Jesus nos invita ! a vivir en unidad y amor fraterno

Moisés, en la tienda plantada fuera del campamento, tenía un lugar de encuentro con el Señor para interceder en favor del pueblo, para consultar al Señor, para dialogar con Él cara a cara, como se hace con un amigo. Encontrarse con el Señor nos lleva a conocerlo para poder después hablar de Él desde nuestra experiencia personal con el Señor. Moisés, conforme a su experiencia del Señor en el monte, nos dirá que el Señor es todopoderoso, misericordioso y clemente, lento para enojarse y rico en amor y fidelidad [Éxodo 34,6]

Nosotros también tenemos nuestros lugares de encuentro con el Señor: su Palabra y nuestros prójimos, especialmente los pobres. En esos lugares de encuentro escuchamos al Señor, celebramos nuestra fe en Él y le manifestamos nuestro servicio amoroso y fraterno. Quien camine en la fe nacida de ese encuentro personal con el Señor no podrá sino estar en un continuo camino de conversión personal para ser un signo más claro y más creíble del Señor para los demás; el hombre de fe estará también en un continuo camino de comunión que desemboque en la aceptación de los demás en la misma fe y le lleve a poner los propios carismas al servicio de todos, y estará en un continuo camino de solidaridad con quienes no sólo adolecen de bienes materiales sino también espirituales. Salir al encuentro de Dios nos debe llevar, por tanto, también, a salir al encuentro de nuestro prójimo para manifestarle al Dios misericordioso y siempre fiel [2 Corintios 13,4].

Dios está con nosotros pues Él es nuestro Padre gracias a nuestra unión a Cristo, por medio de la fe y del bautismo [2 Corintios 13,5]. Quienes nos gloriamos en tenerlo como Padre y de vivir unidos a Él, debemos vivir la unidad con nuestros hermanos. Por eso hemos de trabajar constantemente por nuestra perfección en el amor, no buscando sólo nuestros propios intereses, sino buscando el bien de todos [2 Corintios 13,11].

El Padre Dios nos ha manifestado el gran amor que nos tiene enviándonos a su propio Hijo, el cual, hecho uno de nosotros, nos ha unido a sí mismo para hacernos participar de su misma Vida y de su mismo Espíritu, de tal forma que podamos continuar su obra salvadora en el mundo. Jesús nos invita a vivir en la unidad y en el amor fraterno para que el mundo crea.

Efectivamente, sólo cuando vivimos como hermanos, y sólo cuando somos capaces de dar, incluso nuestra vida, para ganar a todos para Cristo, podremos ser un signo creíble del amor de Dios para toda la humanidad. No anunciemos el Nombre de Dios sólo con los labios, sino que hagámoslo también con nuestras obras, con nuestras actitudes y con nuestra vida misma.

Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la participación del Espíritu Santo estén con todos ustedes [2 Corintios 13,13]

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