Apocalipsis 9:13 Explicación | Estudio | Comentario Bíblico de Matthew Henry

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En estos versículos tenemos el toque de la sexta trompeta con los terribles resultados que siguen. Dicen dichos versículos en la NVI: «Tocó su trompeta el sexto ángel, y oí una voz que salía de las cuatro esquinas (lit. cuernos) del altar de oro que está delante de Dios. La voz dijo al sexto ángel que tenía la trompeta: Suelta a los cuatro ángeles que están atados a la orilla del gran río Éufrates . Y los cuatro ángeles que habían estado allí en reserva para este preciso momento de aquel día, mes y año, quedaron sueltos para dar muerte a la tercera parte de la humanidad. El número de las tropas de a caballo era de doscientos millones. Yo oí su número. Los caballos y los jinetes que yo vi en mi visión eran así: Los jinetes llevaban corazas de color rojo encendido, azul oscuro, y amarillo como el azufre. Las cabezas de los caballos parecían cabezas de leones; y de sus bocas salía fuego, humo y azufre. Por efecto de estas tres plagas murió la tercera parte de la humanidad; esto es, por el fuego, el humo y el azufre que salía de sus bocas. El poder de los caballos estaba en sus bocas y en sus colas; pues sus colas eran como serpientes; tienen cabezas y con ellas producen daño. El resto de la humanidad que no había perecido a causa de estas plagas, todavía no se arrepintieron de la obra de sus manos; no cesaron de adorar a los demonios, ni a los ídolos de oro, plata, bronce, piedra y madera ídolos que no pueden ver, ni oír ni andar . Ni se arrepintieron de sus homicidios ni de sus artes mágicas, ni de su inmoralidad sexual ni de sus robos».

Podemos subdividir esta sección en Apo 9:4 partes: 1) el toque de trompeta y la orden que se le da al sexto ángel (vv. Apo 9:13, Apo 9:14); 2) La suelta de los cuatro ángeles y el número de las tropas prestas para el combate (vv. Apo 9:15 y Apo 9:16); 3) La descripción de los caballos y de los jinetes (vv. Apo 9:17-19); 4) La reacción negativa de los hombres que sobrevivieron a las plagas (vv. Apo 9:20, Apo 9:21).

1. La sexta trompeta trae otro ejército diabólico desde el Éufrates. La voz de mando para su aparición sale «de entre los cuatro cuernos del altar, el de oro, el de delante de Dios» (lit.). Nada menos que cinco artículos determinativos, uno para cada elemento, designan enfáticamente en el original el lugar de donde procede la voz de mando.

(A) Así es como responde el Señor al grito de sus mártires (Apo 6:9) y a las oraciones de sus santos (Apo 8:4, Apo 8:5). Vemos, pues, que la gravedad de las plagas va en aumento. Esta plaga no parece corresponder a ninguna de las egipcias, a no ser a la décima o matanza de los primogénitos, aunque aquí no tiene resultado. Vemos que el altar tiene cuatro cuernos, como el del Templo de Jerusalén.

(B) Los cuatro ángeles que se mencionan aquí (v. Apo 9:14) no pueden ser identificados con los de Apo 7:1, pues aquéllos eran ángeles buenos, mientras que éstos no pueden serlo, pues aparecen atados, lo cual nunca se dice, en las Escrituras, de ningún ángel bueno (comp. con Apo 20:2 y Jud 1:6). Dice Grau (ob. cit., pág. 179):

Seguramente se trata de demonios que, debido a su peligrosidad especial, se hallaban encadenados, restringidos en su poder de hacer el mal. No obstante, son soltados para que lo hagan ahora y sirvan a los propósitos divinos de juicio. El río Éufrates formaba la frontera con el pueblo de Dios, y representaba la perpetua amenaza; del Éufrates solían venir las continuas invasiones que sufría el pueblo de Dios (Gén 15:18; Deu 1:7; Jos 1:4).

Efectivamente, allende el Éufrates se asentaban los grandes imperios de Asiria y de Babilonia. Así como de allí vinieron los grandes ejércitos que atormentaron al desobediente Israel, así también estas huestes demoníacas surgen de allí para castigar a este mundo sin Dios.

2. Para mostrar que no existe la casualidad, se da (v. Apo 9:15) el preciso momento: año, mes, día y hora (lit.). Hemos llegado al clímax de la operación montada por el Anticristo, pero surgida del propio infierno. Así también de esta región, según la profecía de Daniel, se nos dice que está destinada a ser el gran escenario de la última gran lucha entre los príncipes de este mundo y el pueblo de Dios. Como ya hemos apuntado en el comentario al toque de la quinta trompeta, tampoco al final del toque de esta sexta trompeta se producirá un sincero arrepentimiento de la humanidad, sino más bien una más dura obstinación. 200 millones (v. Apo 9:16) es el símbolo bíblico de una gran muchedumbre (v. Sal 68:17; Apo 5:11). Resulta curioso el que, según informes del año 1977, éste era, más o menos, el número de los soldados que la China comunista podía poner en pie de guerra. Sin embargo, es consolador recordar que, como en el caso de 2Re 6:16, podemos decir como Eliseo a su criado: «No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos» (comp. con 1Jn 4:4).

3. En los versículos Apo 9:17-19, se nos describen las monturas del ejército invasor, sus armas naturales y sus efectos concretos.

(A) Se nos dice (v. Apo 9:17) que los jinetes llevaban unas corazas impenetrables, rojas de fuego, azules de jacinto, y amarillas de azufre. El azufre (gr. theíon, divino) debe, sin duda, su nombre a sus misteriosas propiedades, que tanto valor tenían para los alquimistas, pues era indispensable para la transformación de los metales en oro. En la Biblia simboliza lo demoníaco; por eso, el infierno es presentado como «el lago de fuego y azufre». El azufre, al arder, presenta las siguientes características: es amarillo vivo en sí, tiene la movilidad y el calor del fuego, con una llama finamente azulada de tinte malva, y forma un humo agobiante y asfixiante, acre y penetrante. Apo 14:10, Apo 14:11 asocia el humo denso al fuego y azufre del infierno.

(B) Por eso, es infernal (v. Apo 9:17) lo que sale de las bocas de estos caballos diabólicos, con cabeza de león, lo cual indica su tremendo poder, un poder intelectual para engañar y embaucar a los mortales, a la vez que destilan de sus bocas toda clase de maldad, la propaganda demoníaca del Anticristo al usar todos los modernísimos elementos de la mass-media. Por si fuera poco, sus colas son como serpientes que tienen también cabezas para herir con picadura mortal.

(C) No se declara (v. Apo 9:18) si se trata de plagas bien definidas o de símbolos imprecisables. Lo cierto es que con estas plagas muere la tercera parte de la humanidad; hasta ahora, el mayor castigo de los mencionados en Apocalipsis.

4. En los versículos Apo 9:20 y Apo 9:21 se nos dice que, a pesar de estas terribles plagas, que de suyo eran una gran llamada a la conversión, la gente que sobrevive no se convierte (comp. con Amó 4:6). Solamente al final del capítulo Apo 11:1-19, vemos a los sobrevivientes, aterrorizados, «dar gloria al Dios del cielo» (Apo 11:13). Pero esto no quiere decir que se conviertan de veras a Dios. En efecto, la conversión sincera comporta un completo cambio de mentalidad y de conducta, y esta gente no sólo no está dispuesta a cumplir la ley de Dios, sino que se rige por los «antimandamientos»: (A) Contra Dios, la idolatría, de donde brotan todas las demás maldades del inconverso (Rom 1:24.); (B) Contra el prójimo, los tres crímenes más notorios y perversos: el homicidio, la fornicación y el hurto. Las hechicerías (gr. pharmakión, de donde procede el vocablo «farmacia» con sus derivados ) suelen estar conectadas con la idolatría supersticiosa, pero aquí están en la lista de las cosas que dañan al prójimo. Una lista más detallada de estos pecados la encontramos en Apo 21:8; Apo 22:15, compárese con Gál 5:19-21; 1Pe 4:3, 1Pe 4:15.

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