Filipenses 1 - Serafín de Ausejo 1975

Salutación

1. Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todo el pueblo santo en Cristo Jesús, que hay en Filipos, juntamente con los obispos y diáconos:

2. gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Oración de Pablo por los creyentes

3. Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotros,

4. y siempre, en todas mis oraciones, todas mis súplicas por todos vosotros las hago con alegría,

5. por vuestra contribución a la causa del evangelio desde el primer día hasta ahora,

6. con la firme esperanza de que el que empezó entre vosotros la obra buena, la irá llevando a su término hasta el día de Cristo Jesús.

7. Y es justo, en efecto, que yo tenga estos sentimientos con respecto a todos vosotros, porque os llevo en mi corazón, partícipes como sois todos vosotros de mi gracia, tanto en mis cadenas como en la defensa y consolidación del evangelio.

8. Dios me es testigo de cuántos deseos tengo, en las entrañas de Cristo Jesús, de estar con todos vosotros.

9. Y ésta es mi oración: que vuestro amor crezca más y más en conocimiento perfecto y en sensibilidad para todo,

10. hasta que lleguéis a discernir los valores de las cosas, para que así seáis puros e irreprochables para el día de Cristo,

11. llenos del fruto de justicia que se obtiene por medio de Cristo, para gloria y alabanza de Dios.

Para mí el vivir es Cristo

12. Quiero, hermanos, que sepáis que lo que me ha ocurrido ha redundado en progreso del evangelio,

13. pues en todo el pretorio y entre todos los demás se ha puesto de manifiesto que mis cadenas son por Cristo,

14. y la mayor parte de los hermanos, cobrando confianza en el Señor a causa de mis cadenas, han redoblado su audacia para predicar sin miedo la palabra [de Dios].

15. Hay, ciertamente, algunos que proclaman a Cristo por envidia y rivalidad; pero otros, con sinceridad.

16. Éstos lo hacen por amor, sabiendo que estoy puesto para defensa del evangelio;

17. aquéllos otros anuncian a Cristo por rivalidad, no nobles sentimientos, creyendo que añaden tribulación a mis cadenas.

18. Pero ¿qué importa? En todo caso, como quiera que sea, con hipocresía o con sinceridad, Cristo es anunciado; y de esto me alegro y me seguiré alegrando.

19. Pues yo sé que esto servirá para mi salvación, gracias a vuestras oraciones y a la asistencia del Espíritu de Jesucristo,

20. según mi ávida expectación y mi esperanza de que en nada seré defraudado, sino que, con toda valentía, ahora como siempre, Cristo será públicamente magnificado en mi cuerpo, ya sea mediante la vida, ya sea mediante la muerte.

21. Pues para mí, la vida es Cristo y la muerte una ganancia.

22. Pero si el vivir en el cuerpo me supone una actividad fructuosa, yo no sé qué escoger.

23. Me encuentro en esta disyuntiva: por una parte, aspiro a irme y estar con Cristo, lo que, sin duda, sería lo mejor;

24. pero, por otra parte, creo que permanecer en el cuerpo es más necesario para vuestro bien.

25. Y confiado precisamente en esto, sé que me quedaré y que estaré con todos vosotros, para vuestro progreso y gozo en la fe;

26. para que, por mi nueva presencia entre vosotros, tengáis en mi persona un nuevo motivo de orgullo en Cristo Jesús.

27. Lo único que importa es que llevéis una vida digna del evangelio de Cristo, para que, ya sea que vaya a veros, ya sea que esté ausente, oiga yo decir de vosotros que estáis firmes en un solo Espíritu, luchando a una por la fe del evangelio,

28. sin dejaros amedrentar en nada por los adversarios. Esto será para ellos indicio cierto de perdición y para vosotros, de salvación. Y esto procede de Dios.

29. Porque a vosotros os ha sido concedido, no sólo el creer en Cristo, sino el sufrir por él,

30. librando el mismo combate que visteis en mí y que ahora oís decir que mantengo.