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Un Mensaje a la Conciencia – PELÍCULAS PROHIBIDAS

«Tengo un hijo de diecisiete. He tratado de protegerlo de todo. Hubo una etapa de mi vida en la que no sentía deseos de estar con mi esposo sexualmente. Él trajo a casa unas películas prohibidas y las puso en nuestra habitación. Mi hijo entró y las tomó, sin saber lo que eran. »Lo peor es que yo vine a darme cuenta un año después. Aunque [mi hijo] dice que no las vio, su actitud cambió. Yo me sentí devastada....

Un Mensaje a la Conciencia – ¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

Eran enormes pilas de cartas, y cada día entraban nuevas. Llegaban entre cincuenta y cien cartas diarias, principalmente de Europa y América, aunque también del resto del mundo. Su destino era el correo de Jerusalén, y las autoridades no sabían qué hacer con ellas. Eran cartas que iban dirigidas a «Dios en Jerusalén».

Mensajes a la Conciencia – CINCO VECES RESUCITADA

Es un impresionante informe médico. A la una de la tarde: paro cardíaco. Los médicos aplican electrochoques. A las dos de la tarde: nuevo síncope. Reviven a la persona mediante tremendos golpes eléctricos. Quince minutos después, el monitor no da ninguna señal. Los médicos trabajan frenéticamente y vuelven a salvar a la persona. Tras un respiro de cinco horas: nuevo síncope, nuevo paro y nuevo milagroso retorno a la vida. Y a las ocho de la noche, cuarenta y cinco minutos después: otro paro, otros electrochoques y otra resucitación.

Mensajes a la Conciencia – ALAS ROTAS Y SUEÑOS FRUSTRADOS

A los catorce años de edad Anita Briones tenía la cabeza llena de sueños. Era bella, alegre, talentosa, y tenía una gran disposición para el arte. Le habían hecho pruebas ya de fotografía y actuación, y había salido bien. Podía soñar con una carrera como artista. Pero una noche salió a la calle para asistir a una fiesta. Esa fue su última salida. Una banda de adolescentes capitaneada por Rubén Guerrero de dieciocho años de edad, sin saber ni a quién apuntaban, la mató.

Mensaje a la Conciencia – Por el Hermano Pablo

Aquella iba a ser una boda original. Se celebraría a las doce de la noche del día 31 de diciembre. Justo al sonar las doce campanadas, los novios se darían el beso nupcial y entrarían al año nuevo como marido y mujer. Y los amigos les desearían, además de un «¡Feliz Año Nuevo!», una «¡Feliz vida nueva!» Lamentablemente los planes se les desbarataron. A John Hill, el novio, lo arrestaron, bajo sospecha de robo, cinco horas antes de la hora del enlace, de modo que su novia se quedó esperando en la capilla. Los doscientos invitados comenzaron a irse; el ministro que los casaría, a impacientarse; y el plan entero, a frustrarse, hasta que por fin todo se aclaró.