Santiago 1 - Biblia Castilian 2003

Salutación

1. Santiago, siervo de Dios y del Se or Jesucristo, a las doce tribus en la diáspora: salud.

La sabiduría que viene de Dios

2. Considerad, hermanos m os, como motivo de gran alegr a veros envueltos en toda clase de pruebas,

3. sabiendo que vuestra fe, sometida a prueba, produce constancia.

4. Pero la constancia ha de culminar en una obra perfecta, para que seáis perfectos y plenamente ntegros, sin deficiencia alguna.

5. Si a alguno de vosotros le falta sabidur a, p dala a Dios, que la da a todos sencillamente y sin echárselo en cara, y se la dará.

6. Pero pida con fe, sin dudar nada; pues el que duda es semejante al oleaje del mar agitado por el viento y arrastrado de una parte a otra.

7. No piense tal hombre en recibir cosa alguna del Se or,

8. siendo un indeciso, inconstante en todos sus caminos.

9. Glor ese el hermano humilde en su exaltación

10. y el rico en su humillación, porque pasará como flor de hierba.

11. Pues sale el sol, viene el viento abrasador, seca la hierba, se le cae la flor y se estropea su bello aspecto. As se marchitará también el rico en sus empresas.

Soportando las pruebas

12. Bienaventurado el que soporta la prueba; porque, una vez probado, recibirá la corona de la vida que Dios prometió a los que lo aman.

13. Nadie, al ser tentado, diga: "Soy tentado por Dios". Pues Dios no puede ser tentado por el mal y, por lo tanto, él a nadie tienta.

14. Cada uno es tentado por su propio deseo, que lo atrae y lo seduce.

15. Luego, el deseo, después de concebir, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra muerte.

16. No os enga éis, hermanos queridos.

17. Toda buena dádiva y todo don perfecto son de arriba, descienden del Padre de los astros, en quien no hay fases ni per odos de sombra.

18. Nos engendró por propia iniciativa, con palabra de verdad, para que fuéramos como primicias de su creación.

Hacedores de la palabra

19. Aprended esto, hermanos m os queridos: que todo hombre sea pronto para escuchar, tardo para hablar, tardo para la ira.

20. Pues la ira del hombre no ejecuta la justicia de Dios.

21. Por lo cual, despojándoos de toda impureza y de todo resto de maldad, recibid con mansedumbre la palabra plantada en vosotros, que es la que puede salvaros.

22. Llevad a la práctica la palabra y no os limitéis a escucharla, enga ándoos a vosotros mismos.

23. Porque quien escucha la palabra y no la pone en práctica se parece a un hombre que se mira la cara en un espejo:

24. se miró, se marchó y, en seguida, se olvidó de cómo era.

25. Pero quien fija su atención en la ley perfecta, la de la libertad, y es constante, no como oyente olvidadizo, sino para ponerla por obra, será dichoso al practicarla.

26. Si alguno cree ser realmente religioso y no refrena su lengua, sino que se enga a a s mismo, su religión no es auténtica.

27. La religión pura y sin mancha delante de Dios y Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en dificultades y conservarse limpio del contagio del mundo.

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