SABIENDO QUE ENGENDRAN CONTIENDAS. Enseñar pacientemente la verdad.

Oremos juntos:

Señor, te pedimos que nos bendigas con buenos amigos, que sean íntegros y fieles a ti. Une nuestros planes y propósitos con hombres y mujeres que siguen la justicia y la paz. Rodéanos de gente que ejerzan la fe y amor. Que podamos ser buenos amigos para los demás, en el nombre de Jesús. Amén.

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