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El Hermano Pablo – Culpable 176 veces de homicidio

El vocero del jurado se puso de pie. Tenía que leer el veredicto en el juicio contra Julio González. Leyó primero el cargo: «Homicidio.» Inmediatamente después pronunció la palabra fatal: «Culpable.» Luego, con lentitud desesperante leyó otro cargo, y otra vez pronunció el veredicto: «Culpable.» Así fue leyendo cargos y pronunciando el mismo veredicto 176 veces. A Julio González lo hallaron culpable de 87 homicidios, con doble culpabilidad por cada uno. El 25 de marzo de 1990 González había prendido fuego a un salón de baile en Nueva York, y el incendio había provocado la muerte de 87 personas.

Mensajes a la Conciencia – UNA REVOLUCIÓN CASERA

«Hablando del Buenos Aires de fines de siglo, recuerdo que mi madre me contaba acerca de la participación de mi abuelo en la Revolución del 90, una revolución un poco casera. Mi abuelo salía todas las mañanas de su casa, en Tucumán y Suipacha, y se iba caminando hasta la “revolución”, que quedaba en la plaza Lavalle. Después, a la noche, volvía a comer. Y a la mañana siguiente (a la noche se iban todos a dormir) volvía a la “revolución”. Supongo que todos no se irían, algunos quedarían. Pero me imagino a mi abuelo yéndose y a los revolucionarios saludándolo: “Hasta mañana, don Isidro.”»1

Un Mensaje a la Conciencia – ¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

Eran enormes pilas de cartas, y cada día entraban nuevas. Llegaban entre cincuenta y cien cartas diarias, principalmente de Europa y América, aunque también del resto del mundo. Su destino era el correo de Jerusalén, y las autoridades no sabían qué hacer con ellas. Eran cartas que iban dirigidas a «Dios en Jerusalén».

NO SIENTO GANAS DE VIVIR – Por Carlos Rey

No siento ganas de vivir. He visto la muerte como una salida. Le pido a Dios que tenga misericordia de mí, que entre en mi corazón, y nada pasa... »Por favor, díganme qué puedo hacer. A veces siento que llego al límite.» Este es el consejo que le dimos:

Mensaje a la Conciencia – R.C.V.A.

Llovía a torrentes. La ciudad de Las Vegas, Nevada, en Estados Unidos, ciudad a la que por su vida nocturna la llaman «sin noche», se veía turbia y deslucida. Hacía un frío invernal, y el agua helada corría desenfrenada. En uno de esos torrentes cayó con su auto Murray Brown, joven de veintiséis años de edad. Lo sacaron semiahogado, casi sin pulso, casi sin presión arterial, y con una temperatura de apenas veintisiete grados centígrados. El joven se moría de hipotermia.

Mensaje a la Conciencia – QUEREMOS CANTAR

Medía casi trece metros de largo y pesaba novecientos treinta kilos. Estaba hecha de maderas finas, y tenía corazón eléctrico. Sus venas eran de metal, y se estiraban a más de doce metros. Tomó un año escolar entero construirla, y llegó a ser el orgullo de sus inventores. Cuarenta estudiantes, ufanos y triunfantes, la condujeron al escenario de su escuela. Todos los presentes admiraron la habilidad de esos jóvenes.