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Por El Hermano Pablo – EL ÚLTIMO SALTO DE TIFFANIE

La muchacha, esbelta, grácil y elegante, saltó del trampolín. Dio tres vueltas en el aire, en forma impecable, y cayó de cabeza en la piscina. Con ese salto magistral ganó el derecho de representar a Inglaterra, su patria, en los juegos olímpicos. ¿Quién era ella? Era Tiffanie Trail, joven de veintidós años de edad.

POR EL SOLO GUSTO DE MATAR – POR EL HERMANO PABLO

El plan era inconcebible, y más aún por ser la idea de tres adolescentes de apenas diecisiete años de edad. Éstos habían estado jugando con ritos satánicos, y tal como dictaba, en parte, la literatura que habían leído, salieron temprano hacia un bosque cerca de su ciudad en busca de algo para sacrificar. Tendría que ser, según indicaba la lectura, un sacrificio de sangre.

Fuego contra fuego por el Hermano Pablo

La joven, de veintitrés años de edad, se paró frente a una librería de Minneapolis, Minnesota. Largo rato estuvo contemplando los libros y revistas exhibidos en las vidrieras. Luego, con gesto de sufrida y callada resignación, hizo algo insólito.

Hermano Pablo – EL ÚLTIMO CENTÍMETRO DE PELÍCULA

No bien terminó el terremoto, Sanford Greenwald, de nueve años de edad, salió a tomar fotos del desastre. Usaba una pequeña cámara Brownie, de las llamadas «de cajón». El niño hacía sus primeras armas en el periodismo gráfico. Esto era en San Francisco, California, durante el terrible terremoto de 1906. Sanford desarrolló después una extensa carrera dentro de la fotografía y la cinematografía. Fue el primer hombre en filmar, en rollos de película larga, escenas desde el aire.

Un Mensaje a la Conciencia – SANGRE SALVAVIDAS

La aguja fue insertada en la vena, y el líquido rojo empezó a bajar, gota a gota. El enfermo, en estado semicomatoso, comenzó a sentir el efecto benéfico. La intensa palidez de su rostro fue reemplazada por un color bronceado, un color natural de vida, de energía, de salud.

Mensajes a la Conciencia – La Violencia Familiar

Eran tres niños, hermanitos los tres, de seis, siete y ocho años de edad. Con ojos aterrorizados y temblando de miedo, no podían dejar de mirar. ¿Qué estaban mirando? Veían cómo su padre le daba una paliza brutal a su madre. La escena la describe un diario de América Latina.