1 Corintios 2 - Reina Valera 1865

Proclamando a Cristo crucificado

1. ASÍ que, hermanos, cuando yo vine a vosotros, no vine con excelencia de palabra o de sabiduría, para anunciaros el testimonio de Cristo.

2. Porque había determinado no saber cosa alguna entre vosotros, sino a Jesu Cristo, y a este crucificado.

3. Y estuve yo entre vosotros con flaqueza, y con temor, y mucho temblor;

4. Y ni mi palabra ni mi predicación fué con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demonstración del Espíritu y con poder;

5. Para que vuestra fé no sea en sabiduría de hombres, mas en poder de Dios.

La revelación por el Espíritu de Dios

6. Empero hablamos sabiduría entre los que son perfectos; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que vienen a nada;

7. Mas hablamos la sabiduría misteriosa de Dios, es a saber, la sabiduría ocultada: la que Dios predestinó ántes de los siglos para nuestra gloria,

8. La que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la conocieran, nunca crucificaran al Señor de gloria;

9. Ántes, como está escrito: Ni ojo vió, ni oido oyó, ni en corazón de hombre subió lo que Dios preparó para los que le aman.

10. Empero Dios nos lo reveló a nosotros por su Espíritu; porque el Espíritu todo lo comprende, aun las profundidades de Dios.

11. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas que son del hombre, sino el espíritu del mismo hombre que está en él? así tampoco nadie conoció las cosas que son de Dios, sino el Espíritu de Dios.

12. Y nosotros hemos recibido no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios; para que conozcamos lo que Dios nos ha dado.

13. Lo cual también hablamos no con palabras que enseña la humana sabiduría, sino en las que enseña el Espíritu Santo, acomodando lo espiritual a lo espiritual.

14. Mas el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios; porque le son insensatez; ni las puede conocer, porque son espiritualmente examinadas.

15. Empero el espiritual examina (ciertamente) todas las cosas; mas él de nadie es examinado.

16. Porque ¿quién conoció la mente del Señor, para que le instruyese? Mas nosotros tenemos entendida la mente de Cristo.