Lamentaciones 1 - Biblia de Jerusalén 1998

Tristezas de Sion la cautiva

1. Álef. ¡Qué solitaria se encuentra la otrora Ciudad populosa! Como una viuda ha quedado la grande entre las naciones. La Princesa de las provincias sometida está a tributo. Bet.

2. Llora que llora de noche, surca el llanto sus mejillas. No hay nadie que la consuele entre todos sus amantes. Todos sus amigos la han traicionado, ¡se le han convertido en enemigos! Guímel.

3. Judá está desterrada y postrada, sometida a extrema servidumbre. Mezclada con las naciones, en nada encuentra sosiego. La alcanzaron sus perseguidores, la pusieron en aprietos. Dálet.

4. Las calzadas de Sión están de luto, ya nadie viene a las solemnidades. Todas sus puertas desoladas, sus sacerdotes gimiendo, afligidas sus doncellas, ¡y ella misma en amargura! He.

5. La domina el enemigo, feliz está el adversario, porque Yahvé la ha afligido, pues son muchos sus delitos. Sus niños partieron al cautiverio delante del enemigo. Vau.

6. La hija de Sión ha quedado privada de todo su esplendor. Sus príncipes son como ciervos que ya no encuentran pasto, caminando van sin fuerzas, hostigados por la espalda. Zain.

7. Jerusalén recuerda sus días de miseria y vida errante, cuando su pueblo sucumbía ante el enemigo, sin que nadie viniera en su ayuda. Los enemigos la miraban, burlándose de su ruina. Jet.

8. Mucho ha pecado Jerusalén, por eso ha quedado impura. Todos los que la honraban la desprecian, porque han visto su desnudez; y ella misma gime vuelta de espaldas. Tet.

9. Su inmundicia se pega a su ropa, no pensó ella en este fin. ¡Su caída ha sorprendido, no hay quien la consuele! "¡Mira, Yahvé, mi miseria, que el enemigo se crece!" Yod.

10. Echó mano el enemigo a todos sus tesoros; ha visto ella a los paganos penetrar en su santuario, aquellos de quienes ordenaste: "¡No entrarán en tu asamblea!" Kaf.

11. Su pueblo entero gime y anda en busca de pan; cambian sus tesoros por comida, por ver de recobrar la vida. "Mira, Yahvé, y contempla qué envilecida estoy." Lámed.

12. Vosotros que pasáis por el camino, mirad, fijaos bien si hay dolor parecido al dolor que me atormenta, con el que Yahvé me castigó el día de su ardiente cólera. Mem.

13. Desde lo alto ha lanzado un fuego que se ha metido en mis huesos. Ante mis pies ha tendido una red, y me ha hecho retroceder; me ha dejado desolada, todo el día dolorida. Nun.

14. Hizo un yugo con mis culpas, por su mano entrelazadas. Sobre mi cuello su yugo doblega mi vigor. El Señor me ha dejado a merced de ellos, ¡ya no me puedo tener! Sámek.

15. Ha desechado a mis valientes de en medio de mí el Señor. Ha convocado un concejo contra mí para acabar con mis jóvenes. El Señor ha pisado en el lagar a la doncella, capital de Judá. Ain.

16. Por eso estoy llorando; mi ojo, mi ojo se va en agua, pues no hay quien me consuele, quien me devuelva el ánimo. Mis hijos están desolados, porque ha ganado el enemigo. Pe.

17. Tiende Sión sus manos: ¡no hay quien la consuele! Ha mandado Yahvé contra Jacob sus adversarios por doquier; se ha convertido Jerusalén en algo impuro entre ellos. Sade.

18. Justo, justo ha sido Yahvé, pues he sido indócil a sus órdenes. Escuchad, pueblos todos, contemplad mi dolor. Mis doncellas y mis jóvenes han marchado al cautiverio. Qof.

19. He llamado a mis amantes: mas todos me han traicionado. Mis sacerdotes y mis ancianos han expirado en la ciudad, mientras buscaban alimento para recobrar las fuerzas. Res.

20. ¡Contempla, Yahvé, mi angustia! ¡Me hierven las entrañas, mi corazón se revuelve en mi interior, pues he sido muy rebelde! Fuera la espada me priva de hijos, en casa aguarda la muerte. Sin.

21. ¡Escucha mis gemidos: no hay quien me consuele! Mis enemigos, enterados de mi mal, se alegran de lo que me has hecho. ¡Haz que llegue el Día anunciado, para que acaben como yo! Tau.

22. ¡Llegue ante ti su maldad, y trátalos a ellos como a mí me trataste por todos mis delitos! Que estoy harta de gemir y languidece mi corazón. Álef.