Un consejo: ¡Vale la pena que conozcas a tu hijo! Conversa, interactúa, observa. Selecciona meticulosamente cualquier pedacito de información que pueda pintar el retrato de esta “Herencia del Señor”.

Debes mantener abierta la comunicación con el intuito de aprender, no de condenar. Debes dar a tu hijo algo que no podrá encontrar en NINGÚN OTRO LUGAR.

Nunca converses para condenarlo y él seguirá regresando para relacionarte contigo.

Salmos 127:3 “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.”