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Ezequiel 3 - Nueva Biblia Española (1975)

1. Y me dijo: Hijo de Adán, (come lo que tienes ahí); cómete este rollo y vete a hablar a la casa de Israel.

2. Abrí la boca y me dio a comer el rollo,

3. diciéndome: Hijo de Adán, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este rollo que te doy. Lo comí y me supo en la boca dulce como la miel.

4. Y me dijo: Hijo de Adán, anda, vete a la casa de Israel y diles mis palabras,

5. pues no se te envía a un pueblo de idioma extraño y de lenguas extranjeras que no comprendes.

6. Por cierto, que si a éstos te enviara te harían caso;

7. en cambio, la casa de Israel no querrá hacerte caso, porque no quieren hacerme caso a mí. Pues toda la casa de Israel son tercos de cabeza y duros de corazón.

8. Mira, hago tu rostro tan duro como el de ellos y tu cabeza terca como la de ellos;

9. como el diamante, más dura que el pedernal hago tu cabeza. No les tengas miedo ni te acobardes ante ellos, aunque sean casa rebelde.

10. Y me dijo: Hijo de Adán, todas las palabras que yo te diga escúchalas atentamente y apréndelas de memoria.

11. Anda, vete a los deportados, a tus compatriotas y diles "esto dice el Señor", te escuchen o no te escuchen.

12. Entonces me arrebató el espíritu y oí a mis espaldas el estruendo de un gran terremoto al elevarse de su sitio la gloria del Señor.

13. (Era el revuelo de las alas de los seres vivientes al rozar una con otra, junto con el fragor de las ruedas: el estruendo de un gran terremoto).

14. El espíritu me tomó y me arrebató y marché decidido y enardecido, mientras la mano del Señor me empujaba.

15. Llegué a los deportados de TelAbib (que vivían a orillas del río Quebar), que es donde ellos vivían, y me quedé allí siete días abatido en medio de ellos.

El atalaya de Israel

16. Al cabo de siete días me dirigió la palabra el Señor:

17. Hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel. Cuando escuches una palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte.

18. Si yo digo al malvado que es reo de muerte y tú no le das la alarma, es decir, no hablas poniendo en guardia al malvado para que cambie su mala conducta y conserve la vida-, entonces el malvado morirá por su culpa y a ti te pediré cuenta de su sangre.

19. Pero si tú pones en guardia al malvado, y no se convierte de su maldad y de su mala conducta, entonces él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida.

20. Y si el justo se aparta de su justicia y comete maldades, pondré un tropiezo delante de él y morirá; por no haberlo puesto en guardia, él morirá por su pecado y no se tendrán en cuenta las obras justas que hizo; pero a ti te pediré cuenta de su sangre.

21. Si tú, por el contrario, pones en guardia al justo para que no peque, y en efecto no peca, ciertamente conservará la vida por haber estado alerta, y tú habrás salvado la vida.

El profeta mudo

22. Entonces se apoyó sobre mí la mano del Señor, quien me dijo: Levántate, sal a la llanura y allí te hablaré.

23. Me levanté y salí a la llanura: allí estaba la gloria del Señor, la gloria que yo había contemplado a orillas del río Quebar, y caí rostro en tierra.

24. Penetró en mí el espíritu y me levantó en pie; entonces el Señor me habló así: Vete y enciérrate dentro de casa.

25. Y tú, hijo de Adán, mira que te pondrán sogas, te amarrarán con ellas y no podrás soltarte".

26. Te pegaré la lengua al paladar, te quedarás mudo y no podrás ser el acusador, pues son casa rebelde.

27. Pero cuando yo te hable, te abriré la boca para que les digas "esto dice el Señor"; el que quiera, que te escuche, y el que no, que lo deje; pues son casa rebelde.