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Últimos Estudios



Marcos 11 - Nueva Versión Internacional 1999

La entrada triunfal en Jerusalén

1. -Puedes irte -le dijo Jesús-; tu fe te ha sanado. Al momento recobró la vista y empezó a seguir a Jesús por el camino.

2. La entrada triunfal 11:1-10-Mt 21:1-9; Lc 19:29-38 11:7-10-Jn 12:12-15 Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagué y a Betania, junto al monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos

3. con este encargo: «Vayan a la aldea que tienen enfrente. Tan pronto como entren en ella, encontrarán atado un burrito, en el que nunca se ha montado nadie. Desátenlo y tráiganlo acá.

4. Y si alguien les dice: “¿Por qué hacen eso?”, díganle: “El Señor lo necesita, y en seguida lo devolverá.”»

5. Fueron, encontraron un burrito afuera en la calle, atado a un portón, y lo desataron.

6. Entonces algunos de los que estaban allí les preguntaron: «¿Qué hacen desatando el burrito?»

7. Ellos contestaron como Jesús les había dicho, y les dejaron desatarlo.

8. Le llevaron, pues, el burrito a Jesús. Luego pusieron encima sus mantos, y él se montó.

9. Muchos tendieron sus mantos sobre el camino; otros usaron ramas que habían cortado en los campos.

10. Tanto los que iban delante como los que iban detrás, gritaban: -¡Hosanna![n] -¡Bendito el que viene en el nombre del Señor![ñ]

11. -¡Bendito el reino venidero de nuestro padre David! -¡Hosanna en las alturas!

Maldición de la higuera estéril

12. Jesús entró en Jerusalén y fue al templo. Después de observarlo todo, como ya era tarde, salió para Betania con los doce.

13. Jesús purifica el templo 11:12-14-Mt 21:18-22 11:15-18-Mt 21:12-16; Lc 19:45-47; Jn 2:13-16 Al día siguiente, cuando salían de Betania, Jesús tuvo hambre.

14. Viendo a lo lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si hallaba algún fruto. Cuando llegó a ella sólo encontró hojas, porque no era tiempo de higos.

Purificación del templo

15. «¡Nadie vuelva jamás a comer fruto de ti!», le dijo a la higuera. Y lo oyeron sus discípulos.

16. Llegaron, pues, a Jerusalén. Jesús entró en el templo[o] y comenzó a echar de allí a los que compraban y vendían. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los que vendían palomas,

17. y no permitía que nadie atravesara el templo llevando mercancías.

18. También les enseñaba con estas palabras: «¿No está escrito: »“Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”?[p] Pero ustedes la han convertido en “cueva de ladrones”.»[q]

19. Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley lo oyeron y comenzaron a buscar la manera de matarlo, pues le temían, ya que toda la gente se maravillaba de sus enseñanzas.

La higuera maldecida se seca

20. Cuando cayó la tarde, salieron[r] de la ciudad.

21. La higuera seca 11:20-24-Mt 21:19-22 Por la mañana, al pasar junto a la higuera, vieron que se había secado de raíz.

22. Pedro, acordándose, le dijo a Jesús: -¡Rabí, mira, se ha secado la higuera que maldijiste!

23. -Tengan fe en Dios -respondió Jesús-.

24. Les aseguro[s] que si alguno le dice a este monte: “Quítate de ahí y tírate al mar”, creyendo, sin abrigar la menor duda de que lo que dice sucederá, lo obtendrá.

25. Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán.

26. Y cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados.[t]

La autoridad de Jesús

27. La autoridad de Jesús puesta en duda 11:27-33-Mt 21:23-27; Lc 20:1-8 Llegaron de nuevo a Jerusalén, y mientras Jesús andaba por el templo, se le acercaron los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos.

28. -¿Con qué autoridad haces esto? -lo interrogaron-. ¿Quién te dio autoridad para actuar así?

29. -Yo voy a hacerles una pregunta a ustedes -replicó él-. Contéstenmela, y les diré con qué autoridad hago esto:

30. El bautismo de Juan, ¿procedía del cielo o de la tierra?[u] Respóndanme.

31. Ellos se pusieron a discutir entre sí: «Si respondemos: “Del cielo”, nos dirá: “Entonces, ¿por qué no le creyeron?”

32. Pero si decimos: “De la tierra”… » Es que temían al pueblo, porque todos consideraban que Juan era realmente un profeta.

33. Así que le respondieron a Jesús: -No lo sabemos. -Pues yo tampoco les voy a decir con qué autoridad hago esto.