Un Mensaje a la Conciencia


12 dic 07

«UN POCO MÁS DE TIEMPO»
por el Hermano Pablo

Comenzó muy pequeño, apenas un globito insignificante. No hacía notar su presencia, pero fue creciendo, y cuando llegó al tamaño de una uva, dejó paralizado al niñito Ron MacCorkle, de ocho años de edad, de Montevideo, Uruguay.

¿Qué era? Era un aneurisma: un globo de sangre en la pared de una arteria. Y ese globito de sangre puso a Ron al borde de la muerte.

Lo llevaron de emergencia al hospital, y cuando los médicos lo examinaron, sabían que no podrían tardarse más de sesenta minutos en la operación. Para operarlo se requería enfriar su cuerpo a una temperatura de por lo menos quince grados centígrados. Pero nadie puede sobrevivir más de sesenta minutos en tal estado.

La operación duró setenta y dos minutos, doce más del tiempo límite. No obstante, pudieron salvar al niño. «Dios nos dio doce minutos de más,» declaró el doctor Roberto Espinoza, el neurocirujano que realizó la proeza.

Esta fue otra hazaña médica. La operación se prolongó más allá del tiempo debido, pero todos en la sala de operaciones, incluyendo familiares, parientes y amigos, oraron. En su oración dijeron: «Por favor, Señor, dale al niño un poquito más de tiempo.» Y el cuerpo del niño pudo resistir ese otro poco.

«Un poco más de tiempo» puede aplicarse a muchas cosas en esta vida. Tenemos, por ejemplo, al joven universitario que necesita «un poco más de tiempo» para terminar su tesis, la cual puede significarle toda una carrera.

Tenemos, también, al marido que tiene la osadía de suplicarle a la esposa que le dé «un poco más de tiempo» mientras decide si deja o no a la amante.

Hay muchos que piden «un poco más de tiempo», pero el más arriesgado de todos es el que le pide «un poco más de tiempo» a Dios.

Hay un momento en nuestra vida en que sentimos el llamado de Dios. Es un llamado inconfundible. Sabemos que es Jesucristo quien nos está llamando: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso» (Mateo 11:28), y aún así tenemos la osadía de contestar: «Dame un poco más de tiempo.»

Dios nos busca en el tiempo de nuestra mayor necesidad, pero el Espíritu de Dios no contiende para siempre con nosotros. Pueda que en ese «poco más de tiempo» se nos cierre la puerta y jamás volvamos a oír la invitación de Dios.

La Biblia dice que el día de salvación es hoy, y el tiempo, ahora mismo. Hoy, cuando todavía podemos oír su voz, pidámosle a Cristo que sea el Señor de nuestra vida. Mañana puede ser muy tarde.

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