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Mensajes a la Conciencia nuevos – POR CADA MILLA, UN HOMBRE

Negro y oscuro era el socavón de la mina. «Con luz fosforescente de cocuyos», como decía el poeta Guillermo Valencia, los mineros horadaban el duro vientre de la montaña. Los picos y barrenos hacían saltar pedazos de roca. Y cada minero pensaba en dos cosas: en la familia que dejó arriba, y en el gas metano que en cualquier momento podría escapar.

Un Mensaje a la Conciencia – PÉGATE UN TIRO

Fue una conversación muy emotiva entre madre e hijo, una conversación realizada por teléfóno en una de las grandes ciudades del mundo. El hijo, de treinta y siete años de edad, lloraba. Lloraba como cuando era niño. —¿Qué hago, mamá, qué hago? —decía entre sollozos.

Mensajes a la Conciencia – El Hermano Pablo

El apartamento fue especialmente diseñado. Un arquitecto elaboró los planos: dos cuartos bien amplios, dos compartimientos para vestirse, un baño completo instalado a todo lujo y un balcón que miraba a un valle florido. Y todo esto con calefacción para los días fríos y refrigeración para los calientes. Pero este no sería un apartamento de soltero millonario; ¡había de ser una prisión! Uno de los grandes traficantes de drogas se lo hizo preparar para él mismo al reconocerse convicto de narcotráfico. Era una prisión bellísima, eso sí, pero prisión de todos modos.

El Hermano Pablo – EL BESO DE LA MUERTE

Era un caso de vida o muerte, y había que actuar rápido. Si no, el pequeño animal moriría. Así que Paul La Fonte, francés de treinta y siete años de edad y amante de los animales, procedió a hacer la resucitación boca a boca. Pero el animal moribundo no era un cariñoso gatito. Era una pequeña cobra recién traída de la India. Había sido pisada por un automóvil al sacarla de la jaula, y por no dejarla morir, Paul sopló aliento en los pulmones del ofidio.

CUARENTA Y CINCO AÑOS DE UN MENSAJE A LA CONCIENCIA

Se transmitió por primera vez el 4 de mayo de 1964 en la República de El Salvador. Ese histórico día a nadie se le hubiera ocurrido que en el transcurso de cuarenta y cinco años se difundiría, sin interrupción, más de catorce mil veces de lunes a sábado, no sólo por radio sino también por televisión, por la prensa escrita y vía Internet, y no en un solo país de Centroamérica sino en treinta países del mundo. De ahí que la voz de Pablo Finkenbinder, conocido internacionalmente como el Hermano Pablo, tal vez haya llegado a ser la voz más escuchada en todo el mundo hispanohablante. Y de ahí la magnitud de la responsabilidad que le entregó a este servidor, Carlos Rey, ya que a partir de 1996 el Hermano Pablo, a los setenta y cinco años de edad, deseando un merecido descanso del ajetreo diario de la preparación y producción de UN MENSAJE A LA CONCIENCIA, dejó de grabar mensajes suyos. El reconocido veterano de los medios de comunicación decidió que a partir de esa fecha todos los nuevos mensajes los grabaría su sucesor.