Eclesiastés 2 - Serafín de Ausejo 1975

1. Entonces me dije: "¡Voy a probar la alegría, a gustar el placer!". Pero también eso es vanidad.

2. De la risa dije: "¡Locura!", y del placer: "¿Para qué sirve?".

3. Procuré regalar mi cuerpo con el vino, aunque sin apartar mi corazón de la sabiduría, y entregarme a la disipación para saber en qué consiste la dicha de los mortales, lo que hacen bajo el cielo durante los días contados de su vida.

4. Emprendí grandes obras: me edifiqué palacios, planté viñedos,

5. me hice huertos y jardines y planté en ellos toda suerte de árboles frutales;

6. me construí estanques para regar la frondosa plantación.

7. Compré siervos y siervas; otros nacieron en mi casa. Poseí ganado mayor y menor en abundancia, más que cuantos me precedieron en Jerusalén.

8. Amontoné plata y oro, tesoros de reyes y provincias. Me procuré cantores y cantoras, todo placer humano y no pocas mujeres.

9. Fui elevándome hasta superar a cuantos me precedieron en Jerusalén, apoyado en mi sabiduría.

10. Nada rehusé a los deseos de mis ojos. No privé de goce alguno a mi corazón; porque mi corazón disfrutaba en todos mis esfuerzos, y ésa era la paga de todas mis fatigas.

11. Luego he reflexionado sobre todas las obras que hicieron mis manos y las fatigas que en ellas había puesto, y veo que todo es vanidad y atrapar viento: no existe provecho bajo el sol.

12. He meditado sobre la sabiduría, la locura y la necedad, como hombre que recorre un camino que ya otros recorrieron.

13. Y veo que la sabiduría supera a la necedad cuanto la luz a las tinieblas.

14. El sabio va con los ojos abiertos, el necio camina en la oscuridad. Pero advierto que una misma es la suerte de ambos.

15. Y me dije: "Si me aguarda la misma suerte del necio, ¿de qué sirve ser sabio?". Y he concluido que también eso es vanidad.

16. Porque del sabio, lo mismo que del necio, no habrá recuerdo duradero: con el paso del tiempo, todo es olvidado. Sí; el sabio muere lo mismo que el necio.

17. Detesto la vida, porque me hastía cuanto se hace bajo el sol, pues todo es vanidad y atrapar viento.

18. Detesto cuanto yo mismo hice bajo el sol, porque habré de dejarlo a mi sucesor.

19. ¿Quién sabe si será sabio o necio? Lo cierto es que será dueño de todo mi trabajo, al que dediqué las fatigas y los desvelos de mi vida. También eso es vanidad.

20. Estoy desalentado por cuanto hice bajo el sol,

21. pues sucede que quien trabajó con sensatez, ingenio y fortuna, debe dejar su hacienda a quien nada hizo por ella. También eso es vanidad y grave miseria.

22. ¿Qué saca, pues, el hombre de todos los afanes y fatigas que se toma bajo el sol?

23. Toda su vida es dolor; y su preocupación, tormento. Ni aun de noche reposa su corazón. También eso es vanidad.

24. No hay otra dicha para el hombre que comer y beber y regalarse con el fruto de sus fatigas. Yo veo que también esto viene de la mano de Dios;

25. pues ¿quién podrá, sin él, comer o beber?

26. A quien es grato a sus ojos, Dios le da sabiduría, ciencia y alegría; mas al pecador le impone la tarea de reunir y acumular, para dejarlo luego a quien Dios quiere. También eso es vanidad y esfuerzo inútil.